Mary Wesley: maliciosa sencillez


La publicación por Alba Editorial en su colección Rara Avis de "El césped de manzanilla", el libro que lanzó a la fama a Mary Wesley, genera un acto de justicia con su obra. Habiendo sido una escritora aclamada y leída por más de tres millones de lectores durante los veinte años que duró su carrera literaria (desde los 70 a los 90 años), no puede decirse que esa fama le haya servido para mantenerse en el lugar de los más leídos o reconocidos. Todo lo contrario. Al menos en España. 

Yo misma no había oído hablar nunca de ella ni había leído ninguno de sus libros, un par de ellos infantiles y luego siete u ocho novelas que fueron recibidas con una calurosa crítica positiva en los años en que se publicaron. Pero no hablamos de la Edad Media ni del siglo XIX, porque los libros de Mary Wesley se publicaron entre 1983 y 1997, es decir, anteayer por la tarde. Antes de eso, en 1969, había publicado dos libros infantiles, que eran todo su bagaje en el campo de la literatura. 

Pero las dificultades económicas en que se quedó cuando enviudó de su segundo marido la hicieron tomarse en serio lo de publicar. Y así empezó esa carrera ascendente aunque tardía. Dijo todo lo que quería decir y luego se volvió a callar. Y, para nosotros, los lectores en español, la cosa es aún más complicada porque la primera vez que sale a la luz un libro suyo en nuestro idioma es este de Alba, una novedad reciente. 

Mary Wesley nació el 24 de junior de 1912, dos años antes de comenzar la primera guerra mundial. Su nombre de nacimiento es Mary Aline Mynors Farmar. Fue la tercera hija del coronel Harold Mynors Farmar y su esposa, Violet, y nació en Englefield Green, Windsor Great Park. Creció sin conocer a su padre y creyendo que su madre prefería a su hermana mayor. Formaba parte, por así decirlo, de una familia desestructurada emocionalmente, con una madre que no la entendía y a quien ella quizá también detestaba. Se crió en la casa a mano de un montón de institutrices que iban y venían sin que se generara ninguna relación de afecto en su niñez. 

Como muchas jovencitas de su edad y posición se casó sin amor con el barón Charles Swinfen Eady en 1937, con el que tuvo dos hijos y del que se divorció poco después, en 1945. Durante la segunda guerra mundial trabajó para la inteligencia aliada y antes de eso conoció al que fue el verdadero amor de su vida, el hombre que la comprendió y la quiso realmente. Fue en 1944, cenando en el Ritz, cuando conoció a Eric Siepmann, el dramaturgo y periodista educado en Winchester y Oxford. El padre de Siepmann era alemán y su madre irlandesa. Su familia lo desaprobaba fuertemente. No pudieron casarse hasta 1952 porque él estaba casado con anterioridad. Se instalaron en Devon, en una zona rural, donde ella vivió hasta su muerte el 30 de diciembre de 2002, con noventa años. 

Siepmann, al contrario de lo que había sucedido con su anterior marido o con su familia, apoyaba firmemente el que su mujer escribiera y la animaba a ello, pero se perdieron muchos escritos en el camino y solo pudieron salir a la luz y publicarse cuando ella se vio necesitada de dinero. La muerte de Siepmann la dejó devastada sentimentalmente y también en la ruina, de modo que se decidió a tomarse en serio la escritura y comenzar a intentar publicar. Lo logró cuando tenía ya 71 años, en 1983 y, a partir de su primer libro, todo fueron éxitos. 



Sus libros parecían escandalosos a cierta sociedad de su tiempo. Su familia se enfadó con ella porque consideraba que los retrataba y que ese retrato no les favorecía. Algunos temas escabrosos surgieron en su escritura y dedicó al sexo muchas más páginas de las que se consideraban convenientes. Su obra, aunque centrada en la clase media-alta que conocía bien, entra en terrenos más pantanosos y, podíamos decir, maliciosos, por lo que constituyen una rareza en comparación con otras autoras de su época. Hay una evidente relación con el modo de pensar y escribir de Muriel Spark. Para ambos el sexto había sido algo liberador y seguía siendo algo importante. Así lo manifestó Mary a su biógrafo llegado el momento, que coincidió con los seis meses anteriores a su muerte. 


Después de ser conocida como Mary Aline Siepmann, tomó su pseudónimo literario del apellido de su abuela, aunque simplificándolo y se convirtió´en Mary Wesley. "El césped de manzanilla" que podrá comprarse a partir del 11 de mayo, es uno de los best sellers que escribió Mary en su madurez. Comienza con un encuentro de primos en 1939 y sigue con el reencuentro más de cuarenta años después. Las diferentes formas de vida y de pensamiento salen a la luz y también las frustraciones, la desesperación y la pérdida de la fe en el futuro, consecuencia de un periodo histórico muy convulso. La sexualidad, los juegos de pareja, la búsqueda del placer fuera como fuera, son también elementos esclarecedores de la trama, que tiene su parte de misterio, su parte de escabrosidad y, en todo caso, una mirada muy diferente a la que se solía encontrar en la literatura de entonces. Las dificultades de la vida parecen haber creado en los jóvenes el insolente deseo de disfrutarla a toda costa y con todas sus consecuencias. La sexualidad se muestra como una pulsión necesaria y que no puede dejarse escapar porque la vida perdería una de las pocas cosas, piensa Mary, que verdaderamente te hace libre en cierto sentido. 



Mary Wesley domina los diálogos a la perfección y el retrato que hace de la sociedad que fue la suya es escalofriante y certero a la vez. No nos extraña que fuera tan duramente criticada por su entorno familiar y también por muchos de los críticos que consideraban los temas fuera de lugar y mucho más en una mujer. Pero, como otras damas de la literatura que decidieron dejar oír su voz sin ocultamientos, todas las cuestiones que podían rondar la vida están aquí expuestas, como en el resto de su obra, sin paños calientes. Literatura casi autobiográfica aunque con grandes componentes de imaginación, como ella misma afirma, además de retrato fiel de momentos convulsos de cierta sociedad europea a la que los conflictos bélicos abocaron a curiosas reflexiones sobre ellos mismos y sobre el sentido de su vida.

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