El erróneo color de las horas



Si algo enseña el paso del tiempo, si algún aprendizaje se deduce de ese sumar días y días, es el sabor de los errores, lo equivocados que estábamos, que estamos, que estaremos. Cualquier ocasión es buena para demostrar que, de cien veces, noventa actuamos de una forma que nunca elegiríamos tiempo después. Si hay gente que piensa todo lo contrario, porque acierta, es para darle la enhorabuena. Ha tenido la suerte de acertar cuando todos los demás erramos. La vida es una suma equilibrada de errores y certezas. Los primeros son más numerosos que las segundas, aunque tienen la característica de que, con el paso del tiempo, los unos bajan en número y las otras aumentan. Ventajas de la vida en sí misma. Los mayores errores están, seguramente, en lo que se refiere a tomar decisiones. Este trabajo por el que me desviví, esa persona a la que adoré, esa otra por la que sufrí, ese tiempo que gasté llorando por no tener o no poder, esa esperanza que se desvaneció después de tanto esfuerzo...Hay quien dice que no se arrepiente de nada. Me parece imposible. Arrepentirse es tanto como reconocer que te equivocaste y que actuaste sin tener todas las cartas en la mano y, por tanto, casi en el aire, casi sin saber por qué ni cómo. El paso del tiempo moldea los errores y podemos perdonarlos, incluso convertirlos en alegre historia, en anécdota o en aprendizaje. Pero están ahí y sería como darse la vuelta y no mirar para nada el espejo de la vida. 

Hablando de errores caí en estas fotos de Vivian Maier, esta vez en color. El color de Vivian Maier es un anacronismo en su obra, una forma de decir que ella también podía. Su extraña vida, que podéis encontrar por ahí, es una mezcla de errores y fracasos, de los que, la suma, se convierte en logro, en éxito. Pero un éxito que no da la fama y que te mantiene huraña y sola toda tu vida. Solo sus fotografías dan muestra de una vitalidad desconocida para todos y sus colores afirman que, aun estando equivocada, sabia lo que hacía. 




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