La extraordinaria vida de Muriel Spark

 


(Muriel Spark por Kate Boxer. London Gallery)

Si alguien se figura que el título de esta entrada es medio exagerado se equivoca del todo. Más bien podría añadir unos cuántos calificativos más a la vida de esta mujer, esta escritora, de la que se podían escribir unos cuántos libros, rodar varias películas y publicar miles de artículos. Una vida extraordinaria y, por lo tanto, apasionante. De modo que empiezas a merodear por sus libros y terminas zambullida en ella misma. Así es la cosa. No hace falta añadirle imaginación al relato, basta con los datos concretos y con el reguero de obras que dejó, algunas de ellas autobiográficas. Hace quince años que murió y las editoriales se la disputan. Saben que vende, que es una de las escritoras más leídas de este momento y así seguirá año tras año. Más de veinte novelas y otros tantos libros de poemas, cuentos, crítica literaria o biografías, avalan su trayectoria. Pero, además, está su vida. Esa que fue extraordinaria y que tiene mucho que ver con su obra. 


Esta foto de arriba es la única que he encontrado con su hijo, Robin, que nació cuando ella tenía solo veinte años y al que dejó en Rodesia (actual Zimbawe) cuando se separó de su marido, del que lo único que le gustaba era el nombre, que ella adoptó. El niño se crió en un internado de Edimburgo, tuvo siempre mala relación con su madre y acabó desheredado. Así que esta foto es uno de los pocos ejemplos de entendimiento madre-hijo. Ella nació como Muriel Sarah Camberg en Edimburgo, en el año 1918, y tuvo una buena educación, algo no usual en las niñas de entonces. Su padre era judío y su madre anglicana. Ella probó durante un tiempo el anglicanismo pero no le convención, así que se convirtió al catolicismo y en esta religión encontró su ancla definitiva. Su colegio de la infancia, la Escuela para niñas James Gillespie, tiene gran importancia porque a los once años una de sus maestras le despertó el interés por la literatura y ella siempre la tuvo como ejemplo de lo que una buena profesora debía ser. Así nacería más tarde el personaje de la señorita Brodie, el más famoso de cuantos creó. La maestra se llamaba Miss Christine Kay

El carácter de la chica Muriel era bastante independiente y quería dedicarse a la escritura y volar por su cuenta así que encontró una salida (errónea, como se vería después) en un matrimonio sin amor, con un hombre inestable emocionalmente y que vivía en el extranjero, en África nada menos. Con 19 años, en 1937, se casó con Sidney Oswald Park y se fueron a vivir a la antigua Rodesia, donde nacería su hijo Robin un año después. Ella aguantó aquella vida y con mucho esfuerzo según parece hasta el año 1944 y en ese momento dejó a su marido y se volvió a Gran Bretaña. En 1962 (el niño se quedó a cargo de sus abuelos maternos) ella se marcharía a Nueva York contratada por la revista New Yorker que le encargó artículos como solía hacer con otros grandes escritores, de modo que leer esta revista es un maravilloso ejercicio de inmersión literaria. Tampoco la vida en la gran manzana le parecía satisfactorio, ella quería otra cosa, quería tiempo para escribir a solas, tranquila, pues llevaba inmersa del todo en este mundo literario desde 1954, tomándose lo muy en serio. Le gustaba escribir pero no los ambientes literarios, de los que siempre hablaba mal, poniendo de manifiesto sus rencillas y envidias. Muriel no podía vivir a gusto en esta situación, lo que la llevó a Italia, y desde 1976, tras una estancia en Roma, la tenemos instalada en un pueblo de la Toscana, compartiendo casa con la pintora y escultora Penélope Jardine, que era una especie de secretaria y asistente para todo. 

La amistad de ambas duró treinta años, hasta el muerte de Muriel en 2006. Declaró a Jardine albacea de su obra y a ello se ha dedicado la artista, controlando la difusión y la publicación de las obras de Spark. Fue una curiosa unión entre dos personas que entendieron la convivencia como un remanso de paz en un entorno idílico. Además solían viajar en automóvil por gran parte de Europa. Sobre la biografía de Muriel se han escrito más cosas, como que fue empleada del Foreign Office en una oficina dedicada a crear rumores falsos para engañar a los alemanes. También dio clases particulares de inglés cuando llegó a Rodesia y fue secretaria durante un tiempo cuando era muy joven. Está claro que quería ser independiente y vivir de sí misma, algo bastante diferente a lo que solían hacer las muchachas en esos años. 



Muriel escribía siempre a mano, en cuadernos de espiral que recibía de Edimburgo, que emborronaba por una sola cara. Su actividad literaria fue constante y su éxito le reportó premios y distinciones que pudo disfrutar en vida. Algunas de sus novelas tienen un decidido aire autobiográfico, donde aparecen referencias a su propia peripecia y a sus problemas y preocupaciones, como, por ejemplo, las dietas de adelgazamiento que le trajeron más de un problema. Hay preciosas ediciones de sus libros en diversas editoriales en español, pues desde 1971 su obra puede leerse en nuestro idioma. En cuanto sus estudios literarios tiene un especial interés los que dedica a Mary Shelley y a los Brontë. De este último hemos dado cuenta en este blog, así como de la publicación de dos de sus libros: Las señoritas de escasos medios, en la edición de Impedimenta, y El asiento del conductor que publica en 2011 la editorial Contraseña. La última publicación que conozco de uno de sus libros en español es el que acaba de hacer la editorial La Bestia Equilátera de su obra Muy lejos de Kensington, donde aborda la preocupación por tener unos kilos de más en su protagonista. 



En su ensayo titulado "Las profesoras Brontë" (título inadecuado porque también habla del hermano, Branwell), Muriel Spark defiende la teoría de que, lejos de compadecer a los hermanos por tener que dedicarse a una ocupación que detestaban (la enseñanza) en lugar de dedicarse a su verdadera vocación (la escritura), habría que considerar el prejuicio que causaban a sus discípulos y sus familias, sobre todo porque, no solo tenían escasa disposición a ese trabajo, sino que trasladaron a su literatura (en una forma realmente clara y detallada) los supuestos sufrimientos que vivieron en sus respectivas estancias con las familias a las que debían servir como instructores de sus hijos. 




(Pre-Textos tuvo el acierto de publicar la novela que le dio la fama en 1961)

En cierto sentido, Muriel Spark fue una mujer muy moderna. Quiso dedicarse a la literatura por encima de todo y luchó para hacerlo de la manera más placentera y adecuada para ella. Se soltó de algunas ataduras que consideraba incómodas, no solo personales sino también profesionales. En este sentido, es un milagro que su alejamiento del mundo literario no la hubiera llevado al ostracismo, pero su obra siguió funcionando y las editoriales lo sabían. En Muy lejos de Kensington aborda temas muy actuales: La  señora Hawkins es una chica con algunos kilos de más que trabaja como editora (del mismo modo que Muriel tuvo que luchar contra cierta predisposición a engordar y fue editora de revista antes que nada, aunque a ella le parecía eso un trabajo burocrático más que otra cosa). Hawkins vive en una pensión de Kensington y padece de insomnio, de forma que mientras intenta dormirse llega a oír un grito y resulta que se trata de la costurera que vive en el primer piso y que es víctima de un chantaje. Como se ve, la cosa va de thriller. La costurera es polaca y se llama Wanda Podolak, por lo que siempre tiene miedo a ser deportada y mucho más desde que le llegan unos extraños anónimos en los que la acusan de no pagar impuestos. Los impuestos, todo hay que decirlo, para las personas que reciben ingresos miserables, son toda una entelequia. Entre las dos se establece una curiosa relación en la que la señora Hawkins es la consejera. La ironía y el ingenio de Muriel está aquí muy presente y también su empatía permanente con la gente que pasa necesidad, con los más pobres, porque ella misma lo fue y nunca pudo olvidarlo. En muchos de sus libros aparece este tipo de situación en el que la penuria económica se convierte en determinante de la existencia. 


Además de los libros ya mencionados, pueden encontrarse en español otros muchos, predominando los que son de misterio, de asesinatos, de costumbres y con referencias autobiográficas, además de la espléndida biografía que escribió sobre Mary Shelley y que publicó Lumen en 2005. Así, La Bestia Equilátera publicó Robinson en 2013 y Los encubridores en 2009. La editorial Impedimenta editó Los solteros en 2012 y Contraseña hizo lo propio con La Abadesa de Crewe en 2012, mientras que Plataforma editorial sacó Memento Mori en 2012 y la editorial Laia Merodeando con aviesa intención en 1988. 



Es importante saber que la novela que le abrió las puertas del éxito fue la segunda que publicó, en 1961, con el recuerdo de su maestra. El título original es The Prime of Miss Jean Brodie. Desde entonces todo le fue rodado. La editorial Pre-Textos tuvo el acierto de publicarla en 2006, con motivo de su muerte, y de reeditarla en 2010, siempre con la traducción de Silvia Barbero Marchena. 
En resumen, Muriel Spark es una autora imprescindible. Tiene un montón de libros donde elegir y puedes encontrar argumentos diferentes, sátira, ironía, hechos misteriosos, investigaciones policiacas y, sobre todo, personajes inolvidables. Si conoces su vida seguramente entiendas el porqué de su pasión por la literatura. Al fin y al cabo, escribir es vivir con palabras. 

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