Shakira mueve el avispero

 


Una Shakira muy azul se planta en el canal de Bizarrap y graba una canción íntegramente dedicada a su ex marido y a la nueva novia de él. ¿Celos, despecho, rabia, venganza? Nada nuevo bajo el sol. Nadie puede decir que esto es una novedad. Lo nuevo verdaderamente es que la canción tenga millones de reproducciones en solo unas horas. Y que no venga de un esplendoroso estudio de grabación al uso sino que proceda de un canal de Youtube. Al fenómeno Shakira y sus invectivas hay que sumar el fenómeno Youtube y su repercusión. La vida es ahora un canal de Youtube. 

Sí, ya sé que mucha gente abomina de esta ¿red social? ¿medio de comunicación? ¿muestra de narcisismo contemporáneo? que es Youtube. Y también que queda feo expresarse contra el ex. Una mujer que actúa con despecho y afán de venganza está muy mal vista desde siempre. Se pondera la elegancia de callarse. Se puntúa la discreción. Se aplaude el silencio. El estruendo no es lo que la gente aprueba, aunque esa gente venga formando ruido de todas las formas posibles. Resulta gracioso que en Twitter, la red máxima de los máximos cotilleos de todo signo, se critique que alguien hable de su vida privada en una canción. 

Cierto feminismo de a pie se ha enfervorizado con la copla y con el gesto de Shakira de no llorar en silencio sino de expresarse en pública. Algunas mujeres han tomado como un himno eso de "las mujeres no lloran, las mujeres facturan". Es comprensible. Los males del amor siempre nos han azotado duramente. Muchas de nosotras hemos sufrido a modo con el amor y sus nefastas consecuencias. Todas tenemos amigas deshechas por engaños, por cuernos, por abandonos, por mentiras, por manipulación. Y en ese núcleo íntimo de la amistad se han proferido insultos, quejas, relatos destructivos, acerca de quien tan mal nos trató. Pero el caso de Shakira es que va de azul, va de música, va de ironía y va de Youtube. Insuperable. 

Mucha gente ha reparado en que a lo mejor sufrir en silencio es una bobada y en que es mucho más gratificante lanzar a los cuatro vientos, aunque con una dosis de autoestima considerable, que yo soy mejor que tú, que eres un tipo corrientucho y que no me vas a ganar en ningún terreno. Mucha gente lo piensa cuando su pareja la abandona. Y en el caso de Shakira confluyen esas circunstancias que, siempre, han convertido en una cosa muy fea ese abandono: la chica por la que el marido la deja tiene más de veinte años menos y ella misma tiene diez años más que el exmarido. Lo de siempre. Tipo que, llegado el momento, se lanza a los brazos de una lolita y deja el nido familiar. Da igual que seas guapa, rica, famosa y artista, como Shakira. El mensaje de la canción es, pues, que no te va a salvar nada de eso si un desaprensivo se lía con alguien que está dispuesta a robarte el marido. Las mujeres sencillas, humildes, pobres incluso, normales, pueden decirse a sí mismas que ellas y Shakira están en el mismo lado. Eso las eleva. Las resarce. La canción de Shakira no va solo contra su ex y su novia nueva, sino que es la canción de todas las mujeres que han sido abandonadas, preteridas, dejadas y engañadas, y que se atreven a soñar con que, por qué no, ellas son mejores que ese tipo y ellas merecen un tipo menos novato y con más cerebro. 

La canción de Shakira ha cumplido una función social, en una red social emergente y poderosa. Créeme. 

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