Lo gótico y lo sublime

 


"La ciudad de Londres vista a través de un arco del puente de Westminster" Canaletto

En la novela gótica se vuelven los ojos al mundo medieval y allí se sitúan historias excesivas y transgresoras, rupturistas con la razón y lo lógico. Aparecen elementos exóticos, argumentos inexplicables y lugares atrayentes pero también oscuros, terribles, llenos de elementos misteriosos y personajes atrabiliarios. Castillos, fosos, celdas, paisajes tenebrosos, tormentas, desapariciones, búsquedas, engaños. A finales del siglo XVIII la novela gótica era la lectura más apreciada por ese público formado por clases medias emergentes que se incorporan a la vida cultural. Es esta clase social, la burguesía, la que se aficionará a la lectura y dará lugar al fenómeno del intercambio literario a través de los libros. La novela es, por eso, el género por excelencia. 

Para Edmund Burke la fuente de lo sublime está vinculada a lo terrible y doloroso. Así lo cuenta en un párrafo de su obra Indagación filosófica sobre el origen de nuestras ideas acerca de lo sublimo y de lo bello, publicada en 1757:

"Todo lo que resulta adecuado para excitar las ideas de dolor y peligro, es decir, todo lo que es de algún modo, terrible, o se relaciona con objetos terribles, o actúa de manera análoga al terror, es una fuente de lo sublime; esto es, produce la emoción más fuerte que la mente es capaz de sentir"  

Estas palabras se pueden extender a la novela gótica, género literario que se origina y desarrolla en Inglaterra y que tiene su etapa canónica entre 1764 y 1820. Ese período está señalado por la publicación de una obra inicial y otra final, El castillo de Otranto, de Horace Walpole y Melmoth el errante, de Charles Maturin, respectivamente. En la literatura gótica lo sublime se logra a través de lo sobrenatural, lo fantástico e imaginado. Después de esa fecha ya el género deriva en novela romántica, novela victoriana o novela de terror, aunque lo gótico se ha ido revistiendo de nuevas formas hasta nuestros días. 



   
Los misterios de Udolfo, de Ann Radcliffe y El monje, de Matthew G. Lewis, forman parte de las novelas fundamentales del género gótico. Ann Radcliffe (1764-1823) es un personaje muy interesante. Su boda con el editor de un periódico de Bath la puso en contacto con la publicación y la literatura. Tuvo un gran éxito entre los lectores, sobre todo las lectoras, que la leían con entusiasmo, confirmando esa afirmación que dice que la novela es cosa femenina. Jane Austen la leyó en profundidad y la menciona en algunas de sus obras. Su libro El romance del bosque, es el que Harriet Smith recomienda al señor Martin en Emma. Y Catherine Morland habla con adoración de Los misterios de Udolfo en La abadía de Northanger. 




Y hay dos libros interesantes que comentar en este sentido. El Frankenstein de Mary Shelley, que siendo una novela gótica abre otros terrenos, como el de la ciencia ficción o el terror. La abadía de Northanger de Jane Austen, suerte de sátira de las novelas góticas y de los prejuicios que causan a las jóvenes que las devoran sin criterio. 

La abadía de Northanger narra la historia de la joven Catherine Morland, una aficionada a las novelas góticas, llena de ingenuidad. Los Tilney, considerándola erróneamente una rica heredera, la invitan a su casa de campo y allí Catherine despliega toda su imaginación y el aprendizaje de los libros que ha leído para dedicarse a investigar tortuosos asuntos de familia que nunca tuvieron lugar. Las cosas no son como parecen y la vida de Catherine no sigue los derroteros ansiados por ella, ya que, al final, no tendrá más remedio que convertirse en una persona sensata, con los pies en la tierra y buscando el mejor futuro posible. 

Es una novela irónica, divertida, en la que Austen, del mismo modo en que lo hace Cervantes con El Quijote se burla de los destrozos que en las mentes jóvenes hacían las novelas de la época, plagadas de castillos, fantasmas y espíritus retozones. El ingenio de Austen se pone de manifiesto en lo que no es sino una parodia en la que recrea perfiles humanos indisociables a la sociedad de entonces. 

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