Los paraguas de Bath

 

(Rupert Bunny, 1907)

Los tiempos de Jane Austen fueron de renovación y cambio, de guerra y revoluciones. Toda su vida su país vivió en guerra contra Francia y tuvieron lugar acontecimientos históricos tan relevantes como decisivos para la historia mundial: la guerra de la independencia americana, la revolución francesa, el reinado de Napoleón Bonaparte, la guerra contra Francia, la revolución industrial...Cambios sociales, políticos, económicos y también en la mentalidad y en la forma de vida. Al mismo tiempo que Inglaterra estaba en guerra contra los franceses, se traían de París todas las novedades por muy frívolas que parezcan. Y Bath era la ciudad que recibía con mayor agrado esas modernidades. Fue en Bath donde Jane conoció el invento de los paraguas. Es verdad que en la China antigua ya se utilizaban y que hay vestigios de parasoles en algunos momentos de la historia, más bien para proteger del sol o para realzar a alguna personalidad en el interior. El uso, sin embargo, del paraguas para la calle, para la gente corriente y para la lluvia, es bastante posterior y aparece en 1705 con el francés Jean Marius, que crea un paraguas de tafetán impermeabilizado, ligero y plegable, para que las mujeres pudieran usarlo con facilidad. A Jonas Hanway, un filántropo inglés del siglo XVIII, se le señala como el primer hombre en atreverse a salir a la calle en Londres con un paraguas. Más tarde, la época victoriana consagró el uso del paraguas como algo usual. 

Pero en los años finales del XVIII y principios del XIX, cuando Jane Austen frecuentaba las calles de Bath, todavía era una novedad y no muy bien aceptada por los viandantes. Los paraguas georgianos eran de tela aceitada para que el agua resbalara por ella y no calara hacia el interior. Pesaban muchísimo y ocupaban un espacio voluminoso en las calles de Bath. Teniendo en cuenta que esas calles estaban siempre atestadas de gente que iba y venía o simplemente paseaba, no es de extrañar que los cocheros y los porteadores de sillas les gritaran con hostilidad y protestaran de lo que consideraban un estorbo a la hora de deambular. 

Esas discusiones eran muy frecuentes porque Bath es una ciudad muy lluviosa, lo que se unía al problema propio de humedad y al ambiente fangoso debido a su peculiar conformación urbanística y al trasiego hacia los baños romanos que constituían la principal atracción para todos. A Jane no le gustaba ese tipo de entorno húmedo y pegajoso, que jugaba muy malas pasadas a las chicas cuando iban vestidas, por ejemplo, para un baile, con zapatos de seda o similares. Es verdad que Bath era una ciudad que cuidaba mucho la iluminación de las calles y estaba bastante más iluminada de lo normal para la época porque se habían adoptado los candiles de aceite. Sin embargo, esto molestaba a Jane, que padecía frecuentes problemas oculares que se agravaban con el polvo y la luz excesiva que los candiles producían. Prefería con mucho el tono más matizado de las velas y los paseos por el campo y no por las calles atestadas de la ciudad. Paraguas y candiles, dos inventos modernos que no tuvieron el beneplácito de Jane Austen, como puede rastrearse en sus novelas si estamos atentos a las opiniones que expresan algunos de sus personajes. Austen hablaba por boca de ellos y es en la lectura de sus novelas donde se puede conocer, mejor que por otros medios, lo que Jane Austen pensaba de este nuevo mundo.


(Rupert Bunny, 1908)

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