Ana Bustelo: de ida y vuelta

(Ignacio Klindwork. He construido una oficina en el jardín. 2020)


Una Isla de Papel 

entrevista a 

Ana Bustelo Tortella

editora y traductora


¿Conocéis a Ana Bustelo? Yo he llegado a ella a través de algunas de sus traducciones de libros muy queridos para mí. Podéis encontrarla en la magnífica traducción de Elizabeth Taylor "Un alma cándida" de la editorial Gatopardo Ediciones. No es fácil hacer una buena traducción y conservar la belleza del lenguaje, pero Ana Bustelo lo consigue. Se nota su mano en los libros. 

Ana nació en París y vivió parte de su infancia en Estados Unidos. Luego estudió Historia Contemporánea en España. Volvió a Estados Unidos y sacó su máster en periodismo. Y de nuevo regresó. Ha trabajado para muchas editoriales y ahora lo hace para ella misma. Es una persona instruida, educada, formal y encantadora. La gente encantadora que trabaja con libros hace libros encantadores. Parece que va y viene continuamente. Es de ida y vuelta. 

El mundo de la edición no es, en absoluto, extraño para ella. Uno de sus abuelos fue editor, en concreto de la editorial Tecnos, que vendió cuando ella tenía dieciséis años. Un bonito recuerdo, aunque no le daba demasiada importancia a la cosa en aquellos tiempos. Pero algún día Ana se parará en todo ese barullo continuo que lleva, siempre con libros de por medio, y escribirá la historia de su abuelo editor, el que, quizá sin saberlo, creó una semilla de amor por un trabajo que hoy es el de ella misma. 

Tenía muchas ganas de saber cosas de ella y de compartirlas con los lectores de este blog, así que ¿por qué no una entrevista que nos cuente algo más de su actividad? 

Su perfil 

Estudié Historia Contemporánea en la Universidad Complutense de Madrid, sin estar muy convencida de que era eso lo que quería hacer. Pero gracias a esta elección, hice unas prácticas un verano en la revista Historia 16 —del desaparecido Grupo 16— y terminé quedándome tres años. En 1991 dije adiós a mis compañeros de la revista y me fui a hacer un Master en Periodismo en la Universidad de Boston. Viví allí dos años; colaboré con diversos periódicos hispanos y trabajé como autónoma para varias empresas de traducción. Al volver a España regresé a Historia 16, donde estuve casi otros tres años. De ahí me fui a Cátedra, donde trabajé año y medio llevando el área de no ficción, antes de entrar en Taurus, que entonces pertenecía al Grupo Santillana y es un sello que solo publica no ficción. Estando en Taurus, me llamaron para trabajar en el Grupo Planeta, donde llevé los libros de no ficción del sello Planeta entre 2007 y 2014. Ese año cumplí cincuenta y decidí que había llegado el momento de volver a ser autónoma. La idea era combinar el trabajo con la escritura. Ocho años después, sigo intentando escribir mis propias cosas, sin mucho éxito. 

¿Cómo abordar una traducción? 

"Lo más difícil es trasladar el tono"

Cuando traduzco no ficción, intento encontrar toda la documentación posible sobre el tema. Busco también traducciones de renombre para ver cómo se ha traducido el vocabulario específico, que a menudo ha quedado fijado por esas traducciones. En ficción, para mí, lo más difícil es trasladar el tono, la atmósfera que ha conseguido el autor. Para eso hace falta conocer bien el idioma del que se traduce, poder captar los matices y, por supuesto, saber escribir en el idioma al que se traduce.

Sobre la labor del traductor 

"La labor de traductor en España no está muy bien considerada"

También acerca de la traducción ¿crees que la labor del traductor está bien considerada? ¿aprecian los lectores esa tarea o simplemente lo notan cuando se traduce mal? No puedo hablar de otros países, pero en España no está muy bien considerada, aunque hemos mejorado bastante en los últimos años. Un reflejo de esto son los contratos leoninos que siguen proponiendo las editoriales. Si eres un traductor novato, te cuelan unos contratos por los que jamás cobrarás derechos de obras que la editorial sabe que van a vender bien. Cuando yo era joven y confiada traduje algún best seller para un gran grupo y no he visto un euro de derechos. 

Ahora mismo, en España, pagan infinitamente mejor y son más consideradas las editoriales pequeñas (no todas, pero muchas); los contratos son razonables, ofrecen derechos y tienen el detalle de poner el nombre del traductor en la cubierta. En cuanto a los lectores, creo que han descubierto recientemente lo que significa traducir y tienen más respeto por el traductor. Yo he traducido artículos de historiadores como Hugh Thomas o Geoffrey Parker y no aparece mi nombre por ningún lado. Los lectores creían que estos historiadores británicos ¡escribían en español!

¿Cómo llegaste a ser traductora y editora?

"Comencé haciendo prácticas en la revista Historia 16"

 En el último post de mi blog [https://anabustelo.com/soy-una-intrusa-intrusismo-laboral/] hablo sobre esto. Lo primero que hice en el mundo editorial fue traducir, precisamente. Cuando Ymelda Navajo montó el sello Temas de Hoy para el grupo Planeta, me llamó una de sus editoras, que me conocía, para que tradujera un libro. Yo estaba estudiando Historia y seguí colaborando con Temas de Hoy en mis ratos libres. Traduje otro libro y empecé a hacer informes de lectura. Después, al terminar la carrera, surgió la oportunidad de hacer unas prácticas en el Grupo 16, en la revista Historia 16, que terminaría convirtiéndose en una pequeña editorial de libros de kiosco. Allí, a las órdenes de David Solar, aprendí a corregir y editar. 

¿Qué tal lectora eres?

"Me hice lectora en la adolescencia"

"Aprendí a leer en inglés" 

"Mis profesores de Literatura fueron maravillosos" 

 Yo no era una gran lectora de pequeña, me hice lectora en la adolescencia. Aunque sí me recuerdo leyendo una colección de libros juveniles ilustrados (todavía la tengo) y los misterios de Nancy Drew a los siete u ocho años, cuando vivía con mi familia en Estados Unidos. También leía una serie que se llamaba Hitchock presents… o algo así, que luego tradujeron a español. Supongo que de esas lecturas me viene el gusto por las novelas policiacas. Nos fuimos a Washington, D.C. cuando yo tenía cuatro años, así que me costó un poco aprender a leer y lo hice ya en inglés. De ahí que haya leído, sobre todo, literatura americana e inglesa. 

Cuando volvimos a España a mis padres les preocupaba que olvidáramos el inglés y durante años mi padre nos regaló libros en inglés por los cumpleaños o la Navidad. Igual nos regalaba Jane Austen, Nabokov o John Updike (que a él le encanta y a mí no tanto), que P.D. James, Ken Follett o Jeffrey Archer. Sin embargo, debo decir que me hice lectora con algunos de los que me impusieron en el colegio, aquí en Madrid, como Alfanhuí de Sánchez Ferlosio (que leí a los 10 u 11 y entendí poco, pero me encantaba) y Tiempo de Silencio de Luis Martín Santos, que leí ya con 14 o 15. Obligarnos a leer El Quijote o La Regenta con 12 era una tontería, pero algunos de los de aquella lista obligatoria eran estupendos. En toda la etapa escolar tuve unos profesores de Lengua y Literatura maravillosos, que me metieron el gusanillo de la lectura y la escritura.

Sobre el panorama literario en español 

"España es una potencia mundial en la industria del libro"

"La traducción es el 20 por ciento de lo que se edita"

¿Cómo ves el panorama literario español en cuanto a edición y traducción? tu opinión es muy cualificada al respecto y me interesa mucho. No sé si mi opinión es cualificada, porque ando un poco desconectada de las novedades literarias, por ejemplo. Pero no cabe duda de que España es una de las potencias mundiales en la industria del libro. En Europa es la quinta, por detrás de Reino Unido, Alemania, Francia e Italia. Tendemos a pensar que todo lo nuestro es peor, como sabes, pero tenemos que sacudirnos de una vez ese complejo que fomentan los políticos. Deberíamos estar hablando de todo lo que hacemos bien y una de las cosas que hacemos bien es editar. 

Los grandes grupos, tan denostados, cuentan con unos profesionales de primera y hacen muy bien las cosas. Las editoriales pequeñas lo hacen mejor todavía porque añaden el cariño y algo de tiempo que quizá los grupos no tienen. En conjunto, tenemos unas mesas de novedades llenas de textos interesantes con ediciones muy cuidadas. En cuanto a la traducción, en España se traduce mucho, no te sé dar cifras exactas, pero creo que los libros traducidos suponen en torno a un 20 por ciento de todo lo que se edita. En mi opinión, esto es señal de buena salud, de que hay interés por lo que ocurre más allá de nuestras fronteras. 

Lógicamente, cuando hay crisis, estas cifras disminuyen porque, para una editorial, traducir es caro. Hay que pagar el anticipo y los derechos al autor, y otro anticipo y derechos (aunque son mínimos) al traductor. Una de las primeras cosas que se recortan en tiempos de vacas flacas son las traducciones. Ahora que este maldito virus ha contribuido a aumentar ligeramente las ventas de libros, hay que aprovechar el tirón, porque no creo que estas vacas «gorditas» —no me atrevo a decir «gordas»— duren para siempre.

De premios y oportunidades

"Escribir es muy difícil, hay que ser constante y trabajar duro"

 Corre la especie de que las editoriales, sobre todo los grandes grupos JAMÁS aceptan publicar a un desconocido, pero eso no tiene sentido. Arturo Pérez Reverte o María Dueñas (por citar autores de mucha venta) antes de tener grandes ventas, no tenían grandes ventas. Los inicios de Pérez Reverte no los conozco, pero sé que María Dueñas envió su libro a una agente y ésta lo hizo llegar a las editoriales. Muchas dijeron que no. Temas de Hoy dijo que sí, le pagó un anticipo muy pequeño y el resto es historia, como se suele decir. Esto no quiere decir que cualquiera que envíe su libro va a terminar vendiendo como María Dueñas. Lo que quiero decir es que los editores —de editoriales grandes y pequeñas— están deseando que llegue a sus manos la gran novela o el gran ensayo con el que apostarlo todo. 

Están deseando vender y están deseando que lo que venden sea bueno. Pero lo que llega es bastante malo. Lo sé de primera mano, pero cuando lo digo se me tiran encima tres o cuatro y me dicen que eso no es así, que todo está amañado y que se escriben cosas fantásticas que nunca ven la luz. Bien, hay muchos premios amañados. Lo sabemos. Pero a veces pienso que si no se amañaran algunos premios, habría que declararlos desiertos, porque lo que llega es infumable. 

Por otra parte, quiero decir que hay unos premios estupendos, por ejemplo, en literatura infantil y juvenil, que no están amañados y gracias a los cuales han surgido autores maravillosos en estos años. Hay muchísimos premios organizados por instituciones privadas y públicas que no están amañados y que han permitido publicar a muchos autores. Además, los agentes se han abierto más a aceptar autores no publicados y hacen muy bien su trabajo. 

Pero escribir es muy difícil, hay que ser constante y trabajar duro, y no todos somos capaces de hacerlo bien. (Lo estoy viviendo yo en mis propias carnes). No hay que dejarse llevar por la desesperación. Si tienes un buen texto, es muy posible que vea la luz. Pero también hay que ser objetivo y no pensar que uno es el próximo Cervantes y todas las editoriales están llenas de editoras ogro que se niegan a publicar textos maravillosos. Las editoras se equivocan, nos equivocamos todos los días, pero entre la mayoría de esos manuscritos que llegan a las editoriales no está el próximo Cervantes, te lo aseguro.

Trabajo, trabajo, trabajo

"Llevo tres años con un libro de cuentos"

"Siempre tengo deberes"

 Es imposible estar ocho horas seguidas traduciendo. Así que lo que suelo hacer es dedicarle unas cuatro horas por la mañana. Si tengo otros trabajos, además de la traducción, la tarde la empleo en algo que requiera un poco menos de concentración como la lectura de un libro para hacer un informe de lectura, por ejemplo. Si el único trabajo que tengo en ese momento es la traducción, dedico la mañana a traducir y la tarde a revisar o a buscar conceptos que me he anotado por la mañana. Reviso lo que ya llevo traducido o algunas cuestiones formales como puede ser la forma en que pone los títulos de capítulo la editorial, por ejemplo, para tener esos detalles controlados el día que acabo la traducción. 

 Acabo de entregar una traducción para Cátedra, que es un sello al que tengo especial cariño porque trabajé allí de editora y me gusta todo lo que hacen. Además, estoy leyendo un ensayo para hacer un informe de lectura. Esto es un encargo de un particular. Trabajo mucho con autores que llegan a mí a través del blog (anabustelo.com) y disfruto mucho trabajando directamente con ellos. Son muy agradecidos y siento que mi trabajo es útil. La semana que viene empiezo una colaboración que durará un año o dos con Santillana Educación. Voy a llevar una colección de libros pensados para ayudar al profesor a introducir temas importantes en sus clases, como la inclusividad, la homofobia, el racismo, etcétera. Con el sello MR, de Planeta, tengo también una colaboración que me gusta mucho con una colección juvenil. Mientras hago todo eso, intento terminar un libro de cuentos con el que llevo tres años, pero siempre surge algo que parece más importante. ¡Tengo que cambiar mis prioridades! Jajajaj.

 La verdad es que ya llevo muchos años trabajando como autónoma y me organizo bastante bien. Pero no  logro quitarme de encima la sensación constante de que «tengo deberes». Intento no trabajar los fines de semana, pero es muy raro que no me lea algo, que no revise un texto o no abra el correo. Además, si no trabajara los fines de semana no llegaría a fin de mes. Todo lo que hago está bastante mal pagado. Ni siquiera lo digo como queja, es un hecho.

Y más trabajo todavía...

Edito, corrijo y escribo para editoriales, autores particulares, y empresas. Cuando hablo de editar quiero decir que sugiero cambios en un libro: eliminar capítulos, tramas, personajes, etc. No es lo mismo que hacer una corrección de estilo y ortotipográfica. En este caso, puedo sugerir cambios, pero pequeños: reescribir una frase para tenga ritmo, cambiar un verbo que se ha repetido antes, etc. y corregir erratas, claro. Además, cambio cuestiones formales en Word, siguiendo los criterios de las editoriales. Cuando digo que escribo quiero decir que tengo clientes que me piden que escriba textos para su web, para hacer marketing, etc. Las editoriales a veces me piden que escriba informes sobre los libros para uso interno, pero también me pueden pedir un resumen para la cubierta del libro o un texto para su web. Con los autores particulares también hago todos estos trabajos.

Cómo ser autónoma y no morir en el intento

Una de las cosas que te decía antes: el trabajo no acaba nunca. Las editoriales y las empresas te contratan con prisas porque saben que utilizarás el fin de semana y ellos «ganarán tiempo» en su calendario enloquecido. Esto acaba siendo muy estresante. Hay que saber parar, pero es difícil porque el mundo de los libros no da mucho dinero, como también te decía antes. 

Por lo tanto, para pagar las facturas hay que trabajar más horas de las aconsejables para la salud. A esto se une que la cuota mínima que paga un autónomo en España está ya alrededor de los 300 euros al mes. (Yo pago 290). Es una barbaridad. Mi marido también es autónomo. De modo que todos los meses, hayamos tenido ingresos o no, pagamos 600 euros entre los dos. No tiene ni pies ni cabeza. 

Cuando digo esto, la gente se pone estupenda y me suelta charlas morales sobre las bondades de pagar impuestos. Creo que nadie me habrá oído decir que no tenemos que pagar impuestos. Lo único que pedimos la mayoría de los autónomos es pagar en función de lo que ingresamos, exactamente igual que cualquier persona que tenga una nómina. No creo que sea ningún disparate.

Puedes seguirla en

Su blog: anabustelo.com

Su twitter: @AnaBusteloT

Una entrevista sobre literatura infantil en el Blog Nido de ratones. 


(Ana Bustelo. Imagen tomada del blog Nido de ratones)

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