El hombre al que amo está comprometido

 


Como era corriente en la época "Sentido y sensibilidad" fue publicada en tres volúmenes. El inicio del volumen II nos muestra el conflicto que siente Elinor Dashwood ante la situación creada por su amor, correspondido, por el señor Edward Ferrars. Este sentimiento nació, a mi entender, cuando él se mostró tan comprensivo, cariñoso y atento ante la situación de Elinor y su familia en Norland. La muerte de su padre las había dejado indefensas y solo con la protección de su hermanastro, John, el heredero de la fortuna e hijo de un matrimonio anterior. Esta red de lazos familiares era usual en la época. Los segundos matrimonios eran corrientes, tanto porque morían muchas mujeres en el parto y porque los hombres se pasan guerreando casi cuarenta años. De modo que las cuatro mujeres, la madre, Elinor, Marianne y Margaret, tienen que vérselas con un John que no es capaz de respetar la promesa hecha a su padre, ayudado efusivamente por su propia esposa, la hermana de Edward, Fanny, que le quita de la cabeza hábilmente, en un diálogo magistral, la idea de que tiene alguna obligación con ellas. Tanto es así que el hombre, débil y sin personalidad, a la par que bastante avaro, termina pensando que serían ellas las que deberían ayudarle a él. Una muestra de mezquindad retratada extraordinariamente. 

Pero, sea como sea, el amor que sienten los dos jóvenes, Elinor y Edward, está condenado a no poder culminar porque él, en su juventud, se comprometió con otra señorita, Lucy Steele, con cuyo tío estaba acogido como tutor el joven Ferrars. Un hombre de honor nunca incumpliría un compromiso y, desde luego, ella, Lucy, prototipo de mosquita muerta, no está dispuesta a que eso ocurra. Por eso intenta ponerse de su parte a la propia Elinor, sabedora de que esta tampoco se haría ilusiones con un hombre comprometido. La tela de araña ha hecho su efecto. Ellos se quieren pero su amor es imposible. Además, Lucy comete la crueldad de pedirle a Elinor que no cuente a nadie el secreto, lo que convierte en aún más hermética la relación de la muchacha con la hermana que debía ser su confidente. Ya sabemos que las penas de amor se alivian hablando. Pero, como se cuenta en este inicio del volumen II, Elinor se callará lo que siente, no contará a nadie el problema y disculpará a Edward, incluso lo compadecerá pues considera, con razón, que es a ella a quien quiere. Una grandeza de miras que dibuja a un personaje de una pieza, quizá uno de los moralmente más interesantes de todos los que Austen describe. Tanto, que nos olvidamos de que es una joven muchacha la que lo representa. 


Además del Charles de "Cuatro bodas y un funeral" y del ahijado de Lord Darlington en "Lo que queda del día", este papel de Edward Ferrars es uno de los que más aciertan con la definición del personaje por parte del actor que lo ha interpretado, Hugh Grant. Ferrars es tímido, indeciso, apocado pero, sin embargo, también es generoso, honesto y tierno. Todo ello en conjunto enamora a Elinor. Hugh Grant, con ese andar cansino, esos gestos dubitativos, el tartamudeo y el gesto huidizo, compone de forma ajustadísima un papel que es un reto. Resultar atractivo en comparación con otros tipos masculinos de la autora, como Darcy y Knightley, es muy difícil, por lo que esta especie de antihéroe encaja muy bien con lo que la novela quiere expresar. Como ocurre en otras novelas de Austen, los personajes masculinos son varios y tienen interés. En "Orgullo y prejuicio" están Darcy, Bingley, el señor Collins y el señor Whickham. En "Emma" aparece el señor Knightley, el señor Elton, Frank Churchill y John Knightley entre otros más maduros. Y aquí hay dos formidables oponentes: el coronel Brandon y el malvado e interesado Willoughby. 

La postura de Elinor, pues, es la de una muchacha que mantiene la dignidad y el decoro en todo momento, incluso cuando está destrozada por la evidencia de que su amor no se va a poder realizar nunca. Y esa compostura la lleva a mostrarse casi indiferente, aunque no nos engaña y tampoco engaña a su hermana Marianne ni creo que engañe a Edward. Se trasluce una cierta sensación de derrota, un aire de tragedia, que no pasa desapercibida. Resulta muy curioso e interesante, no es ninguna casualidad, que se venga abajo, precisamente, cuando descubre que, al fin, lo que tanto ha deseado va a cumplirse. De esa manera, al final del libro, ambas hermanas habrán experimentado una transformación real, habrán culminado un camino de aprendizaje que las llevará a suavizar sus defectos y a ampliar sus virtudes. Elinor será menos reservada y Marianne será más comedida. Don Quijote y Sancho, of course. 


Hablo aquí de varios libros de Jane Austen: Sentido y sensibilidad, Orgullo y prejuicio, Emma. 
Asimismo de la versión cinematográfica de Sentido y sensibilidad, dirigida por Ang Lee en 1995, e interpretada, en sus principales papeles, por Emma Thompson (también guionista de la película), Kate Winslet, Hugh Grant, Alan Brickman y Greg Wise. 

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