Alertas ante el acoso escolar


(Foto: Vivian Maier)

Los centros educativos tienen que tener activado siempre el protocolo para supuestos casos de acoso escolar. En Andalucía existe dicho protocolo y los centros únicamente tienen que cumplirlo. Algunas condiciones hay que tener en cuenta para ello porque se trata de detectar y confirmar el acoso, no de crear suspicacias ni falsos culpables. 

Por eso, seguir lo que se marca en cuanto a las actuaciones es imprescindible. La alerta ante un posible caso de acoso puede llegar de diferentes formas. La observación de la dinámica de las clases, una denuncia de un estudiante, una situación de aislamiento o marginación que pueda darnos pistas, la vigilancia del recreo, las aportaciones de los padres que ven en sus hijos cambio de conductas….cualquier cosa sirve para activar las alarmas. 

Poner en práctica el protocolo ha de ser inmediato. No vale dejarse guiar de la intuición del profesor o el director. Este es un problema complejo que necesita una actuación estructurada y rápida. Precisamente porque se trata de delimitar si existe o no acoso y para ello las acciones que en el protocolo se enmarcan nos servirán de ayuda. Es esencial que todas las actuaciones estén documentadas, cada una de ellas con un documento. Reflejar por escrito las reuniones, entrevistas, actuaciones, medidas, etc., es la garantía de que el proceso se ajusta a la norma establecida en el protocolo. Por otro lado, la confidencialidad de los estudiantes ha de considerarse prioritaria y en eso hay que ser muy cuidadosos, no solamente usando iniciales en los documentos sino, sobre todo, dejando muy claro a las personas que forman parte del núcleo que lo lleva a cabo las actuaciones ese carácter confidencial. 

La actuación decidida de los centros educativos tiene varios pilares: el equipo directivo, como responsable máximo de todo lo que en el centro sucede; el tutor, que es el coordinador del equipo educativo y la persona que debe conocer mejor los pormenores del grupo; el orientador, que es el experto que, en todo el proceso, ha de asesorar sobre las acciones a seguir y sobre las medidas a tomar. La coordinación entre estos engranajes es otro elemento de calidad en el proceso. 

Documentación, confidencialidad, equipos de trabajo, actuaciones rápidas. Además, están las familias. Tanto la familia del supuesto acosado, como las de los supuestos abusadores, han de ser informadas en el primer momento, mucho más porque debemos recabar su autorización para hablar con los alumnos en el marco del procedimiento. De la actitud que adopte la familia se derivarán consecuencias negativas o positivas. Los sobreprotectores, los que niegan que sus hijos sean capaces de hacer tal o cual cosa, los que desconfían del centro, los que practican el semiabandono, ninguno de esos padres podrá colaborar en la resolución del problema, si es que se constata. La colaboración familia-escuela, necesaria y deseable siempre en los procesos de aprendizaje, es aquí imprescindible. 

Hay otro elemento que no puede olvidarse porque tiene un gran peso en el problema. El papel que juegan los observadores, los mirones, los alumnos pasivos que son conocedores, en una u otra forma, de lo que pasa y, por tanto, colaboradores necesarios, al menos por omisión. Hay aquí un gran trabajo que hacer. Toda clase de motivaciones los animan a actuar como lo hacen y hay que desenmascararlos y ponerles delante el espejo en el que pueda contemplar las consecuencias de su cobardía, de su seguidismo, de su falta de personalidad e integridad. 

Una vez determinada la existencia del acoso no hay que tener miedo en actuar con medidas contundentes. Unas serán disciplinarias, en función de la gravedad del caso; puede haber, incluso, derivaciones judiciales, pero, en todo caso, siempre deberá haber medidas educativas. Esas medidas educativas deben extenderse a todo el grupo y, si el caso ha tenido trascendencia y publicidad, a todo el centro. La consigna es evitar la impunidad. Y obtener consecuencias formativas de todo ello. 

La mejor manera de atajar el acoso escolar es evitando que se produzca. Puede parecer una utopía pero un programa de prevención bien diseñado y llevado a cabo de forma sistemática es un elemento muy valioso y que no debería faltar en ningún proyecto educativo. Las heridas que el acoso deja son duraderas. Merece la pena evitar que sea una herencia no deseada de la vida escolar de los estudiantes. 

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