Charlas a la caída de la tarde

 


Portada de LIFE con los protagonistas de Esplendor en la hierba: Natalie Wood y Warren Beatty

Fueron tres veranos y dos cursos. Yo estaba en el instituto y él en la universidad. Estudiaba fuera, así que solo podíamos vernos en vacaciones. Cumplí los catorce, los quince y los dieciséis. Él tenía cinco años más. Era muy inteligente. Y feo. El primer amor que así llamarse puede. No tenía nada que ver con los chavales de su edad. Su personalidad estaba por encima de todos, era una especie de jefe y así todo el mundo lo aceptaba. Sabía más, entendía más, leía más. Poseía un sentido del humor único, que no todo el mundo era capaz de comprender. Yo sí. Porque era mucho más lista que las muchachas del club y eso que todas eran mayores. Por eso, seguramente, se enamoró de mí y siguió enamorado toda su vida, hasta hace unos meses en que murió. Es una clase de amor que no borra la distancia, que no necesita siquiera frecuentarse, que pasa por encima de matrimonios y de hijos. Lo entendí cuando, poco antes de morir y desconociendo que estaba enfermo, hablamos por teléfono. Me pareció que no había pasado el tiempo y que estábamos sentados en una mesita baja del club, en la barra del bar de la entrada, en un banco de la plazoleta o dando un paseo por la calle de todos. Me pareció que el tiempo no había pasado y que tenía la misma voz, el mismo tono y la misma forma de hablar. El amor no es cosa que sucede y se termina. Simplemente se guarda en un cajón, con sus cartas, y llega otro para superponerse al anterior. Es un sentimiento tan enorme que lo abarca todo. Fue mi primer amor y nunca dejó de serlo. Creo que lo que me gustaba de él era que leía mucho, tenía muchos libros, me regalaba libros y sabía poemas desconocidos para mí. Ahora no recuerdo qué le gustaba leer o qué música escuchaba pero en algún lugar de mí está ese aprendizaje, esas cosas que me transmitió y, sobre todo, ese regalo de su conversación. Le gustaba conversar tranquilamente y no solía dramatizar por nada. Era tan inteligente como práctico y tan práctico como soñador. No diré su nombre. Pero nada sería igual sin él. Me acostumbré a tratar con gente inteligente a su lado. Y esa es una costumbre que ya no se puede perder nunca. 

Comentarios

Fackel ha dicho que…
Sea ficción o vivencia, lo que cuentas existe. Me ha agradado y me ha sugerido.