Los mares de Austen

Cuando era una adolescente, sabiendo que mi familia por ambas partes era muy extensa y estaba repartida por diversos lugares de España y el mundo, decidí conocerla. Tomé la decisión en plan aventura y una aventura fue porque me permitió conocer a personas muy especiales y visitar lugares espléndidos. Algunos de esos lugares estaban junto al mar y para otros había que internarse en paraísos escondidos. La ruta del descubrimiento llegaba a Ronda, La Carolina, Madrid, Bilbao, Barcelona, Murcia y saltaba hasta Irlanda, al condado de Clare, y llegaba hasta Italia, a la zona de las Marcas, a Fermo. Otros estadios intermedios y ya conocidos completaban un mapa estimulante y lleno de interés para una jovencita deseosa de salir de su entorno cercano y contemplar el mundo. Algo así como lo que hace Charlotte Heywood. 

Recordaba esto pensando en el significado que tiene el mar para Jane Austen, para su vida y para su obra. Este pensamiento vino, a su vez, del revisionado de "Sanditon", la serie que ha intentado rescatar el texto inacabado y convertirlo en una historia completa. Ya escribí de ella aquí y ya dije mi opinión: lo más interesante de todo está contenido en los personajes que ella creó, y, a partir de ahí, los guionistas de la serie han dado una vuelta de tuerca a las situaciones, llevándolas a límites no austenianos pero acordes con lo que hoy la gente busca en las series: chicos guapos, sexo y cotilleos. 

En la novela, Austen despliega una serie de temas nuevos que hubieran llevado, con toda seguridad, a una visión diferente de algunos aspectos de su escritura. Esos temas iban surgiendo en la sociedad y ella no era ajena a esta evolución. Jane Austen vivió una apasionante época de cambios, justo antes de que Inglaterra entre en la era victoriana, un período histórico que la determinaría por completo. Pero en los tiempos de Austen todas las cosas estaban por perfilar, la economía se transformaba, la sociedad se convertía en algo más movible y cambiante, las colonias tomaban su papel, las costumbres iban adquiriendo otro tono y la guerra era un telón de fondo persistente, justo hasta 1815, dos años antes de su muerte. En "Sanditon"  se avizoran otras formas de relación y, sobre todo, una nueva perspectiva basada en la actividad económica que suponía el turismo de los baños de mar. Toda una odisea y un placer para los sentidos en aquella época. 

Hay aquí algunos temas nuevos que hubieran dado de sí muchísimos frutos. Por ejemplo, emerge la nueva economía, la de los comerciantes, profesionales liberales, industriales, esa que solo aparecía tangencialmente y que estaba mal vista por algunos de los personajes de sus novelas anteriores. Hay una mención explícita al sistema de "internado" por el cual una institutriz o persona de solvencia tomaba a su cargo a varias jovencitas para viajar con ellas. Está la aristocracia vista desde dentro, con sus contradicciones y sus dificultades de relación con los otros estratos emergentes. Y cambia radicalmente el escenario. Nada de una casa rural, con sus vecinos, su parroquia, sus costumbres fijas. Aquí el escenario prefigura el contenido y lo hace de una manera determinante. Su título original era "The Brothers", aludiendo a los Parker, protagonistas los tres cada uno a su modo de la parte masculina de la novela y, claro está, de la serie. 

Sin embargo, hay elementos que forman parte de la mejor Austen y que siguen aquí representándose: la joven seria, pero no adusta, formada pero con ansias de aprender, sencilla y sin pretensiones, que tiene sentimientos pero sabe comportarse adecuadamente. Una familia numerosa, bien situada, pero que prefiere la vida rural a los vaivenes de las ciudades. Esos son los Haywood y por eso Charlotte, la hija mayor, es de una pieza. No sabemos cuál sería su relación con el joven Parker pero en ningún caso sería de dependencia o de sumisión. Pero, a pesar de eso, es una chica joven que desea dar buena impresión y que se interesa por observar y conocer a los demás. Esa era también Jane Austen. Y vuelve a introducirse en el libro a modo de narrador que da su opinión al respecto: "Si hay jóvenes en el mundo y en su etapa de la vida más carentes de imaginación, y menos preocupadas por agradar, no las conozco, ni deseo conocerlas".

La ironía es el gran recurso de la novela. Aparece y reaparece a la hora de definir el entusiasmo de Tom Parker, el gran arquitecto de Sanditon, y sus aspiraciones de que aquello se convierta en la cura de todos los males. Lo cuenta Austen con toda su gracia: "El aire marino y el baño de mar eran antiespasmódicos, antipulmonares, antisépticos, antibiliosos, antirreumáticos, saludables, lenitivos, relajantes, tonificantes, vigorizantes..." Jajajajajajajaja. Si esto es así no se explica la mala salud de las dos hermanas de Parker, Diana y Susan, que tienen mil achaques de todo tipo y que viven esclavizadas a su mala salud. Lo malo de esto es que contagian con sus aprensiones al hermano más pequeño, Arthur, de tan solo veinte años, que resulta ser un joven rollizo y que deja atónita a Charlotte cuando lo conoce dada su propensión a comérselo todo.

Aunque encontramos aquí algunas descripciones del paisaje y del aspecto físico de los lugares muy poco frecuentes en Austen, no son tampoco excesivas y, desde luego, con respecto a los personajes tiene la misma brevedad poderosa. Sobre Charlotte Heywood solamente dice que tenía aspecto distinguido y agradable, además de veintidós años, la mayor de las chicas de una familia con catorce hijos. Catorce hijos, todos vivos, señala con claridad una familia sana y con medios de vida suficientes. Desde luego, Willingden no tiene nada que ver con Sanditon. También es interesante su crítica nada soterrada contra la aristocracia, una aristocracia venida a más, como la propia Lady Denham: "Toda vecindad ha de tener una gran dama. Lady Denham había sido una rica señorita Brereton, nacida para la opulencia aunque no para la educación".

La conocida referencia de Austen a la lectura aparece también aquí. Charlotte lee novelas pero no es una fanática de ellas, porque se trata de una chica seria, que no pierde la cabeza por lo que lee. Y, desde luego, no quiere ser Camilla (la protagonista de la famosa novela del mismo nombre escrita por Fanny Burney) ni vivir su desgracia. En una conversación muy curiosa con Sir Edward Denham aparece el consabido aire snob de quien no quiere reconocer que lee cosas intrascendentes, algo recurrente en la obra de Austen que se ríe de quienes ocultan la sencillez de sus lecturas.

El escaso número de páginas que escribió nos deja sin conocer la historia amorosa entre Charlotte y Sidney Parker. De él hace una buena descripción pero nunca sabremos qué clase de hombre era y de qué forma transcurren esos vaivenes típicos de su obra, en la que las relaciones no son nunca lineales ni fáciles, sino más bien, un camino de aprendizaje entre la pareja. La espontaneidad elegante y sencilla de Charlotte bien puede valer para confrontarse con la vida mundana y poco organizada de Sidney pero esto ya es especulación. Especulación. Una palabra que usa la autora por vez primera para referirse a las intenciones comerciales de los Parker y Lady Denham con respecto a Sanditon. Quien duda de que la novela moderna comienza con Jane Austen tiene en este breve capitulario una prueba irrefutable.

Está clara, sin embargo, su intención principal, el leit-motiv de la novela, que no es otra cosa que la crítica a las nuevas modas en relación con la salud, esto es, la asistencia a los balnearios para tomar las aguas y el veraneo en la costa. Eso era una novedad en la vida de los ingleses. El padre de Emma, el señor Woodhouse, abominaba de la costumbre de su yerno y de su hija Isabella de pasar días del verano en un pueblo costero. La playa, las aguas, el sol, todavía no eran considerados por una mayoría de gente como un recurso saludable y una costumbre sana. Es verdad que las aguas termales de Bath tenían fama y eran muy frecuentadas, pero cosa diferente eran el mar y los pueblos costeros. Algo que Austen conocía bien porque en varias ocasiones se refieren estancias suyas en esta clase de enclaves. 

Parece ser que en 1805 Jane, su hermana Cassandra, su madre y su amiga Martha Lloyd, estuvieron pasando un mes y medio en Worthing, pueblo costero del Sussex occidental. Durante ese tiempo vivieron en Stanford Cottage, un edificio que todavía se conserva, convertido, eso sí, en una pizzería. En una de sus fachadas se encuentra la placa que atestigua la presencia de Jane Austen. Los investigadores que se han dedicado a rastrear este tiempo de la vida de la escritora cuentan que allí conoció a un tal Edward Ogle, que era lo que hoy llamaríamos un emprendedor. Consciente de la fiebre de los baños de mar, decidió convertir aquello en un emporio turístico. Y lo logró. Este evidente paralelismo con la historia que se relata en "Sanditon" ha hecho situar en este pasaje de su vida la referencia inmediata de la novela inacabada.

El inicio de la novela sitúa geográficamente el pueblo imaginario: "Un señor y su esposa que se dirigían de Tonbridge hacia esa parte de la costa de Sussex que hay entre Hastings y Eastbourne..." Además de señalar la geografía no deja de ser un comienzo curioso. Un carruaje vuelca y deja accidentados a sus pasajeros.

Ogle tenía negocios de comercio de azúcar con las Indias occidentales. Esto le había proporcionado dinero suficiente como para llevar a cabo sus ideas sobre la explotación de terrenos antes yermos. Había comprado una parte del centro de Worthing, que entonces era un villorrio de pescadores, allá por 1801, y en poco tiempo la atracción de la vida junto al mar y la posibilidad de diversiones convirtió aquello en un lugar de veraneo. No había hoteles, no había posadas, por lo que la construcción de lugares de hospedaje fue el primer paso para la colonización de la zona.

El primer proyecto de Ogle fue construir la Colonnade, en la esquina de Warwick Street y High Street, justo enfrente de su casa. El edificio constaba de tres casas de hospedaje en el extremo norte, junto con una biblioteca en la esquina. Las bibliotecas fueron las principales instituciones sociales en los balnearios de la época. Además de leer, hubo chismes, juegos de azar y entretenimiento musical en estos establecimientos, y la Biblioteca Colonnade y su rival, la Biblioteca Marina Staffords, inaugurada en 1797, habrían sido los principales lugares de reunión para los visitantes de Worthing. Jane y sus acompañantes disfrutaron seguramente de la Colonnade, que les pillaba muy cerca. Por alguna carta queda claro que hicieron amistad con Ogle y que siguieron escribiéndose con él después de marcharse del pueblo.

Podemos decir que el personaje de Tom Parker está inspirado en Ogle y que toda esa efervescencia constructora tiene aquí una referencia decidida. Por qué en esos meses difíciles de su enfermedad la autora volvió su mirada al recuerdo de esos años es algo que no conocemos, pero no resulta complicado entender que, en la adversidad, 
recordara con nostalgia sus días alegres frente al mar. El mar para Jane Austen era el de la guerra y los navíos (tenía dos  hermanos embarcados) pero también llegó a ser el de las vistas tranquilas, los paseos por los espigones y los amores primerizos. Con "Sanditon" añade una visión mercantilista del veraneo, una especie de adelanto de la burbuja inmobiliaria turística, que nos da otra muestra más de su carácter observador y de su poderosa intuición.

Sin embargo, la presencia del mar en las novelas de Austen es anterior. En "Emma" tiene una curiosa misión: representa la ilusión de Emma de encontrar algo nuevo en su vida. Ella nunca ha visto el mar y ese deseo tiene similitudes con el deseo sexual, con el ansia de hallar el amor. Hay una entretenida discusión en la mesa familiar acerca de la estancia marítima de su hermana Isabella, su esposo y sus hijos. El señor Woodhouse, que abomina de los viajes y de las corrientes de aire (en esto se parece a Poirot, o, mejor dicho, al revés), se queja de que han estado en una zona poco recomendable para la salud. Seguramente es en "Persuasión" donde el mar tiene un significado más poético, más profundo, porque son los paseos por el espigón de Lyme Regis los que acogen algunas escenas emblemáticas. El mar como escenario del amor. El mar como elemento de libertad. Todo lo contrario de la vida rural de interior que lleva consigo la historia de sus personajes. Ella misma era una muchacha de interior, de campo, y la salida al mar fue definitiva en su vida, como se cuenta en algunas cartas y se recoge en algunos textos. El baño en el mar, el sol y el ambiente marítimo, más allá de estar relacionado con actividades económicas, tiene un sentido lúdico muy acentuado. Y no había demasiadas diversiones fuera de la conversación, las labores o las visitas. El mar es, pues, una novedad muy deseada y estimada por todos. 

El mar, el océano, tiene otro significado, este menos amable pero muy determinante en los avatares de la época. Es el camino hacia la guerra y el punto de llegada a las colonias. Ambas circunstancias están presentes en la vida personal de Jane Austen, tanto por sus hermanos marinos ya citados, como por sus parientes que vivieron en la India. La guerra fue un telón de fondo permanente para los británicos durante muchos años y la colonización convirtió a la isla en el centro de un imperio global, algo que influyó en la mentalidad de la gente y que sigue influyendo. Este es un sentido menos doméstico, pero con mucho arraigo porque todas las familias, de alguna forma, estaban inmersas en este momento en la gran aventura. Jane Austen conoce el mar de los baños y los paseos, conoce también el mar de los buques de guerra de la Royal Navy, como sucede con su estancia en Southampton, mientras sus hermanos estaban luchando contra los franceses. 


(Lyme Regis. Dorset)


(Southampton. Hampshire)


(Worthing. West Sussex)


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