"Una chica es una cosa a medio hacer" de Eimear McBride

 


Extrañísimo experimento literario que suscita opiniones encontradas. Hay quien pasa por encima de su estilo y se detiene en la trama, en la historia que surge del fondo, esos niños problemáticos, abandonados por su padre, con una madre extremadamente religiosa, con un trasfondo de situaciones muy difíciles. También puedes verlo desde el punto de vista del aprendizaje de la vida, de la iniciación al mundo adulto, de la búsqueda de algún sentido. No lo hallarás porque, precisamente, la chica de la que se cuenta la historia no logra hacerse del todo. 

Hay cosas interesantes en este libro. Por ejemplo, el retrato de Irlanda, heredero del que hace Edna O'Brien con conocimiento de causa, aunque con un elemento formal mucho más diáfano y estructurado. Quizá la escritora del libro quiso llamar la atención con esta fórmula extraña en la que las cosas mal escritas se van medio arreglando conforma las experiencias y el tiempo se suceden. Sin embargo, si fue así, no le salió bien la jugada: el libro estuvo diez años en busca de editor. El hecho de que tardara en salir no fue óbice para su éxito: de pronto el boca a boca y los premios lo convirtieron en un libro de culto. Esto siempre me llama a la duda, sin embargo. 

Es un libro desconcertante. No sabes, en realidad, si te ha gustado o no. Hay personas, repito, que han dejado de leerlo o que no saben qué decir de él. La sexualidad que emana de la historia, por ejemplo, puede resultar molesta casi como un crimen donde la sangre y las puñaladas se vean con todo detalle. La relación entre los hermanos a veces agobia. La madre es una figura tan imperfecta y desagradable que puedes llegar a odiarla, no hay comprensión para ella. 

Mucho dolor podría ser un resumen de lo que está dentro del libro. Sexo utilizado para no sufrir demasiado, un hombre muy mayor y un reconocimiento de que la vida no es para divertirse por parte de la chica. Un relato personal pero, a la vez, con ansias de servir como ejemplo de lo que hacen a las personas otras personas que no son nada complacientes ni estimulantes. Una especie de biografía emocional a cargo de una chica sin nombre, que se dirige a su hermano menor, enfermo, y que tiene en el telón de fondo el desarraigo emocional de no haber disfrutado de una familia con la palabra amor escrita en algún sitio. 

Eimear McBride (Liverpool, 1976), escribió su libro Una chica es una cosa a medio hacer en un proceso de escritura muy rápido, según ella misma cuenta. Seis meses de 2003, aunque no se llegó a publicar hasta el año 2013 en una editorial independiente, Galley Beggar. Tras su publicación le llovieron los premios:   Desmond Elliot, el Baileys Women’s Prize for Fiction, el Kerry Group Irish Novel of the Year y el Geoffrey Faber Memorial Prize, de forma que la autora pudo dedicarse a la escritura intensamente y continuar con su carrera, una vez salvado ese primer escollo que, quizá, en otros casos y por pura desesperación, te impide avanzar. Insistir en que te publiquen un libro tan especial durante nada más y nada menos que diez años es una muestra de talante voluntarioso y de confianza en sí misma. Sus otras dos obras aún no han sido traducidas al español, de modo que no las conocemos. Son The Lesser Bohemians (2016) y Strange Hotel (2020).


Una chica es una cosa a medio hacer. Eimear McBride. Editorial Impedimenta, 2020. Traducción del inglés a cargo de Rubén Martín Giráldez. 

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