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Mostrando entradas de agosto, 2021

Los mares de Austen

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Cuando era una adolescente , sabiendo que mi familia por ambas partes era muy extensa y estaba repartida por diversos lugares de España y el mundo, decidí conocerla. Tomé la decisión en plan aventura y una aventura fue porque me permitió conocer a personas muy especiales y visitar lugares espléndidos. Algunos de esos lugares estaban junto al mar y para otros había que internarse en paraísos escondidos. La ruta del descubrimiento llegaba a Ronda, La Carolina, Madrid, Bilbao, Barcelona, Murcia y saltaba hasta Irlanda, al condado de Clare, y llegaba hasta Italia, a la zona de las Marcas, a Fermo. Otros estadios intermedios y ya conocidos completaban un mapa estimulante y lleno de interés para una jovencita deseosa de salir de su entorno cercano y contemplar el mundo. Algo así como lo que hace Charlotte Heywood.  Recordaba esto pensando en el significado que tiene el mar para Jane Austen , para su vida y para su obra. Este pensamiento vino, a su vez, del revisionado de "Sanditon"

Cura de salud en Bath

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  En el mes de mayo de 1799 Jane Austen estuvo en Bath con su hermano Edward y su esposa. Allí permaneció el grupo durante unas seis semanas, en una casa alquilada en Queen Square. Jane tiene por Bath una especie de sentimiento de amor-odio. No deja de aparecer en sus novelas, aunque siempre con una crítica soterrada al ambiente frívolo y superficial que allí se disfrutaba. También en su vida, porque, tras la jubilación de su padre, la familia se instala allí. Solamente forman parte de ese núcleo familiar los padres y las dos hijas, Cassandra y Jane , por lo que se abre una etapa diferente a la rural que hasta entonces y durante veinticinco años de su vida, había tenido. La etapa de Bath abre interrogantes en su forma de ver el mundo y en su obra. Es una especie de frontera. Ha dejado de ser una jovencita y tiene que pensar con seriedad en qué hará con su vida. En realidad, la vida de todas las mujeres estaba predeterminada, sobre todo en su clase social, que no tenía ni dinero ni po

La prima Eliza

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  Anna Sophia Alexander Robertson. Pintura de James Peale, 1816.  El bloqueo francés del Reino Unido provocó cambios importantes en el Hampshire rural en que vivía Jane Austen. Ella tenía trece años al estallar la Revolución Francesa y vio como el país se mantuvo en guerra contra Francia hasta sus treinta y nueve, es decir, el espacio cronológico que ocupa entre 1789 y 1815. El precio de los cereales se elevó, aumentó la presión a los terratenientes para que llevaran a cabo el cercado de los campos y para que fertilizaran el suelo e impidieran el paso a las personas y animales que antes cruzaban por ellos libremente. Esos crecimientos supusieron una modificación de la vida rural. No era tan solo levantar una valla, sino que también afectaba a la condición legal de la tierra y a los antiguos derechos a pastos o a explotación. Todas estas novedades económicas y sociales las conoció Jane Auste n directamente porque su vida transcurría en un entorno rural. A la familia, el comienzo de la

La historia de Manydown

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  El 31 de diciembre de 1797, día de la boda entre la prima Eliza y Henry Austen, ya solo quedaban solteras en la familia Cassandra y Jane. George tampoco se casaría nunca, pero no contaba debido a su enfermedad. Ellas tenían en ese momento veinticuatro y veintidós años respectivamente. Dado que a los diecisiete las chicas ya estaban en edad de casarse, puede decirse que el reloj avanzaba peligrosamente para ellas. Esto indicaba que los padres tenían que seguir proveyendo sus gastos, lo que puede considerarse como una carga a esas alturas. Cassandra disponía de recursos propios, con la renta anual que le proporcionaban las mil libras que le dejó su prometido Tom Fowles, muerto en alta mar por unas fiebres cuando navegaba como capellán con la Royal Navy. Pero Jane no tenía ingreso alguno. La vida en Steventon, muy bien organizada y sin escasez, suponía una serie de gastos a los que se añadían los personales de cada una de las hermanas (ropa o viajes por ejemplo). Y el señor Austen estab

Susan y Eliza

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    Hay quien sostiene que el personaje de Lady Susan Vernon está inspirado en la prima hermana Eliza, hija de una hermana del señor Austen, Philadelphia.  Philadelphia se casó con Tyson Hancock y de esta unión nació Eliza , el 22 de diciembre de 1761, en Calcuta. Sin embargo, siempre corrieron rumores de que, en realidad, el padre de Eliza era el gobernador general de Bengala, señor Warren Hastings. Estos rumores se veían confirmados con el detalle de que Eliza llamó Hastings a su hijo y también con el fideicomiso de diez mil libras que le asignó el propio gobernador a Eliza.    Eliza se casó en 1781 con Jean-François Capot de Feuillide, que decía tener el título de conde, con el que tuvo a su único hijo. El matrimonio acabó trágicamente porque Capot fue guillotinado en 1794. Por su parte, Lady Susan Vernon es una viuda muy atractiva, con gran poder de seducción y notable inteligencia, madre de una adolescente a la que trata fatal. Lady Susan está mal de dinero y debe recurrir a div

"Tras los pasos de Jane Austen" de Espido Freire

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  Este es un dibujo que recrea la rectoría de Steventon, donde nació Jane Austen el 16 de diciembre de 1775, a los diez meses de gestación. Su madre, Cassandra Leigh y su padre, George Austen, tenían ya otros seis hijos. Después de Jane nacería otro más, sumando en total ocho. Esta es la primera parada del libro y recrea la parte correspondiente a su nacimiento e infancia, además de su juventud hasta los veinticinco años, con diversas idas y venidas hacia otros puntos de Inglaterra, bien por vacaciones, bien para visitar a algunos parientes, cosa habitual en la época.  En esta imagen aparecen las casas en una de las cuales vivió Jane Austen en Bath. No fue la única morada. Estuvo allí de vacaciones a veces y vivió de forma permanente durante unos años cuando su padre se jubiló y decidió establecerse allí, dejando atrás el campo y la rectoría a cargo de su hijo mayor, James, también clérigo. De modo que en Bath vivió ella durante varios períodos de su vida, cambiando la tranquilidad cam

¡Si pudiéramos ir a Brighton!

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  (Fotograma de "La joven Jane Austen", 2007) ¡Si pudiéramos ir a Brighton! La frase de la señora  Bennet resuena en el saloncito de diario de Longbourn . Acaban de enterarse sus hijas de que la milicia se va de Meryton y conocen lo que eso significa: no va a haber ni un solo casaca roja en los próximos bailes. En realidad, quién sabe si habrá bailes, teniendo en cuenta la escasez de hombres jóvenes... ¡Pobre Lydia! Todo su quehacer, a falta de otras tareas más instructivas, se basa en atisbar la posibilidad de encontrar pareja para el baile o para el paseo, además de mirar escaparates en busca de sombreros. Incluso puede comprar un sombrero muy feo, porque, total, ya lo arreglará más adelante. Esa es Lydia Bennet, la cabeza de chorlito más famosa de todas las novelas de Jane Austen.   Lydia es el ejemplo claro de que la juventud y el atractivo no sirven de nada sin sentido común. Eso es lo que piensa Jane Austen . El desasosiego de Lydia se debe a que no se distrae con

Derramaré mis sueños

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(Pintura: Mary Jane Ansell) Si no llega esa tarde en que la dicha traspase mis sentidos, en que arrebatada en un temblor reconocible hallaré tus respuestas, tendré que recoger los pedazos dispersos de mi vida y convertirla en eco oculto, algo que nadie reproduzca ni interprete. Si al fin encuentro que todo es un deseo sin fondo, una quimera escrita que a nada me conduce, entonces derramaré mis sueños y no estarás en ellos. Te marcharás de igual manera que llegaste. En silencio y sin que invoque para nada tu nombre. Como una presencia única, inmarchitable y fértil, pero ajena a mi voz y a mis sentidos. No buscaré otra prórroga ni intentaré engañarte ni engañarme. No lloraré cuánto de inútil es quererte. Solo tendré memoria para el tiempo en que mis ojos y tus manos estuvieron a punto de encontrarse. Nada de ti, seré. Al fin, ya nada soy.  (Título: Verso de "Si tú no estás", Rosana)

Corazón en cenizas convertido

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(Pintura. Mary Jane Ansell) Un día se acercará y con palabras nuevas, gesto nuevo y una nueva ilusión en su mirada, me contará el secreto que no podrá ocultar, que no querrá callarse: Me he enamorado, al fin, ya soy como querías, un hombre generoso. He conocido a alguien. Me sonreirá sin verme y moverá las manos, las alzará con un tono diferente y parecerá un actor que representa su mejor función después de mucho tiempo. Yo imaginaré en su dulce alegría a la hermosa mujer que yo nunca seré y mi alma se convertirá en cenizas poco a poco. Entonces sentiré que un puño helado me aprisiona y oleré la feroz humedad que, en mis ojos,  congelará las lágrimas. Me entenderé a mí  misma sin hablar y notaré que el miedo que anunciaba tenía razón de ser, que no existían quimeras en el sueño agitado de las noches. Ese día se nublará para siempre la luz que ahora me alumbra y rezaré oraciones perdidas y buscaré en cualquier cosa un motivo, lo que sea, algo que me levante de la ca

La pasión es una pregunta sin respuesta

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(Mary Jane Ansell. Pintura realista) No hay palabras de amor. Se desparraman gestos, se desvelan noticias, se desarman impresiones equivocadas, se desmenuzan ideas, se comparten antiguos retratos y se esquivan heridas. No hay palabras de amor. No risueñas despedidas que anuncian besos en el aire. No hay ese tic-tac que se mueve en el estómago, como un pequeño ángel que nunca antes hubiera habitado en la Tierra. No, esa dulce sensación de la piel que trasmina, del aroma del hueco de las manos, del asombroso movimiento del cuello. No hay palabras de amor. La pasión es una pregunta sin respuesta. Y, día tras día, la lluvia cae inmisericorde, lava el sentimiento, despoja los sueños de esperanza y todo termina siendo una inmensa riada de soledad sin nada que decir. No hay palabras de amor. Y el amor se convierte en una melodía absurda, en una futura mentira. Debería existir una salvaguarda para que la ternura no arrase los sentidos cuando las palabras de amor son un fantasma sin cu

El relato pictórico de Mary Jane Ansell y un libro de Banville

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Las pinturas de Mary Jane Ansell (Shropshire, 1972) están pidiendo a gritos un relato. Las miras y captas solamente un instante, pero sabes que, antes de eso, han pasado cosas y que seguirán pasando hasta llegar a un desenlace desconocido. En este blog aparecen en algunas entradas precisamente así, convirtiendo en un espejo hechos que, de otra manera, no surgirían quizá o serían diferentes. En el último libro publicado por John Banville (Wexford, Irlanda, 1945) la portada es una de esas pinturas. Representa a una mujer de espaldas, con el pelo recogido en un moño, bien peinada, vestida apenas con un finísimo vestido blanco del que se aprecia solo un tirante. En torno del cuello hay unas manos, que bien podrían ser de otra persona, un hombre, o de ella misma. En todo caso, las pinturas de Mary Jane Ansell representan en muchas ocasiones a las mujeres de espalda, ofreciendo su cuello, su cabello y su silencio, al espectador.  Ansell es una pintora figurativa, cuyo estilo r

Lo maravilloso

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(Pintura: Mary Jane Ansell) H ay gente que trae consigo la palabra. Y otra gente que trae el vacío. Pero, en realidad, soy yo la que adjudico letras, frases y vocablos a todos vosotros, el mundo. No existe lo que veo salvo en mí, soy mi propio juez, la persona que etiqueta, que aplaude o silba esta representación, a ratos improvisada y otras veces con un guion escrito de antemano, que es la vida. E n ese concierto, cuyo director se ausenta cada vez que otro asunto le concierne, le asigné a él (siempre hay un ÉL, aunque no lo expresemos) un papel cenital. Le di el don de regalarme alegrías y de levantar mi espíritu. Le otorgué la capacidad de la tristeza y la huida. Le dibujé con los trazos más exactos, ajustados, livianos y tiernos, que mi propia imaginación oculta. A ese ÉL (como ocurre tantas veces) le concedí demasiada importancia, demasiado poder, demasiada partitura en el conjunto de mi música de fondo. Y a esa extravagante ocurrencia, dictada por no se sabe q

Al otro lado de la calle

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  Un septiembre cualquiera. Los septiembres son los meses que abren las puertas del amor. No pueden hacer otra cosa. Significan el comienzo y el final. Hay cosas que terminan y otras que nacen nuevas. Es el mes de la indefinición. Nos confunde. El septiembre cualquiera estaba la plaza casi vacía y estaba casi vacío el café y había un aire de misterio en todo, de forma que, si posabas la mano sobre el sillón de mimbre, la electricidad te convertía en ave. Volabas. Al otro lado de la calle estaba él. Venía andando a buen paso, pero con elegancia, como si toda la vida se hubiera preparado para ese único momento. Cruzar la calle, pararse en el semáforo, sortear un seto apagado y llegar delante de ti, sonreír un poco, no demasiado, hablar con voz muy baja, sentarse y esperar.  ¿Tú qué sabías de él? dices ahora. Nada. Es la respuesta. No sabías nada, salvo que tenía un andar caballeroso, salvo que hacía calor, salvo que era septiembre, salvo que era la primera cita. Una primera cita de media

Mientras asoma el alba

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     Cuando yo tenía dieciséis años pasé un verano en Ronda . Puede parecer que Ronda no es el mejor sitio para pasar el verano. No hay playa y hace mucho calor. Pero si vives todo el año junto al mar puedes permitirte esas licencias. Y Ronda tenía un aire romántico que me llamaba. No contaré las circunstancias de aquella estancia, sería cosa que no importaría a nadie. Pero sí algunas de las sensaciones que experimenté el tiempo que estuve allí. Luego he vuelto, claro está, en muchas ocasiones, pero el sabor de aquel verano nunca más volvió a aparecerse, seguramente porque nunca más he tenido dieciséis años.     Recuerdo la soledad. Mi casa familiar, tan llena de gente a todas horas, impedía el mínimo sosiego. No había forma de estar ni siquiera un rato aislada, sin voces y sin charlas. Todo el tiempo te encontrabas rodeada de familia. Pero cuando comencé a pasear por Ronda me percaté de lo agradable que era el silencio y de lo bien que se estaba sola. No lo sabía, no lo supe hasta es

Yo tuve una estrella de mar

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(William Merrit Chase)  Las tardes del verano eran siempre la antesala de una noche llena de sorpresas. Recogíamos los bártulos de enseñar nuestras funciones de teatro caseras y luego nos sentábamos al abrigo del sol, esperando la caricia fresca del viento de la tarde, para poder comentar las historias del día. Esa palabra nos rondaba siempre: "historias". Había historias para todos. Historias de vecinos, de amores, de amigos, del colegio, de los juegos, de la tele, de los libros...Inventábamos historias cuando no existían en realidad. Escribíamos historias, dando un paso más, haciendo de aquello un juego permanente. Luego he sabido que existían otras familias como la mía, ancladas en torno a la palabra, los libros y las historias, pero entonces aquello era muy exótico pues ninguno de mis amigos tenía esa vocación de teatro ambulante que nosotros poseíamos. Por eso se colocaba de lado a lado del patio, amarrados fuertemente a los barrotes de hierro de dos ventanas, una tela d