Tango flamenco y tango de carnaval


(Baile andaluz. José Villegas. 1893)

 En el universo musical de la bahía de Cádiz dos sones se entrecruzan de una manera cierta. Dos sones que se difunden y amplían, llegando a otras latitudes geográficas y musicales. Son el tango de carnaval y el tango flamenco. Desde hace algunos años vengo escribiendo acerca de la íntima relación que los une y también de cómo en la Escuela Gaditana de Cante Flamenco se acrisolan influencias tan diversas que todo es posible desde el punto de vista musical. La presencia de América, allá a lo lejos, aporta una diferencia sustancial con el cante de interior y desde Cádiz los sones de ultramar llegan al resto de la geografía flamenca, conformando una manera única de entender el cante y el baile. Estamos ante un proceso de aculturación que se realiza de manera interpuesta y desde hace muchos años, siglos diríamos. 

La construcción musical del tango de carnaval está perfectamente realizada ya desde las dos últimas décadas del siglo XIX, correspondiendo a esta época algunas agrupaciones de renombre como Las Manolas (1884), Las Viejas Ricas (1885), Los niños llorones (1889), Los claveles (1896) y Los Relojes (1899). 

El tango es el rey de la música del carnaval de Cádiz. Por ello todo cuanto le acontece tiene que ver con la fiesta suprema de la ciudad. El tango de carnaval responde al compás cuaternario y lleva en su ejecución por los coros acompañamiento de orquesta de pulso y púa, guitarras, bandurrias y laúdes, así como de otros instrumentos de percusión y del imprescindible pito de carnaval, también llamado mirlitón, que es un cilindro de caña o cartón, en uno de cuyos extremos se acopla un papel de fumar. 

El tango de carnaval se interpreta a coro y a tres voces, normalmente masculinas, pues es reciente la irrupción de la mujer en estas agrupaciones. El tango, como entidad musical, es un cante de ida y vuelta. Gemelo de la habanera, únicamente diferenciado de ella en su menor o mayor rapidez de ejecución, tenemos alusiones al tango en una amplia muestra de la bibliografía que se usa como referencia en el flamenco. En su libro “Viaje por España”, Davilliers recoge, ya en 1862, algunas alusiones al que llama “tango americano”, pero, entendido como un estilo flamenco, hay que considerar al tango como “joven” pues no se recogen letras de tango ni en las colecciones de cantes flamencos de Demófilo ni en las de Rodríguez Marín, ambas de 1881. 

Si en esos momentos no hay datos de que el tango flamenco esté estructurado, sí sabemos que existían otros tipos de tangos, a saber, el americano, del que habla Davilliers; el de “negros”, que se puede comprobar en las carteleras teatrales, y el tango de carnaval, por los datos que se tienen de los repertorios de los coros. Tampoco aparece referencia alguna a los tangos flamencos en el libro de 1904 escrito por Guillermo Núñez de Prado “Cantaores andaluces”, en el que solamente están las carceleras, soleares, seguiriyas, malagueñas y cantes de levante. 

Con todo esto, no es descabellado afirmar que el tango flamenco surge en Cádiz, a partir del sustrato previo que suponen los antecedentes citados y por obra y gracia de Enrique el Mellizo, de quien los aprenden tanto Aurelio Sellés, como Don Antonio Chacón y Manuel Torre. En orden de aparición tendríamos una secuencia que partiría de los tangos de negros o los tangos americanos que formaban parte de composiciones teatrales que se representaban desde mediados del siglo XIX y que tenían una clara influencia de la música de ultramar, continuaría con los tangos de carnaval, que recogen, en gran medida, músicas y armonías de la música de autor y seguiría con el tango flamenco, individualización y adaptación al cante de un estilo previo que se conoce a través del carnaval, como elemento de mayor difusión. A esa individualización del cante por tangos contribuyó en gran medida el talento de Pastora Pavón “La Niña de los Peines”, que era gran conocedora y ejecutante de los cantes de Cádiz, que le iban extraordinariamente bien a sus facultades y que tuvo como acompañante habitual durante años al guitarrista gaditano Juan Gandulla “Habichuela”, discípulo del maestro Patiño, representante eximio de la escuela gaditana de guitarra. 

Probablemente el tango de carnaval más famoso y el que, en su estilo más aflamencado, ha hecho fortuna como Tanguillo de Cádiz, es el que presentó en el carnaval de 1905 el coro “Los Anticuarios” y que se llama “Los duros antiguos”. Su autor y compositor es Antonio Rodríguez “El tío de la tiza” afortunado creador de una composición inmortal. La historia de este famoso tango comienza cuando en el año 1830 el “Diario Mercantil” gaditano recoge la noticia del ahorcamiento de diez piratas, miembros de la tripulación del bergantín “Defensor de Pedro”, con bandera brasileña, acusados de gravísimos delitos cuyo conocimiento estremece a la población que asiste, atónica, al ajusticiamiento. ¿De dónde venía este barco, quiénes eran estos hombres, por qué se les somete a ahorcamiento? La respuesta hay que encontrarla en el motín que el gallego Benito de Soto protagoniza en dicho barco, el año de 1828, mientras realizaban una travesía desde Brasil a la costa de África, como tantos barcos negreros hacían en la época. 

Tras el motín, y siendo ya los dueños del barco, al que cambian el nombre original por el de “Burla Negra”, De Soto y sus seguidores, se dedican a realizar tropelías de todo tipo contra buques británicos y americanos, dejando multitud de víctimas. El 26 de abril de 1826 embarrancan en las costas de Cádiz, a las que confunden con la punta de Tarifa y allí recalan en las inmediaciones del ventorrillo “El Chato”, todavía hoy existente como restaurante de postín en el istmo que une a Cádiz con San Fernando. 

Su estancia en Cádiz se ve drásticamente truncada al ser reconocidos por una de sus víctimas y así llegan a manos de la justicia, lo que desemboca en su ahorcamiento. ¿Qué fue de los fabulosos tesoros que transportaba el barco? Para saberlo tenemos que fijarnos en el segundo capítulo de esta historia, escrito el 3 de junio de 1904. Cuando unos operarios trabajan en extramuros descubren unas monedas de cuño mexicano. Hasta 1.500 monedas lograron extraer. El año siguiente, lógicamente, el suceso se convirtió en copla y de ahí hasta nuestros días, a la gloria de posteridad. El carácter de periodismo cantado que tienen los tangos de carnaval se puso de manifiesto. 

Aunque este es el caso más famoso, otros tangos de carnaval han acabado convertidos en tanguillos flamencos, como los escritos por Antonio Jiménez el del Lunar, Manuel López Cañamaque, Enrique González y el propio Antonio Rodríguez, que escribió gran número de ellos. Muchos artistas flamencos han interpretado estos tangos, hechos ya cante, entre ellos Pericón de Cádiz, El Chaquetón, Pepe Marchena, El Mochuelo, Concha la Carbonera, La Serrana, La Lola, Chano Lobato, Selu de Cádiz, Antonio Mairena, Manolo Vargas, Carmen de la Jara o Juanito Villar. No obstante, la primacía del tango flamenco en esta reconversión que comentamos, hay que decir que la versatilidad del tango de carnaval ha dado lugar a que, a partir de él, se creen y elaboren otros estilos de cante, sobre todo por bulerías. 

La estrecha relación entre los sones americanos, la música de autor en obras teatrales, el tango de carnaval, los tanguillos y los tangos flamencos, nos indican cómo la música flamenca es un recipiente apto para acoger sonidos diversos y acuñar, a su vez, estilos propios. 

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