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La modista

 


La editorial Lumen publicó este 2016 el libro en el que se basa esta película. “The Dressmaker”, “La modista”, escrito por Rosalie Ham. Una historia “femenina” que tiene el atractivo adicional de lo que se podría llamar el efecto “Cámbiame”, es decir, la conversión del aspecto físico de una persona a través de una ropa elegante y glamourosa. 

Hay algo de mágico en el hecho de que alguien posea la habilidad de cambiar la mentalidad, al menos superficialmente, de una comunidad, a través de un elemento material. Por eso esta película me ha recordado al “Chocolat” de Juliete Binoche. La afición al dulce y a los placeres de la gastronomía como elemento subversivo contra una sociedad conservadora al máximo que ha arrumbado los sentimientos y que oculta los hechos del pasado. 

Aquí, el argumento que exhibe Tilly, la joven moderna, educada en Europa, que regresa a Dungatar, una pueblo de la Australia más profunda, es la ropa. Su habilidad para diseñar, cortar, coser, fruncir y rematar, es su arma poderosa, la que esgrimirá en ese combate que debe librar con sus vecinos, con su pasado y, lo que es mucho peor, con su propia madre, Molly (Judy Davis). 

Kate Winslett, cuyo físico se presenta de forma tan desigual en las películas que protagoniza, es aquí Tilly Dunnage, una mujer estilosa, elegante y sofisticada. Todo lo contrario de lo que en ese territorio perdido se considera adecuado. Y debe cargar con una leyenda negra que pesa sobre ella desde la infancia y con la animadversión materna, expresada en las frases de su encuentro, qué haces aquí, por qué has vuelto, puedes irte cuando quieras. 

Hay otra arma no prevista en todo ese recorrido sentimental por su pasado, en esa venganza bien dispuesta a base de hilo y aguja: el amor. En una película de modistas, de vestimentas y looks que cambian al paso de la protagonista, es el amor el aditamento que complementa, mejor que un bolso, unos zapatos o un sombrero, la acción y el argumento. Teddy (Liam Hemsworth) es el hombre que conquistará el corazón de la modista y lo hace a través de una convincente interpretación y una evidente química entre los actores, algo nada fácil cuando se trata de buscar partenaires a la voluble e inteligente Kate. 

Esta especie de comedia-western-disparate cinematográfico tiene el encanto de mostrarnos los años cincuenta con todos sus aditamentos en lo que se refiere al maquillaje (rabillos en los ojos, labios rojos, piel blanca), peinados (melenas onduladas, recogidos bajos) y vestuario (abrigos y vestidos con cinturas estrellas y amplias faldas, sombreros, escotes palabra de honor, pamelas, gabardinas, guantes, bolsos). Una de las estrellas de la película es la máquina de coser, Singer, que usa Tilly para convertir a las poco agraciadas chicas del pueblo en mujeres deseables que triunfan en los bailes comarcales. No es poca cosa haber aprendido en París con Madeleine Vionnet.

El vestuario de la película lo firma una prestigiosa profesional, Marion Boyce, que despliega su arte en ropa disonante con ese aire de poblado del oeste abandonado que tiene el pueblo. Pero es precisamente esa discordancia la que nos encanta. Cómo cambiar el exterior puede llevar consigo el cambio de las emociones…y el resarcimiento de los dolores del pasado. A todo ello contribuye un espacioso reparto, encabezado por Kate Winslet y que cuenta con nombres como Liam Hemsworth, Judy Davis, Hugo Weaving, Sarah Snook, Sacha Horler, Caroline Goodall, James Mackay, Kerry Fox, Alison Whyte, Barry Otto, Julia Blake, Rebecca Gibney, Shane Jacobson, Genevieve Lemon, Shane Black, Shane Bourne, Hayley Magnus. 

“The Dressmaker”, dirigida por Jocelyn Moorhouse, con guión de la propia directora, sobre el libro de Rosalie Ham del mismo nombre. Música de David Hirschfelder, fotografía de Donald McAlpine, Producida por Film Art Media Screen. Ambientada en Australia, años cincuenta del siglo XX. 118 minutos.

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