William Holden: cuestión de genio

 


(William Holden y Audrey Hepburn)

Admiro a William Holden mucho más de lo que pueda expresar y desconozco el motivo, porque hay personas que tienen para ti un carisma especial y te atraen. Es una especie de enamoramiento, una fascinación absoluta que no tiene explicación racional. Pura química. No solo es un gran actor, sino que tiene todas las cualidades para desatar la emoción. Su físico es extraordinario: guapo, elegante, arrollador y con un aire de sinceridad impresionante. Los hombres que levantan pasiones, como Holden, no deberían desaparecer nunca. Pero el cine tiene la virtud de mantenerlos vivos y de mantenerlos jóvenes, de forma que es fácil su evocación. Así que he estado recordando algunas de sus películas, al hilo de ver, por primera vez, una que se me había pasado. Se trata de "Grupo salvaje" un extraordinario western de 1969, dirigido por Sam Peckinpah, que me ha entusiasmado. Los westerns suelen ser películas líricas, en las que bajo una capa de violencia se esconden sentimientos e ideas elevadas. Hay paisajes arrasados, héroes solitarios, mujeres solícitas y, sobre todo, épica, mucha épica. Este tiene tal belleza formal y tanta fuerza que me ha impresionado. Cuando se rodó William Holden tenía solo cincuenta y un años (había nacido en 1918 en Illinois), pero el director acentúa su aire cansado y su condición de ladrón fuera de onda. La vejez en forma de tristeza y de abandono de sí mismo. El grupo salvaje al que alude el título va de un lado a otro robando, sin familia, sin refugio y sin afectos. Ellos son lo único que tienen. Y por eso van a por todas cuando un estrafalario "general" mexicano tortura al más joven (y alocado) de sus miembros. Por eso avanzan en formación de cuatro (algo que luego homenajeará el gran Tarantino) para ir hasta su destino: morir a manos de los militares de ese extraño general, morir entre otros miles, morir sin gloria. 

La década de los cincuenta fue la más provechosa para Holden, lo que no puede extrañarnos porque es una de las más esplendorosas de la historia del cine, con tal número de películas de calidad que resulta imposible abarcarlas. El cine negro está entonces en su mejor momento, por ejemplo, y también el cine bélico, que recoge las historias sucedidas en la segunda guerra mundial. Bellísimas películas en blanco y negro, con guiones impecables y directores que saben su oficio. También, productores entrometidos y actores llenos de glamour. Holden inauguró la década, en 1950, con una obra maestra del director Billy Wilder, que trasladaba al celuloide la vida real de una diosa del cine venida a menos, Gloria Swanson. La película es "Sunset Boulevard" aunque en España se llamó "El crepúsculo de los dioses" y aquí Holden es un guionista en horas bajas que actúa de contrapunto inesperado y especial de los caprichos de la Swanson. Una especie de gigoló con mucha clase. En este momento el atractivo físico del actor estaba en su apogeo, algo que puede apreciarse en todas sus interpretaciones de estos tiempos, incluso cuando no "va de guapo". Por esa película recibió una nominación al Oscar pero lo obtendría unos pocos años después por otra película de Wilder, de 1953, que vi hace unos días y que permanece bastante escondida en su filmografía, a pesar de que tiene muchos valores y él hace una interpretación inusual en su carrera. Es un sargento americano preso por los nazis en un campo de concentración. La película habla de traición, como su título en español indica, "Traidor en el infierno" y narra la peripecia de un grupo de sargentos americanos que comparten miseria y humillaciones en un mismo barracón. No todos son lo que parecen y entre ellos hay quien se dedica a pasar información, por un ingenioso sistema, a los mismos carceleros, de manera que se frustran los intentos de fuga y se controla al milímetro a los prisioneros. El papel de cínico honorable le viene de perlas a William Holden. Aunque se dedica a vender productos a los alemanes, que no se sabe de dónde obtiene, la traición es algo que no contempla y, cuando es acusado, su aire jovial y su vida carcelaria pero casi divertida, cambia radicalmente. 

("El crepúsculo de los dioses", con William Holden y Gloria Swanson)


("Traidor en el infierno", película de 1953)


(En 1954 William Holden recoge su Oscar por "Traidor en el infierno". Su discurso de aceptación fue el más corto de la historia. Dijo simplemente: Thank You)

También de 1950 es otra película encantadora, con la mano ingeniosa de George Cukor, el gran director de mujeres, titulada "Nacida ayer", con la inteligente y poderosa Judy Holliday. Aquí la historia nos trae a una analfabeta novia de poderoso gángster que debe ser educada por un periodista bastante tímido y con poca gracia aparente, que es el papel que hace Holden, con sus gafas de pasta negra que le dan un aire delicioso. Hay un remake protagonizado por Melanie Griffith y Don Johnson, que no le llega a la altura a este clásico. Un papel muy diferente es el que representa en un thriller económico que me gusta muchísimo y que suelo ver de vez en cuando, como hago con algunas películas. Es "La torre de los ambiciosos", del año 1954, con la dirección de Robert Wise y un extraordinario reparto en el que están June Allyson, como la esposa de Holden; Barbara Stanwyck, en un papel muy curioso de rica heredera depresiva; Fredrich March y Walter Pidgeon, dos geniales actores como dos de los ejecutivos que compiten. Aquí Holden es un ingeniero y ejecutivo de una gran empresa que vive las luchas por el poder a la muerte del presidente de la empresa. Las intrigas en las plantas de los ejecutivos y las diferentes concepciones a la hora de dirigir son la base de la película, no exenta de un toque de idealismo. 

"Picnic" es una película inclasificable pero en la que todos podemos coincidir a la hora de afirmar la extraordinaria química que se establece entre los dos protagonistas: Kim Novak y William Holden. La búsqueda de un buen partido por parte de la chica, su belleza y sensualidad, tendrán la contrapartida de un Holden que no escatima encantos, dando lugar a escenas de alto voltaje y exhibición de emociones fuertes. Joshua Logan la dirigió en 1955 y es una de las películas más estimadas de las que rodó el actor y también la protagonista, que tiene una presencia imponente. Ambos gozan de una maravillosa fotogenia. A ella la vemos en importantes papeles en "Vértigo", o en "Bésame, tonto", pero en ninguna de ellas tiene esta inocencia mezclada con picardía. 

("Picnic", de Joshua Logan, con Kim Novak. Sensualidad a raudales)


("La torre de los ambiciosos", en un descanso del rodaje, Holden y June Allyson)


("Nacida ayer", 1950, con la gran Judy Holliday)

Una de sus últimas películas (el actor murió en 1981 de una caída accidental en su apartamento, cuando tenía sesenta y tres años) fue "Network", de 1976 y dirigida por Sidney Lumet, uno de los directores de la nueva generación de Hollywood, la de los setenta. Es una amarga historia centrada en el mundo de la comunicación, en concreto de la emergente televisión, donde la lucha por las audiencias es el principal elemento. Nada nuevo en relación con lo que ocurre ahora mismo. Aunque parezca raro, esta película complementa en negativo otra que es reciente y que habla de lo que el periodista debería hacer por su código ético: una información veraz sin contar con cuánta gente te escucha o te ve. Me refiero a "Buenas noches y buena suerte". En "Network" están Faye Dunaway y Peter Finch en papeles increíbles. Y el fotograma que he elegido para ilustrarla tiene la virtualidad de que en él aparece Holden riendo. La risa era una de sus principales armas. Si puedes verlo reír en una película verás cómo gana muchísimo. 


("Network", 1976, la sonrisa de Holden, aquí con Faye Dunaway)

William Holden pertenecía a una familia acomodada y tuvo una buena educación universitaria. Pero, además, tenía una elegancia natural, que era fácilmente visible con su imponente físico y su estilo personal. Sin embargo, no quiso ser el clásico guapo de quien se espera solamente que conquiste a las chicas. Tenía aspiraciones en otro sentido. La lucha de los "guapos" por demostrar lo que valen en el cine daría para un par de libros. Nos puede parecer una frivolidad por su parte pero en realidad es comprensible. El carisma de Holden es indudable, por eso hay tanta gente que lo adora. Tiene un algo especial, algo propio y nacido algo que no se puede impostar. Es lo que distingue a unas personas de otras, una facultad para transmitir y comunicar que los convierten en figuras extraordinarias. Su fotogenia, de la que ya he hablado, era también un elemento fundamental para entender su éxito. Sus películas, que fueron muchas aunque no de todas estaba orgulloso, son una fuente constante de buen cine. No hablaré de su vida privada y sus problemas. Eso le pertenece. Para nosotros está su cine. 



Ay...

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