La historia de Felipe González del Pino

 


En esa historia sin escribir que recoge la vida y la obra de las personas que se convierten en invisibles, por no sé qué extraño fenómeno de la vida, aparece gente como Felipe González del Pino, el maestro depurado que, cuando no pudo ejercer en las escuelas, siguió inventando e inventando, buscando siempre la forma de que los niños adquirieran el tesoro más preciado y el más rentable: la lectura y la escritura. Añado también el cálculo, porque los números tienen su papel en el método que creó y que llegué a aplicar en dos ocasiones. Las dos sagradas ocasiones en las que tuve ocasión de enseñar a leer. Y afirmo que no hay ningún otro momento educativo que lo supere. Ni cargos, ni honores, ni jefaturas, ni medallas: enseñar a leer y escribir, es, sencillamente, el momento culminante. Muchas personas que son docentes no lo conocen, pero es una verdadera lástima. Después de eso nunca vuelves a ser el mismo maestro. 

Si buscáis en Google a Felipe González del Pino solo encontraréis dos referencias, quizá tres, pero ninguna es biográfica, ni detalla nada de su vida y obra. Aparece el agradecimiento de una profesora porque ha usado un método adaptado del suyo, otra referencia a una entrada que le dediqué en mi blog en 2010 y esta carta, de la biblioteca nacional de Chile, porque forma parte de la correspondencia de Gabriela Mistral que fue donada a esa institución. La carta la escribió a máquina en 1948 el propio Felipe González del Pino y no sabemos si fue respondida o no. En todo caso, es una carta maravillosa, entrañable, que dice mucho de la personalidad de este hombre. 

"Querida compañera: No se extrañará de que sin conocerla personalmente la trate con esta familiaridad, en cuanto sepa que soy maestro de escuela..."

Felipe González del Pino era, efectivamente, maestro de escuela, la forma de denominar entonces a la profesión. Como consta en el Archivo General de Alcalá de Henares, AGA, fue depurado y la anotación está en el legajo 341, expediente 19. No se pueden consultar online los documentos, de modo que no conozco lo que dice en concreto, pero forma parte de los casi sesenta mil maestros que sufrieron la misma suerte. La carta a Gabriela Mistral está fechada en 1948 y entonces ya no podría ejercer de maestro, aunque este dato no puedo contrastarlo. En la carta refiere que también es músico y que está trabajando con poemas para ponerles música. Entonces menciona a algunos poetas: Machado, Unamuno, Lorca, Juana de Ibarborou, Villalón, muy conocidos y también habla de otros dos a los que no conozco y que eran, según dice, jóvenes sevillanos muy valiosos. Son Infantes Florido y Álvarez Heyer. 

Puestos a buscar quiénes son estos dos jóvenes valiosos, de los que habla muy bien el maestro y de quiénes dice que hacen canciones y poemas, resulta que estamos hablando de dos personas muy conocidas. De ellos sí tenemos datos y están recogidos en diferentes páginas web y sitios de internet. Ellos están ahí mientras que Felipe González del Pino, que los avalaba en esa generosa carta, ha caído en el olvido. Curiosa situación. 

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