"Amar y ser sabio" de Josephine Tey

 


¡Qué genial es siempre Josephine Tey! Y ¡qué suerte tenemos con que la editorial Hoja de Lata esté publicando todos sus libros! Me encanta el inspector Grant, su estilo tan especial, su original forma de resolver los problemas. Un detective atractivo para variar, aunque mi querido Poirot y mi querida Marple están siempre en el pódium. 

Estamos ante un nuevo misterio elegante que Tey resolverá con sus armas habituales: ironía, sentido común y originalidad. Alan Grant se encuentra esta vez en el centro del conflicto: una casa bohemia, un pequeño pueblo, un fin de semana en compañía de artistas, invitado por su gran amiga Marta Hallard. En "La hija del tiempo" ese genial libro casi histórico que la editorial publicó antes que este, Marta será responsable de que la convalecencia de Grant se anime y, de paso, nos resuelva algunas cosas que la historia tenía pendientes. Aquí la cosa es más llevadera, aunque también interesante. El mundo del artisteo da para mucho y hay un tipo que va a concitar las miradas de todos los que lo rodean: Leslie, el americano. Leslie Searle es fotógrafo, guapísimo y rodeado de ese halo especial que tiene la gente carismática así que ¿qué hay detrás de su desaparición? ¿Qué ha ocurrido con Leslie, quién está implicado en el asunto, qué historia se teje en todo esto? Está claro que Alan Grant siempre tiene trabajo, incluso cuando descansa. 

Si te animas a leer a Josephine Tey en este blog encontrarás noticias de otras obras suyas que ha ido publicando la editorial Hoja de Lata, con preciosas portadas y estupendas traducciones: En "Un chelín para velas" el ámbito de la historia es el de las celebrities. Hoy día habría un amplísimo campo para desarrollar novelas en el mundo del famoseo, aunque con una considerable pérdida de glamour, todo hay que decirlo. Pero la víctima de no se sabe quién es aquí nada menos que una famosa estrella de La Meca del Cine, y, alrededor de ella, toda una galería de personajes a cual más atrabiliario. Claro que Grant no estará solo en sus pesquisas ("pesquisa", qué excelente palabra esta, tengo que usarla más), sino que Erica Burgoyne, a la sazón hija del comisario local de Westover, saldrá en su ayuda. El libro se adaptó al cine. Lo tomó Hitchcock en su primera época y lo tituló "Inocencia y juventud", un nombre la mar de austeniano. 

En "El caso de Betty Kane" el protagonista es Robert Blair, un abogado formal, ceremonioso, cuarentón, buena persona, anclado en una vida rutinaria, tanto a nivel profesional, en una firma "de toda la vida", como en su vida personal. Vive con su tía Lin y todo está perfectamente organizado, tanto las compras domésticas, como la tarta de manzana, como las cenas y la vida social. Juega al golf, charla con sus amigos, atiende a sus clientes, nada del otro mundo. A un hombre así hay que complicarle la vida con un caso legal enrevesado y pintoresco al mismo tiempo. Y eso hace Josephine Tey porque le pone por delante a las dos mujeres más exóticas y particulares que pueden hallarse en esas campiñas inglesas. Una madre y una hija, las Sharpe. La señora Sharpe es una anciana inteligente y tenaz. Marion Sharpe, la hija, es especialmente luminosa y tiene unos bonitos ojos grises. Parece una gitana con sus pañuelos de colores al cuello y su tez morena, recalca la autora. Ay, qué difícil debe ser resistirse a esta escéptica espontaneidad si uno es un tipo inglés convencional y falto de emociones. 

Articulada en 22 capítulos "La señorita Pym dispone" comienza cuando esta antigua profesora de francés, soltera, de mediana edad, dotada de un especial sentido del humor, convertida en una escritora popular gracias a un libro de psicología de andar por casa (hoy diríamos "de autoayuda"), amanece en un dormitorio de una escuela de educación física para chicas que se ubica en la campiña inglesa. Es la elitista Escuela de Educación Física Leys, situada en un pueblecito pintoresco y con un marco cronológico fijado en los años cuarenta del siglo XX. 

"Patrick ha vuelto" trata la temática de la suplantación de personalidad que no es original y se ha plasmado en muchas novelas y películas. En este caso, el entorno cerrado en el que se mueven los personajes le da un carácter de vida cotidiana en la que cualquier tropiezo puede generar dudas e incertidumbres. Lo más curioso de todo es la inserción de un chico norteamericano en el seno de una familia inglesa típica. El punto de vista desde el que Patrick/Brat observa los acontecimientos, las costumbres y el devenir de los días en una familia conmocionada por el descubrimiento de que perdido hermano está vivo, es el de alguien extraño en todos los sentidos y el de alguien que tiene que comportarse de forma que no se levanten sospechas. Pero sabemos que esto no es posible.

En "La hija del tiempo", el inspector Alan Grant, de Scotland Yard, ha tenido un accidente durante el transcurso de un servicio policial y se ha caído por una trampilla. De resultas, se encuentra hospitalizado en Londres, con una pierna fastidiada y una inmovilidad molesta que lo tiene bastante aburrido. El aburrimiento es el gran enemigo de la gente como Grant, acostumbrado a una potente actividad física y mental. Así que una de sus amigas, la actriz Marta Hallard, le sugiere que se dedique a entretenerse con un tema que a él le gusta mucho: las caras. Grant es un experto en caras y es capaz del averiguar por el rostro y el gesto si alguien es un delincuente. Marta Hallard le lleva al hospital unos retratos entre los que Grant se fijará especialmente en el de un hombre, Ricardo III, el último Plantagenet, sobre quien pesa una historia desgraciada: el asesinato de sus dos sobrinos. Por mucho que lo mira, no es capaz de ver en él a ese ser despiadado y criminal del que se viene hablando siglos. 

Josephine Tey es una de esas desconocidas escritoras que, afortunadamente, han llegado a nuestras estanterías a través del trabajo y la intuición de una editorial independiente. Merece la pena leerla, leer sus libros y disfrutar con ellos. Un disfrute basado en la inteligencia, el ingenio, un estilo literario pulcro y elegante (otra vez la palabra) y personajes encantadores. 

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