Ni victoriana ni romántica

 


A pesar de las confusiones (ni victoriana ni romántica) las novelas de Jane Austen han contribuido como nada al conocimiento de la época georgiana inglesa y, dentro de ella, al período de la regencia, dos periodos que no son intercambiables, ya que la regencia solo ocupa el tiempo comprendido entre 1811 y 1820, mientras que la época georgiana (llamada así porque es el tiempo de los George, de la casa Hannover) llega desde 1714 hasta 1837, en que sube al trono la reina Victoria. La imagen superior, que pertenece a la serie de la BBC "Emma" (2009) puede representar con toda certeza el espíritu de ese tiempo que es el telón de fondo de las novelas Austen. Las diseñadoras de vestuario y la propia dirección artística de la serie pretendieron representar el aire, el estilo, la moda y el diseño de ese tiempo, basado en una moda francesa que había traído el estilo Imperio y en el uso de telas suaves y sencillas, aunque exóticas por su origen, como la muselina. La misma libertad de vestuario del momento expresa muy bien el tiempo histórico en el que el país estuvo tanto tiempo en guerra que se hacía necesario disfrutar del momento. Carpe diem. 


Jane Austen no está solamente fuera de lo victoriano por cronología. En realidad, hay muchos más elementos que la separan de ese momento, de ese estilo. Basta leer sus novelas para comprobarlo. La ligereza de sus temas, que no es superficialidad; el lenguaje limpio, discreto, sin alharacas, que la caracteriza; los personajes, la vida cotidiana, los problemas diarios, la conversación, el detalle sin ser prolija... todo es un fuego especial, una acogedora forma de mostrar y dejar que el lector desarrolle su propia imaginación. La vestimenta de la época y de los libros de Austen, que son una especie de santo y seña de su interior, está tan alejada de la victoriana que basta una leve observación para darse cuenta de que ese abigarrado mundo, cruzado de cien mil normas impuestas, cerrado, alcanforado, de lo victoriano, no casa con los agradables paseos por el campo de las mujeres Austen. La naturaleza es para los escritores victorianos el trasunto de sueños desagradables, de amenazas; para Austen y los suyos, es una fuente de salud, un modo de encontrarse, de intercambiarse confidencias, de sentir la plenitud. La vida real cambia tanto entre una época y otra como los libros reflejan. Las giras campestres son la prueba de ello. Y luego están los bailes, los amables y sencillos bailes georgianos, con sus antorchas humeantes, su cena a base de sopas y ponche y sus contradanzas. Esos tres ejes, giras (o paseos), bailes y conversación (que quiere decir, también, visitas y salidas de casa), animan el cotarro en las novelas de Jane Austen y en la vida de sus personajes. Todos están dispuestos a ello si se da el caso. 

Si no es victoriana, tampoco es romántica. Es verdad que esta palabra se utiliza muchas veces fuera de su significado estricto. Todo lo que termine en final feliz y que hable de amores se califica como tal. Pero en lo que se refiere a la literatura romántica, nada hay de ella en la obra de Austen. Y esto es todavía más meritorio, más ilustrativo de su independencia literaria, porque conoció y leyó tanto las novelas góticas, que estaban de moda en su juventud, como las propiamente románticas, las novelas de los castillos, las damas en peligro, los caballeros avispados, las luchas medievales, los raptos, las poternas y los fosos, los sueños espectrales y toda la parafernalia que heredarán con fervor los victorianos. Pero no ella. Ella no. 




(Fotogramas de la versión de la BBC de "Emma" de 2009. El papel de Emma lo interpreta la jovencísima Romola Garai, que hace una Emma traviesa y bastante descarada, pero nunca antipática; Knightley es Jonny Lee Miller, en una composición mesurada, elegante y nada exagerada del papel, que le viene como anillo al dedo a su físico y su estilo. Ambos destilan una excelente química) 

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