Pintores, músicos y escritores en el Concurso de Granada

 


(Santiago Rusiñol, Patio azul, 1913)


(Una manola. Ignacio Zuloaga)


(En el balcón, José María Rodríguez-Acosta, Museo Thyssen) 

La nómina de los pintores, escritores, músicos e intelectuales que intervinieron directamente o apoyaron la idea del concurso de cante jondo de Granada en el año 1922 es muy extensa y ha sido ampliamente reseñada: Manuel Ángeles Ortiz (autor del cartel anunciador), Ignacio Zuloaga (responsable de los decorados), José María Rodríguez Acosta, Hermenegildo Lanz y Santiago Rusiñol, entre los pintores; Manuel de Falla, Andrés Segovia, Felipe Pedrell, Miguel Jofré, y Joaquín Turina, músicos; los escritores fueron el sector más representado, contando, además de Lorca, con Edgar Neville, Juan Ramón Jiménez, Tomás Borrás, Manuel Chaves Nogales, Ramón Gómez de la Serna, Ramón Pérez de Ayala, entre otros. Hay que sumar también a algunos renombrados intelectuales como Francisco Giner de los Ríos y Fernando de los Ríos. Y a Miguel Cerón que había contribuido a acuñar la idea en sus charlas con el propio Manuel de Falla, de quien surge el empeño inicial. 

En la solicitud que se eleva al ayuntamiento de Granada para solicitar una subvención de doce mil pesetas aparecen las firmas del presidente y vicepresidente del Centro Artístico y Literario de Granada, entidad a la que se acogieron los promotores como forma legal de obtener la subvención, ambos luego miembros del jurado del concurso. También firmaba Manuel de Falla, en nombre de la Sociedad Nacional de Música y, entre treinta firmas, aparecían las de aquellos a los que Falla había pedido su apoyo: Enrique Fernández Arbós, Conrado del Campo, Joaquín Turina, Oscar Espía, todos ellos músicos; Adolfo Salazar, musicólogo; Fernando Vela, Juan Ramón Jiménez, Alfonso Reyes y Ramón Pérez de Ayala, escritores.

Hubo un cruce de telegramas entre Falla y Zuloaga, amigo suyo a quien quiso implicar directamente. En dichos telegramas Zuloaga alude a su interés desde siempre por el "cante jondo" usando la denominación que fija el propio Falla en su manifiesto. Y se refleja el encargo de que se ocupe de los telones así como el ofrecimiento del pintor para hacer una exposición, en los días del Corpus, con "doce o quince cuadros". Esta efervescencia artística no estuvo exenta de la polémica que rodeaba la idea. Desde la propia Granada y desde fuera de ella se elevaron voces críticas, algunas muy aceradas. En esa dialéctica se cruzaron términos tanto culturales en general, como flamencos en particular. 

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