Un Austen en el bloqueo de Cádiz

 


Jane Austen (Steventon, 1775- Winchester,1817) perteneció a una familia prolífica, de la que fue la séptima de ocho hermanos. Y, aunque ella es, por derecho propio, la que ha alcanzado más fama y prestigio por su condición de escritora de algunas de las novelas más excelentes de la historia de la literatura, otros hermanos tuvieron en su día brillo y esplendor por sus ocupaciones y oficios. En concreto, su hermano Francis, que alcanzó el grado de almirante de la Royal Navy y el título de Sir. Sir Francis Austen fue un prestigioso hombre de mar y su eco puede rastrearse en algunas obras de la autora en las que, raramente, los militares tienen su sitio, sobre todo en Persuasión, su novela póstuma, la más dramática y sentida de todas las que escribió en su corta vida. 

De los ocho hijos del matrimonio formado por George y Cassandra Austen, los tres mayores habían nacido en Deane, la pequeña parroquia de la que era rector el padre, y los otros cuatro en Steventon, la parroquia grande en la que también regía. En Deane nacieron James, George y Edward. En Steventon, Henry, Cassandra, Francis, Jane y Charles. Una familia numerosa en la que ningún hijo murió en la infancia y cuya madre tampoco falleció al dar a luz. Ambas cosas eran frecuentes en el siglo XVIII, lo que nos hace ver que se trataba de una familia sana y con suficientes recursos económicos como para atender bien a la prole. 

James (1765-1819), el mayor, apodado Jemmy, era un hombre reflexivo, taciturno, a quien le gustaba escribir. Andando el tiempo sería párroco y heredaría los beneficios de Steventon y Deane, ambos otorgados a su padre por su primo, el rico Thomas Knight. James acudió al St. John College y, como toda la familia, era un tory convencido. Estando en la universidad publicó una revista mensual llamada "The Loiterer", que vio la luz entre enero de 1789 y marzo de 1790. Precisamente su editor fue el mismo que comenzó a publicar a su hermana Jane, el señor Egerton.

El segundo hijo se llamó George (1766-1838). Desde muy pequeño fue separado del núcleo familiar porque padecía una enfermedad psíquica que incluía convulsiones y también sordomudez. Este hijo es ignorado en los comentarios biográficos que se hacen de Jane Austen. Para ella y sus familiares tuvo que ser una pesada carga porque nunca menciona las enfermedades mentales en su obra ni alude a su hermano en la correspondencia conservada de la que sostuvo con amigos y familiares. 

El tercer hermano, Edward (1768-1852) fue siempre un tipo afortunado. Era un niño muy guapo, cariñoso y alegre, que se ganaba el aprecio de la gente de forma instantánea. Eso le ocurrió con los mencionados Knight, porque un hijo del primo rico, el señor Thomas Knitgh y su esposa Catherine, recién casados, decidieron llevarlo con ellos a su viaje de bodas. Edward disfrutaba de un lujo inasequible a los demás hermanos, hasta que se convirtió en heredero de toda la fortuna.

Henry (1771-1850) estudió en Oxford. Su vida era un tanto desastrosa porque no tenía demasiada vista y se metía en jaleos económicos con frecuencia. Se casó dos veces, la segunda de las cuales con su prima Eliza, también viuda y de carácter apasionado. La otra niña de la familia, la única hermana de Jane, era Cassandra (1773-1845). Tenía solo dos años más que ella y, desde el principio, estuvieron unidas y tuvieron una gran complicidad entre ellas.

Francis (1774-1865) y Charles (1779-1852) fueron enviados muy pronto a la Academia de la Armada Real en Portsmouth. En 1789 Francis era guardamarina y se embarcó en el Crown y el Minerva, barcos medianos. Llegó a teniente en 1792 y participó en las guerras contra los franceses durante años. Desde febrero de 1798 estaba en el London, buque que participó en el bloqueo de Cádiz. Sus actuaciones le valieron ascender a comandante en 1799 y estuvo también en el bloqueo de Génova un año después. Su carrera militar, muy larga como su vida, le permitió casarse dos veces y tener diez hijos. Tuvo destinos y acciones tanto en Europa como en los Estados Unidos y en México. Tenía muy buena fama como jefe, pues atendía diligentemente la salud y seguridad de sus hombres y era muy apreciado por ello. En 1863 se convirtió en almirante. Murió dos años después en su residencia de Widley, en el condado de Hampshire, de donde procedió y donde vivió toda su familia. 

La influencia de las guerras napoleónicas en la vida de las muchachas inglesas fue enorme, aunque pueda parecernos extraño. Sencillamente, el número de bajas llegó a los veinte mil al año lo que suponía una absoluta sequía de hombres en un tiempo en el que el gran objeto de las esperanzas femeninas era casarse y tener hijos. Por eso hay dos cuestiones sociales emergentes y muy usuales: el viudo que vuelve a casarse de inmediato, incluso varias veces, porque siempre había muchachas disponibles y la solterona, como institución que representa a la mujer hija de un caballero entrada en años. Entrar en años entonces implicaba que se cumplían los treinta, no más. El propio Francis Austen se casó primero con la joven Mary Gibson, que fue la madre de sus diez hijos y, cuando enviudó, volvió a casarse de inmediato con una amiga de la familia, Martha Lloyd, que ocupa así el papel de cuidadora de los hijos y de la casa familiar. No cabe duda de que para Martha Lloyd esto fue una carambola de suerte, al contraer matrimonio con un hombre respetado y con una buena posición social, como todos los oficiales de marina, y no le supondría ningún problema cuidar a tantos niños, ya que disponían de nanys y de institutrices, que en este tiempo ya empezaban a proliferar. 

Al contrario que su hermano Charles, la familia de Francis nunca vivió con él en los barcos a lo que era destinado y su vida transcurría apacible en la residencia familiar a la espera de la llegada del cabeza de familia, siempre ligado a guerras en el continente o en América. Otra consecuencia de las guerras revolucionarias, la viudez de las mujeres, tuvo un ejemplo en la propia familia con Eliza Hancock, prima de los Austen, hija de Philadelphia que era hermana del señor Austen padre. Eliza se casó con un noble francés que fue guillotinado, lo que la obligó a salir corriendo y volver a Londres. Que, con tal carestía de hombres, una mujer se casara, no una vez, sino dos, dice mucho de la belleza de Eliza, de su atractivo y de su personalidad arrolladora. 

Aquellos que consideran que la vida de Jane Austen fue un bálsamo, una existencia aburrida y monótona, de la que no se explica sirviera de inspiración para sus novelas, olvidan el momento histórico en el que se desarrolló su existencia. A efectos prácticos, solo conoció dos años de paz, los dos últimos de su vida, cuando la enfermedad ya la había condicionado y quitado vigor e ilusiones. Desde 1775 en que nació (coincidiendo con la guerra de independencia de los EEUU) hasta 1815, tras la derrota en Waterloo del que pretendía ser el amo de Europa, en que se firma el segundo tratado de París y termina la gran guerra contra Francia que les había ocupado a los ingleses desde 1792, toda su biografía está inserta en un período extraordinariamente convulso. La zona en la que ella vivía, Hampshire, se llenó de ágiles carreteras que permitían a los soldados cruzar el país para llegar a la salida natural al mar por el sur y el sureste. La antipatía al francés presidió su juventud y la falta de hombres jóvenes o la pérdida de los mismos (el prometido de su hermana Cassandra, por ejemplo, murió en una expedición a las colonias), tanto en las guerras como en los conflictos coloniales, era un leit motiv permanente. 

El bloqueo de Cádiz, gesta histórica en la que la Royal Navy cosechó una importante derrota a pesar de estar comandada por los heroicos Jarvis y Nelson, se inscribe en el período de guerras revolucionarias francesas en las que España actuaba como aliada de Francia. Ocurrió durante los meses de junio y julio de 1797, aunque sus consecuencias perduraron hasta el tratado de Amiens en 1802, que solo fue, en realidad, una tregua, antes de las guerras napoleónicas. Los ingleses cercaron, bombardearon y asaltaron el puerto gaditano, creyendo que su potencia naval haría sucumbir a los españoles. No contaban, desde luego, con dos elementos fundamentales: la propia situación geográfica de la zona, llena de abrigos naturales y de accidentes que ellos desconocían con detalle y, sobre todo, la maestría naval de Mazarredo y Gravina, que idearon un ingenioso plan de repulsa a los ataques, que consiguió darle la vuelta a los primeros pronósticos. Sir Francis Austen fue uno de esos afortunados ingleses que, participando en los hechos, no sufrió heridas ni vio mermada su reputación, sino que siguió ascendiendo militarmente a partir de este acontecimiento que se escribe con letras oscuras en el brillante historial del admirado Nelson, héroe nacional. 

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