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Mostrando entradas de julio, 2021

"Menudo cielo" de Edna O'Brien

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  Los cuentos de Edna O'Brien , que ella misma reunió en una colección titulada "Objeto de amor" , indican más de su vida que la propia autobiografía que publicó a los ochenta y tantos años. En esos cuentos, pequeñas píldoras de literatura, podemos rastrear momentos y emociones que forman parte de su vivencia personal. Eso ocurre, por ejemplo, con este "Menudo cielo" , que cuenta, en catorce páginas, una historia singular y, a la vez, una historia común a muchas personas. Las tiranteces entre padres e hijos forman parte de las familias, por muy perfectas que estas puedan ser. Y la familia de Edna O'Brien era todo menos perfecta. En el cuento se vislumbra. Una madre desaparecida (se entiende que muerta), un hermano que se ha quedado con la casa familiar y lo que en ella se contiene (como le ocurrió a la escritora) y un padre que, resistiendo a la edad, vive en una residencia de ancianos en la que no quiere estar, porque considera inferiores a los demás ancia

"Una rosa en el corazón de Nueva York" de Edna O´Brien

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Diciembre. Navidad. Una mujer está de parto. "Al casarse había escapado de una vida de sirvienta, quizá de acabar interna en una lúgubre institución, pero conforme pasaba el tiempo y el último cajón se vaciaba de regalos se dio cuenta de que tendría que servir de una manera completamente distinta" La ilusión del matrimonio se cae por los suelos. Tu marido, que en apariencia es un hombre atento y cariñoso, se convierte en alguien desconocido, que bebe más de la cuenta, que grita, que no sabe siquiera comportarse mínimamente. La miseria económica convierte la vida en una perpetua angustia. La futura madre ha tenido ya otros partos anteriores, de los que le sobrevive una hija que, siendo mayor, se alejará de la familia y se irá a Australia. Es una huida más en un horizonte lleno de ellas. La hija pequeña, la que nace de ese parto que nos es dado contemplar en directo, tendrá una relación simbiótica con su madre. El padre va y viene en la historia, pero no tiene nada que de

Hanna y la rosa del Cairo

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Una extraña rosa ha crecido en el patio de recreo .  Nadie se explica su nacimiento ni su origen. Es una rosa amarilla. No de ese amarillo claro, desvaído, triste, que suelen tener las rosas de ciudad. No. Es un amarillo intenso, un amarillo potente. Como el color de un canario en libertad. Las tres niñas han sido las primeras en descubrirla. La rosa estaba justo detrás de la canasta de balon- cesto. Una canasta vieja, muy vieja, herrumbrosa y que nadie utiliza, semiescondida en la sombra en la zona del patio que apenas se utiliza. La mayoría de los niños prefieren la parte soleada porque este es un colegio frío, cuyas clases son antiguas y están mal acondicionadas. Por eso, en la hora del recreo, todos se apiñan en el centro del patio, allí donde el rayo de sol es firme, donde se despliega su calor sin necesidad de arrebujarse en los abrigos. ¿Todos? No. Casi todos. Las tres niñas, por ejemplo, indagan cada día en los alrededores del patio buscando alguna sorpresa. Así descubrieron la

La mirada que busca

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  Siempre que pienso en mi madre la relaciono con el cine. Ella era una acérrima admiradora del séptimo arte y una entendida en películas porque las había visto todas desde que era muy pequeña, porque el cine era su refugio y era su posibilidad de soñar. Alguien que sueña tanto y que tanto persigue un sueño, es alguien que merece la pena conocer y tratar. Ella era así, una especie de hada en medio de la crueldad de la vida. Un alma inocente. Si pudiera darse marcha atrás en el tiempo yo escribiría una historia diferente con ella. En lugar de escapar de la vida cotidiana y darme a la aventura, esperaría tranquila sus confidencias y observaría su modo de abarcar la marcha del mundo. Era sabia y, a la vez, una mariposa con las alas siempre muy cerca de las llamas. Su memoria fabulosa (era capaz de recordar todas las letras de todas las canciones, todos los diálogos de todas las películas, los nombres de todos los actores y actrices, los títulos de libros) solo iba pareja a su habilidad co

"La violeta del Prater" de Christopher Isherwood

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  Ya he escrito de Christopher Isherwood en este blog. Primero con su libro "Adiós a Berlín" y luego con "El señor Norris cambia de tren"  dos de sus obras más interesantes. Lo mismo que esta, "La violeta del Prater", que acaba de publicar la editorial Acantilado. Su publicación original tuvo lugar en el año 1945.  Dos de las novelas de Isherwood han sido adaptadas al cine con mucho éxito. La primera adaptación fue la de "Cabaret", de Bob Fosse, con Liza Minelli en el papel principal. El ambiente de Berlín que recogía la novela "Adiós a Berlín" queda aquí hermosamente reflejado. La otra adaptación conocida es la que hace Tom Ford de "Un hombre soltero", que protagoniza Colin Firth . "Adiós a Berlín" tuvo otra adaptación anterior, de 1955, con el título de "Soy una cámara". En 2011se rueda "Christopher and His Kind", una producción de la BBC, basada en la obra autobiográfica homónima del autor. D

"Lady Ludlow" de Elizabeth Gaskell

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  Elizabeth Gaskell es una de tantas escritoras desconocidas hasta hace algunos años y que cuenta con una obra deliciosa. En este blog hay ya constancia de su escritura y de sus obras, así como del mundo que le tocó vivir, esa encrucijada de cambios que tan bien reflejó en sus novelas. Hija y esposa de pastores de la Iglesia Unitaria inglesa, Elizabeth Gaskell (Londres, 1810-Alton, 1865), es uno más de los casos de mujeres de vida retirada y plácida que, no teniendo aparentemente nada que contar forman parte de la historia de la Literatura, con una obra sólida y resistente al paso del tiempo, quizá porque, al margen del contexto, sus historias y personas son intemporales. De ellas se han realizado versiones en forma de películas y de series de televisión de gran éxito. Algunos de estos libros, como era usual en el siglo XIX, se publicaron por entregas en las ediciones y suplementos dominicales de los periódicos.  Resultan maravillosos los ambientes que recrea, el estudio de la psicolog

Mavis Gallant: de nada ni de nadie

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     Mi último descubrimiento se llama Mavis Gallant . De vez en cuando me encuentro con un autor que me deslumbra, que me pregunta y responde, que me interesa. En este caso la publicación de la primera novela que escribió (de solo dos) en castellano, "Agua verde, cielo verde" (Impedimenta, mayo de 2018, con traducción de Miguel Ros González), ha sido el detonante. A partir de ahí he buceado en su obra y hallado una magnífica edición de sus historias cortas, "Los cuentos" , que Lumen editó en 2009 traducidos por Sergio Lledó. Desde la literatura se llega a la vida y al revés. La existencia de Mavis Gallant (1922-2014) es tan esclarecedora como sus historias , la forma en la que ella denominaba al numerosísimo arsenal de cuentos que escribió, cien de ellos en   The New Yorker.       Su triste infancia es el primer escalón de una vida llena de desarraigo e inseguridades. Nació en Montreal aunque su madre era estadounidense y su padre británico. Él murió

Verde Tamara

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  Siempre que veo un cuadro de Tamara de Lempicka me viene a la cabeza una historia. Como las mujeres de Modigliani, las suyas tienen esa leve inclinación de cabeza que las hace parecer vulnerables, aunque sean más robustas y consistentes. Pero la cabeza inclinada es una delación de su interior. Están expuestas. Y luego surgen los colores como una forma brutal de compensación. Colores estallantes, que vibran con el movimiento del sol y que hacen que el cuadro cambie según lo mires, según caiga la luz. Néstor Almendros hablaba del juego de la luz sobre las escenas y cómo estas se convierten en otra cosa dependiendo de cómo las ilumines. Podía verse con toda exactitud en "Kramer contra Kramer" donde la vulnerable madre siempre se recostaba sobre fondos opacos y el padre tenía detrás todos los artilugios de cocina porque debía representar la fortaleza. Luego se invierten los papeles pero la luz sigue ahí, vigilante, siempre presente.  En el Retrato de Arlette, Tamara deposita to

"Querida señora Bird" de A. J. Pearce

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¿Quién es A. J. Pearce? La explicación que aparece en la solapa del libro es muy escasa. Se trata de alguien que creció en Hampshire, Inglaterra, y que estudió en las universidades de Sussex y de Northwesthern. Esta es su primera novela. Tiene una cuenta de Twitter en la que sigue muy activamente la repercusión de su libro. También usa Facebook e Instagram. Es, pues, una mujer de hoy. Cuando coloqué la portada del libro en Twitter, ella misma me respondió muy agradecida por la lectura. Eso es lo bueno de las redes sociales. Me imagino a Jane Austen en esta tesitura. Seguro que ella y sus mujeres las usarían con ingenio y elegancia. Aunque la historia que se narra aquí no se desarrolla en nuestros días sino en los convulsos tiempos de la Segunda Guerra Mundial, cuando toda Europa se retorcía en medio de la contienda. Es decir, en torno a 1940, malos momentos para la democracia y origen de muchos textos literarios, películas y heroísmos. Todo comienza con un anuncio en el periódic

Blanche Knopf: cuando editar es un arte

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  (Blanche Knopf en 1920) Blanche Knopf nació, en el seno de una familia judía bastante irregular por el origen de sus padres, el 30 de julio de 1894 en Nueva York. Aunque en esa familia no había una especial dedicación al mundo de la cultura, ella amaba algo sobre todas las cosas: los libros. Por eso encontró su alma gemela en Alfred. A. Knopf , al que conoció en una fiesta en 1911 y con quien asumió la tarea de crear una empresa editora, la Alfred A. Knopf Inc., de 1915, que tuvo importancia excepcional en el conocimiento de los autores hispanoamericanos y europeos en los Estados Unidos. Además, tuvo la intuición clara de apoyar a los autores del realismo, de la novela negra que emergía y de la escritura más novedosa y experimental. Entre los autores europeos que publicó están Freud, Camus, Gide, Sartre, De Beauvoir o Thomas Mann. Con respecto a los americanos, ahí están Updike, Willa Cather, Raymond Chandler o Dashiell Hammett, entre otros.  La valía de sus autores llevó a que much

"Cuentos completos" de Kate Chopin

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  Una excelente colección de cuentos, bien organizada, estructurada y con un prólogo aclaratorio de parte de Eulalia Piñero Gil es lo que ofrece la editorial Páginas de Espuma de esta desconocida escritora, que cultivó la novela y el relato. Para captar la esencia de su obra hay que remitirse a su biografía, inusual y llena de peripecias que merece la pena conocer.  Katherine O'Flaherty Faris (1850-1904) era su nombre real y nos evoca ascendientes irlandeses. Así era por parte de padre. La historia del padre es bastante desgraciada porque murió cuando ella tenía tan solo cinco años. Thomas O'Flaherty fue uno de los fundadores del tren del Pacífico, y estaba a bordo del tren en su viaje inaugural cuando un puente sobre el río Gasconade se desplomó. La familia vivía en el estado de Missouri , en concreto en San Louis, donde había nacido Kate . La madre era una criolla francesa, muy asentada en la comunidad y ello permitió que también la niña tuviera una interesante vida social

"Lo que queda de luz" de Tessa Hadley

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  Siempre me emociona descubrir una nueva voz. Suelo investigar acerca de ese nuevo escritor o escritora y entonces encuentro aspectos que me interesan y que tienen mucho que ver con lo que escriben, con lo que son. En este caso está Tessa Hadley. No había oído hablar de ella. Dicen algunas escritoras famosas que esto es una injusticia, que la obra de Hadley tiene categoría para ser conocida y admirada, pero esto es lo que sucede con la literatura y no es la primera vez, ni muchísimo menos. La historia personal de Tessa Hadley es parecida a la de otras mujeres (la mayoría mujeres, pero no solo) que escriben durante toda su vida, logran publicar con esfuerzo bastante tarde, y luego pueden dedicarse a la escritura con el convencimiento de que son escritoras a partir de los sesenta años más o menos. Esto ocurrió con Hadley. Cuando veo esta situación siempre pienso en Jane Austen. Toda la vida, o casi, revisando manuscritos que serían difíciles de publicar o que se publicarían en condicio

¿Por qué NO ME GUSTA "Alicia en el país de las maravillas"?

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  Leí "Alicia en el país de las maravillas" cuando era muy pequeña. Apenas entendí nada. Pero formaba parte de las lecturas canónicas para los niños de seis a doce años y no había forma de evadirse de la tradición. Aquello era, para mí, una rápida sucesión de gags, con personajes exóticos que entraban y salían de escena, malhumorados, soltando barbaridades y con poquísima educación. Recuerdo que todos ellos tenían prisa, aunque nunca pudieron engañarme al respecto: era una prisa bastante absurda, por cuanto todos estaban condenados a vivir entre las páginas del libro y, salvo que llegara Woody Allen y los librara de esa esclavitud convirtiéndolos en Alicia y la rosa púrpura, no había esperanza de que la situación cambiara. Desde luego, yo no era una Alicia que leía los libros debajo de un árbol, sino más bien una chiquilla de piernas largas y canijas que iba de azotea en azotea, de pretil en pretil, con los libros en precoz equilibrio. Más que árboles, tenía a mi alrededor en

"El grupo" de Mary McCarthy

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  Mary McCarthy (Seattle, 1912-Nueva York, 1989) es una escritora recientemente recuperada para los lectores en español. Su propia vida está en el origen de la trama de este libro. Ella, hija de irlandeses, estudió en el elitista Vassar College de Nueva York, promoción de 1933, como hacen las chicas de la novela. También, como una de ellas, se casó el mismo año con un actor llamado Harald Johnsvd. Su existencia fue muy movida y tuvo contacto y relaciones con muchos intelectuales de la época. Se casó cuatro veces. Escribió varios libros y numerosos artículos en diversos periódicos y revistas.  La novela se ambienta en el momento histórico de la Gran Depresión, años treinta, aunque fue escrita en los sesenta. Comienza con la boda de una de las chicas, Kay, en 1933, y termina con su muerte, en 1940, habiendo estallado ya la Segunda Guerra Mundial. Estuvo prohibido en Australia por los temas tan escabrosos para la época que trataba: sexo, paternidad, anticonceptiva. El retrato de la vid