El armario de los juguetes invisibles


(Foto: Horst P. Horst)

Ahora que el tiempo ha decaído en otoño, mientras el sol se esconde durante algunas horas y el cielo se pone gris brillante, es cuando miramos desde la ventana para contemplar a los niños que se visten de disfraces y, en lugar de comer castañas asadas, chupan caramelos con forma de calabaza. Es el signo de los tiempos y quejarse de ellos es envejecer más allá de lo que el calendario afirma. 

De noviembre a diciembre se siembra la nostalgia y en enero culmina el ciclo con la noche de reyes. Cuando todos los recuerdos han caducado, este de la noche de reyes sigue teniendo el lugar central en la memoria, porque no hay como haber jugado con un artilugio cualquiera para tenerlo presente. En los paquetes de papel de la hamburguesería a la que algunas veces encargamos la cena (volviendo así a jugar como cuando éramos niños) siempre hay pegatinas, estampas y muñecos que nos recuerdan los tiempos en el que todos, absolutamente todos, éramos más niños que adultos. Y ese fondo de niñez lo representan los juguetes más que ninguna otra cosa. 

Los primeros grises del verdadero otoño llegan en los días de tosantos. Es una regla que siempre se cumple, más allá del cambio climático y del desorden de las estaciones. A final de octubre, sin que podamos detenerlos, aparecen los vientos, las lluvias, las nubes y el primer frío. En estas latitudes, tan cálidas, es una aparición imperceptible, como un secundario que aborda el texto desde el final del escenario. Pero es una verdad incontestable y vamos entonces a mover un poco los armarios porque, definitivamente, esos vestidos sin mangas tienen que esperar otra vez unos meses. Más allá de la ropa de vestir, así la llamo en plan antiguo, es la de estar en casa la que tiene un significado más profundo. Batitas sin mangas en verano, camisetas en primavera, y, para otoño e invierno, pantalones con corazones, lunares  y rayitas, sudaderas envolventes y zapatillas con cabeza de osito. Un festín para enjugar el frío que no existe siquiera. 

Comentarios

Juan Antonio I. ha dicho que…
El arte de capturar en unas lineas lo que la gran mayoría tenemos en mente pero no expresamos ...y esa sensación que queda al leerlas de complicidad, asentimiento...

Como dirían los sabios de nuestra tierra : "¡eh verdá!"
Caty León ha dicho que…
Abrazo Juan Antonio

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