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Mostrando entradas de febrero, 2022

"Los cuentos de Linnet Muir" de Mavis Gallant

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  Si quieres saber más cosas de Mavis Gallant puedes leer esta entrada de mi blog.  Se trata de una autora excepcional, de existencia convulsa y difícil, de gran talento y mucha mala suerte en su vida personal. Estremece pensar en todos esos avatares y, sobre todo, emociona la lectura de sus "Cuentos" de los que hablo en esa entrada.  De esos cuentos, la editorial argentina  Eterna Cadencia ha escogido los que tienen carácter más autobiográfico y los ha publicado en esta bonita edición que puede servirte perfectamente para un acercamiento a la escritora. Merece la pena hacerlo, nadie como ella ha descrito el desarraigo de las mujeres, los desencuentros conyugales, el desengaño, la pérdida de la ilusión y la búsqueda de un sentido a determinadas vidas arrancadas.  Linnet Muir es el alter ego de la escritora y los cuentos que aquí se recogen son inéditos en castellano, pues no se recogieron en la edición que hizo Lumen en su momento. Esto quiere decir que nos permite conocer

"Amy e Isabelle" de Elizabeth Strout

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Elizabeth Strout es la autora de Me llamo Lucy Barton que aparece reseñado en otro lugar de este blog. Nació en Maine, en 1956, pero vive en Nueva York desde hace años. Esta es su primera novela. Hay que recelar de las "primeras novelas" que salen a la luz ante el éxito de las segundas o terceras. Pero, en este caso, no hay motivo. Amy e Isabelle es aún mejor que Me llamo Lucy Barton. Especialista en relatos y cuentos que publica en revistas y que la han llevado a ganar el Premio Pulitzer (Olive Kitteridge), su personalidad a la hora de escribir hace el efecto de una llama que atrajera a las mariposas. Es, sencillamente, única.  En Amy e Isabelle se cuenta la historia de una madre y una hija, pero también la de toda una comunidad. Los personajes que transitan por el libro no son felices y ninguno hallará más que una especie de rutina confortable a lo largo de su vida. No hay falsas esperanzas, no hay optimismo. Tampoco desesperación, sino el transcurso ritual d

"La edad de la inocencia" de Edith Wharton

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  La lucha de las familias "bien"  contra los advenedizos que intentan penetrar en la sociedad de Nueva York es uno de los temas principales de este libro, que publicó Edith Wharton en 1920 y obtuvo el Pulitzer al año siguiente. Antes de ser un libro se había publicado por entregas, como era habitual, en la revista Pictorial Review y tuvo un gran éxito. A la gente le interesó esa representación del Nueva York de 1870, que ya había desaparecido de la realidad. Una escritura que no tiene añoranza sino más bien una visión crítica de lo que era considerado "apropiado" en aquella década fundacional.  El libro ha sido llevado tres veces al cine, la primera, muda, en 1924; la segunda, diez años después, con Irene Dunne de protagonista y la tercera, dirigida por Martin Scorsese , en 1993, teniendo como intérpretes principales a Michelle Pfeiffer, Daniel Day-Lewis y Winona Ryder. A mi juicio, la novela es claramente superior a sus adaptaciones. Seguramente por la riqueza

"La flor" de Mary Karr

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  Este es un libro que necesita su tiempo. No es de esos fulminantes que tienes que leerlos en una tarde y que te despiertan para acabar su lectura. Requiere madurar lo que se cuenta y darle un poco la vuelta, mirarte al espejo. Vas avanzando y observas que, aunque las circunstancias son distintas, tú también tuviste doce y trece años, y luego dieciséis, y te subiste al coche de aquellos dos amigos que te llevaban de paseo por la ciudad y una noche te escapaste en moto para ver a Serrat en una playa y te largaste de camping con otro muchacho que también iba en moto y así muchas otras cosas. Te das cuenta de que Mary Karr podría haber situado su historia en otro sur o en otro norte. Porque lo que importa es lo de dentro. Le quitas la cáscara y ahí está la mirada del padre preguntándose por qué te vas. Y ves a tu madre, agobiada sin duda por la carga de la familia, que te dice que hagas lo que quieras, que es tu vida y que debes vivirla. No como yo, añade. Las madres siempre tienen un di

"Tormenta en Cape May" de Chip Cheek

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Chip Cheek es un desconocido y esta es su primera novela. Los protagonistas son Henry y Effie, una pareja muy joven que acaba de casarse y que decide, en su viaje de novios, pasar unos días en la vieja casa familiar de la chica, allá por Cape May, junto al mar, un mar otoñal, de gaviotas varadas, de tormentas y de lugares vacíos.  Los sitios de veraneo son inhóspitos cuando acaba la temporada. Resultan tristes y patéticos. La humedad se cuela por las puertas sin que haya forma de luchar contra ella y el suelo está pegajoso, como si el sol hubiera decidido hacer huelga hasta la próxima temporada. Los sitios de veraneo de playa están hechos para una temperatura tórrida, para vestidos de tirantes, bañadores atrevidos y paseos descalzos. Pero la pareja llega cuando apenas queda nadie y tiene que construirse una luna de miel con lo que hay, algún colmado, algún bar, poca cosa.  Y Clara Strauss. En una de las casas de la calle de al lado, una casa grande, con piscina, jardín y a

Maria Edgeworth: sin habitación propia

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En The Royal Irish Academy is Ireland's Leading Body of Experts in The Sciences and Humanities, aparece este retrato de Maria Edgeworth ( Black Bourton, Oxfordshire, Inglaterra ,  1767- Edgeworthstown, Irlanda, 1849) encabezando su biografía. Aunque no había nacido en Irlanda, vivió allí toda su vida y su familia era irlandesa, por lo que se encuadra entre los escritores de esta nacionalidad. Además, sus historias se ambientan y se basan en la landed gentry irlandesa, la clase social de la aristocracia rural que en su época tuvo un papel muy importante en el desarrollo del país.  Maria Edgeworth fue contemporánea de Jane Austen , al igual que lo fue Fanny Burney (1752-1840), Elizabeth Inchbald (1753-1821), Hannah More (1745-1833), Amelia Opie (1769-1853), Charlotte Smith (1749-1806) y Elizabeth Hamilton (1756-1816), la mayoría de las cuales murieron después y vivieron más que la propia Austen que, como sabemos, vivió muy pocos años contradiciendo la tradición familiar. Toda

Mujeres escépticas

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  Algunas cosas en una ventana indiscreta... Leer "El cine según Hitchcock" no cambió mi opinión sobre el director inglés sino sobre Truffaut, el autor del libro. Me hizo apreciar más a los tipos de la "nouvelle vague" porque no actuaron como fatuos críticos ensoberbecidos sino como cinéfilos. La crítica americana desprecia el suspense y eso se ve con toda claridad en la escasez de premios con que Hitchcock fue bendecido a lo largo de su carrera. "Nunca me dieron un Oscar", le dice a Truffaut. El año 1955 se entregaron los premios de la Academia y también los Bafta, a todos los cuales estaba nominada esta película y su director. La ristra de premios se los llevó "La ley del silencio" , de Elia Kazan, estrenada ese mismo año de 1954. Ni siquiera Edith Head, la encargada del vestuario de Grace Kelly, se llevó el Oscar por esta película.  Los nominados de ese año a cualquiera de las modalidades podían ser ganadores y llenar sus estanterías de esta

William Holden: cuestión de genio

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  (William Holden y Audrey Hepburn) Admiro a William Holden mucho más de lo que pueda expresar y desconozco el motivo, porque hay personas que tienen para ti un carisma especial y te atraen. Es una especie de enamoramiento, una fascinación absoluta que no tiene explicación racional. Pura química. No solo es un gran actor, sino que tiene todas las cualidades para desatar la emoción. Su físico es extraordinario: guapo, elegante, arrollador y con un aire de sinceridad impresionante. Los hombres que levantan pasiones, como Holden, no deberían desaparecer nunca. Pero el cine tiene la virtud de mantenerlos vivos y de mantenerlos jóvenes, de forma que es fácil su evocación. Así que he estado recordando algunas de sus películas, al hilo de ver, por primera vez, una que se me había pasado. Se trata de "Grupo salvaje" un extraordinario western de 1969, dirigido por Sam Peckinpah, que me ha entusiasmado. Los westerns suelen ser películas líricas, en las que bajo una capa de violencia

Todo al azul

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  (“Breakfast in the Garden”,  Leo Putz) Soy la mayor de seis hermanas y mi madre era la reina del impresionismo. Tenía una especial diligencia en buscar y hallar colores que nos sentaran bien. Observaba nuestro color de piel, nuestra forma de andar, nuestro cabello y nuestra sonrisa, los elementos que, a su juicio, tenían mayor peso en la estética de las seis. Y seleccionaba los colores de que nos íbamos a vestir para realzar esas cosas que la naturaleza ofrece y los humanos estamos obligados a potenciar.  A mi hermana Estrella siempre la vestía de blanco. Resplandecía con sus ojos oscuros y profundos, su larga melena lisa y su delgadez, que no era enfermiza sino muy atlética. Era una andarina fantástica y sacaba buenas notas en educación física, cosa que a las demás nos costaba un montón. En cambio, a Eugenia el color que mejor le iba, según mi madre, era el rojo y sus variedades, entre ellas el coral. Era muy coralina, muy del fondo del mar, muy marinera, con un buen anclaje en la v

"Mirarse de frente" de Vivian Gornick

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Este es el tercer libro que leo de Vivian Gornick, los tres editados por Sexto Piso. El primero fue "Apegos feroces", el segundo "La mujer singular y la ciudad" . Ambos están reseñados en este blog. En ellos, en esa mezcla de autoficción y de reflexión sobre la vida y las relaciones humanas, pueden encontrarse claves que todos hemos manejado alguna vez. No importa que seas de Santander o de Wisconsin. La naturaleza humana, lo dijo la gran Miss Marple, es la misma en todas partes. Las miserias y las grandezas, la envidia y el perdón, el amor y el odio, todo se convierte en un gran espectáculo de emociones y sentimientos que terminan por ser el motor de la existencia entera. Lo demostró Shakespeare en ese caleidoscopio magistral que forman sus propias obras. En "Mirarse de frente", Vivian Gornick continúa ese ejercicio narrativo que consiste en desmenuzar para nosotros algunos episodios de su vida y hacerlo sin mezquindad y sin excusas. No es nada fá

"Como vana sombra" de Jane Hervey

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  Se sabe muy poco de Jane Hervey, seudónimo de la inglesa Naomi Blanche Thoburn McGaw. La página web de la editorial Alba ofrece escasos datos sobre su biografía. Tampoco hay apenas nada en Internet. Escribió una única novela, que tardó más de diez años en ver la luz porque, seguramente, suponía lo que iba a ocurrir con ella: su familia le retiró el saludo. Esto nos da pistas acerca de dónde surge el contenido. De su propio entorno. La única foto existente nos la muestra como se ve en la imagen, guapa y con aire de inteligencia, con una media sonrisa casi enigmática. Jane Hervey nació en Sussex, Inglaterra. Pertenecía a una familia acomodada y tuvo una educación esmerada, primero con institutrices, como era costumbre en las clases altas, y luego en la escuela femenina local. En 1941 contrajo matrimonio pero su marido fue destinado al extranjero en la guerra y entonces ella inició una relación con Franklin Stuart Wilder, con quien tuvo una hija. Su siguiente esposo fue el mayor George