"El lunes es el nombre de la lluvia"

 


Así fue. Muy temprano, casi al alba, como si fuéramos bandidos que tuvieran que buscar su recompensa, escondida en alguna lámpara maravillosa, en algún lugar lejano y desaparecido del mapa, en algún horizonte incomprensible...Muy temprano, a la hora de la gente del campo, como cuando era niño y se sentaba debajo de un olivo a esperar el vareo, a comerse una naranja y un trozo de pan, a sufrir el frío y la tormenta, a esperar que parara el susurro indiferente de la lluvia...

Era muy temprano. Nos adentramos en la incipiente amanecida con toda la intención. Subimos a un tren. El tren era de color de la plata y llevaba asientos azules, de esos que ya no se estilan, de esos que solo aparecen en los trenes viejos, en las películas de trenes, en los trenes anclados en cualquier retrato en sepia. En el vagón no había nadie. Durante el viaje poca gente subió y bajó. Al fin y al cabo, era demasiado temprano, era un día demasiado invernal y era lunes. Los lunes la lluvia tiene la misión de romper la esperanza. De hacernos sentir que las horas son tenues y el trabajo duro. Así es todo, en lunes y en lluvioso. Como aquel día. 

Yo me quedé dormida. Como siempre que subía al tren en años de trasnoche y de sueños escasos. Yo me quedé dormida mientras él miraba por la ventanilla y hacía cábalas, porque su cabeza descansaba poco y siempre tenía planes, siempre ideas, siempre ilusiones, siempre algo que hacer. Yo dormía confiada, como siempre que dormía a su lado, porque la confianza es solo que haya alguien cerca para velar tu sueño. Yo dormía porque estaba segura de que no me pasaría de estación, de que no me pasaría de parada, de que no me pasaría nada malo. Así era siempre. Ese lunes también, esa lluvia también. 

Y los campos pasaron, y las horas pasaron, y los túneles de Despeñaperros, y la mirada perdida en el horizonte y el lejano silencio de algunos campanarios, y ciudades ahondadas en lo alto y a lo lejos, y las horas pasaron y llegamos. Y allí, en aquella ciudad, en aquel lugar que siempre tuvo los brazos abiertos, mi sueño se convirtió en un gozoso despertar en compañía, en un reencuentro con la mañana hecha ya plenamente amanecida. En un deambular de los nuestros. En nosotros. Era la vida y los dos lo sabíamos. 


(Foto: Chema Madoz)

(Título: verso de Miguel D'Ors)

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