Los libros de febrero



(Henri Mattisse, Mujer leyendo sobre una mesa azul)


"Seis cuatro" es un libro trepidante, intrigante, lleno de idas y venidas, de cambios argumentales, de vueltas de tuerca y de secretos. Una doble desaparición, separadas en el tiempo y que han abierto heridas que no se pueden cerrar. 
El comisario de policía Yoshinobu Mikami, cuarenta y seis años, es el encargado de las relaciones con los medios en la prefectura D. Su trabajo es difícil. Tiene un jefe que pretende dominarlo y unos periodistas que se rebelan a cada instante. El ambiente en la sala de prensa siempre está al límite. La información que puede transmitirles no siempre es la que ellos desean y eso genera constantes enfrentamientos. Su jefe no ayuda y parece pensar que la independencia de criterio de Mikami ha de ser sojuzgada en aras de una uniformidad que él considera indispensable en la policía. La situación personal de Mikami se puede calificar de dramática: su hija Ayumi se ha ido de casa hace dos meses y, desde entonces, ni él ni su esposa Minako saben nada de ella. Esto lastra su trabajo y sus relaciones familiares. Ambos padres están paralizados por la impotencia de no conocer qué pasa con su hija, qué es lo que ha ocurrido. Los dos quieren pensar que está viva y tratan el caso como una desaparición, pero el tiempo va pasando sin noticias.
Traducida del inglés por Jofre Homedes Beutnagel, la editorial Salamandra publica por primera vez a este autor, con una novela que ha batido todos los récords de venta en Japón, un país en el que la literatura negra tiene muchísima aceptación y donde hay autores muy reconocidos. Son escasas las traducciones al español de estos libros y por eso la expectación ante la lectura de "Seis cuatro" es mayor. Leer la novela es entrar en un espacio de luces y de sombras. Deshumanizado y, a la vez, lleno de contradicciones que hacen al hombre un ser dubitativo, héroe y villano a la vez. 

El matrimonio Farange, Ida y Beale, no se ha puesto de acuerdo a la hora de divorciarse. Y el juez ha decidido que los dos compartan la custodia de su hija de seis años, Maisie. La niña va a vivir seis meses en cada casa y con cada progenitor. Esto lo cuenta Henry James en esta historia y hay que señalar la modernidad de la medida del juez. Pero, aparte un tema jurídico, hay aquí el sustento para indagar en la personalidad de los cónyuges y también en la mirada que la niña lanza sobre la historia. Porque es lo que hace James en su relato. No ver a través de los ojos de la niña, sino contarnos lo que la niña ve, aun sin que ella misma lo entienda. Compartimos, por tanto, la estupefacción de Maisie, sus preguntas, sus dudas y su extrañeza ante los acontecimientos. No tenemos claridad, esa tenemos que aportarla nosotros como lectores. Hace poco vi la película basada en la novela. Me pareció una buena película, con un toque personal, una adaptación en lo esencial, que es lo que convierte a una película basada en un libro en algo con personalidad propia. "¿Qué hacemos con Maisie?" recoge acertadamente el espíritu de la película, centrado en dos progenitores que están demasiado ocupados para atender debidamente a su hija pero que no renuncian ninguno de ellos a la niña porque así fastidian al otro. Ahora no nos extrañan los divorcios pero estos niños que se crían solos siguen siendo un problema social. Maisie va de un lado a otro, como si fuera un objeto que hay que colocar en un sitio en el que no estorbe. Julianne Moore es Susanna, la madre, una estrella del rock y Steve Coogan, es Beale, el padre, marchante de arte. Tienen papeles importantes, que no desvelaré porque induce al spoiler y te arruina tanto la película como la lectura, Alexander Skarsgard y Joanna Vaderham. La niña es la actriz Onata Aprile, que  hace un papel extraordinario. 

El libro "Las gratitudes" tiene dos voces que actúan de narradores, Marie y Jérôme. Ambos están relacionados con Michka Seld, una anciana cuyos últimos meses de vida nos cuentan en su relato. Cuando era pequeña Marie, la anciana la cuidaba. Por su parte, Jérôme es logopeda y trabaja en una residencia de ancianos. Allí llega, en la última etapa de su vida, Michka, padeciendo de afasia. Los dos asumen un reto que expresa la anciana como último deseo: hallar a una matrimonio que la salvó de morir en un campo de exterminio, en tiempos de la ocupación alemana, y que la acogieron en su casa, ayudándola y ocultándola. Ella quiere mostrarles su gratitud, aunque sea tan tarde. 

Entre los tres personajes hay un hilo de unión que da título al libro: la gratitud, las gratitudes. Muchas veces, reflexiona la autora de alguna manera, no somos capaces de agradecer lo que hicieron por nosotros, incluso desconocemos quiénes son o dónde están esos benefactores. El final de la vida de la anciana sirve para entender el sentido de la gratitud en la vejez, ese momento de balance último. Pero ellos también tienen que agradecer cosas a Michka, incluso a otras personas, sin que hayan sido capaces de hacerlo hasta el momento. No hay sentimentalismo, sino contención emocional, austeridad y sosiego en esta historia que trae el pasado hasta el presente, reivindicando el valor de la memoria, como muestra de nuestra propia vitalidad y de nuestra propia humanidad. Los tres personajes entienden que es precisamente la gratitud lo que ha generado lazos que no pueden romperse, a pesar del paso del tiempo e, incluso, de la muerte. 

Delphine de Vigan es una poderosa escritora que tiene una especial mirada sobre el tiempo y la vida. 

El corazón es un cazador solitario, la primera novela de Carson McCullers, se convirtió en un clásico desde que vio la luz. Extraordinaria circunstancia esta, también ampliable a otros de sus libros, todos ellos admirados y muchos llevados al cine. El sur de Estados Unidos es el escenario de la novela, una ciudad pequeña en la que todos los personajes llevan consigo el peso de la soledad y, a veces, del desarraigo. 

John Singer, el protagonista, es un hombre sordo que, al quedarse sin su compañero, se ve obligado a alquilar una habitación al joyero Kelly y allí, de forma milagrosa y extraña, comienza a recibir las visitas y las confidencias de todos aquellos desarraigados, preocupados, extraños y difíciles habitantes de la pequeña ciudad. Una adolescente, un médico, un obrero, el dueño de un café, todos ellos acudirán, en extrañísima procesión, a visitar a Singer y a contarle sus propias penas y vicisitudes, quizá no para que los entiendan sino, simplemente, para expresarlas. 


Más de cuarenta años después de su publicación original, la editorial Impedimenta saca a la luz, para los lectores en español, esta novela de Yuko Tsushima, "Territorio de luz". La historia de una separación matrimonial y lo que ello trae consigo. 
Un argumento sencillo pero que esconde los vaivenes de las vidas cuando estas cambian y se convierten en algo no deseado. El abandono y el desamor rompe los lazos que te atan, no solo a la otra persona, sino a los ritos y las ceremonias que habéis construido juntos. Entonces tienes que aprender a terminar y aprender a construir. 
De todo ello trata el libro, cuyo título tiene que ver con una cuestión física y sencilla: la luz que entra por los ventanales de la casa de la protagonista y que es su mayor conexión con la vida de fuera. La forma en la que puede recordar que no todo se ha terminado para ella. Una ingeniosa manera de dibujar la esperanza. 
Satoko Tsushima (Mitaka, Tokio, 30 de marzo de 1947 – Tokio, 18 de febrero de 2016), es más conocida por su pseudónimo Yūko Tsushima. Fue una escritora de ficción, ensayista y crítica literaria japonesa.1​  Ganó muchos de los principales premios literarios de Japón durante su carrera, incluyendo el Premio Izumi Kyōka de literatura , el Premio Noma Anual para nuevos talentos, el Premio Noma de Literatura, el Premio Yomiuri o el Premio Tanizaki. Esta es la primera traducción al español de uno de sus libros, quizá el más reconocido, aunque ya ha sido llevada a otros idiomas con anterioridad. Fue hija de uno de los más importantes escritores japoneses del siglo XX, de vida extraña y muerte prematura, por lo que apenas pudo conocerlo. 

Las relaciones entre madres e hijas son muy propensas a reproducirse en textos e, incluso, en algunos casos, marcan la vida de las personas. Están El baile y El malentendido, las dos novelas de Irène Némirovsky inspiradas en la relación (mala, malísima) que tuvo con su madre. Están los libros de Vivian Gornick, sobre todo Apegos feroces. Está la novela biográfica Tú no eres como otras madres, de Angelika Schorbsdoff. Las madres y las hijas son objeto de mucha escritura y de mucho cine, porque hay un lazo muy curioso entre ambas, un lazo de apego y de rivalidad que se confunde a veces. ¿Quién nos dice que en las madres ausentes de Emma, de Persuasión o de Mansfield Park (esta abrumada por la cantidad de hijos) no nos revela Jane Austen que sintió a su madre como un ser muy lejano?
De modo que este libro trata de las conversaciones y mensajes entre Charlène y su hija. Cada una de esas llamadas nos van mostrando tanto la relación entre ellas como la propia personalidad de la madre. Se trata de una mujer vitalicia, con un forma de pensar poco convencido y que tiene una peculiar manera de ver las cosas. Una persona interesante, podríamos decir. Sin embargo, tras esa brillantez exterior hay emociones ocultas y sentimientos tristes. Charlène, como les ocurre a muchas mujeres que llegan a los sesenta viudas y con los hijos lejos, se siente muy sola. Qué terrible es esta soledad, llegada cuando antes has vivido en plenitud la compañía...Ella no quiere tirar la toalla, no quiere ser una pobre víctima de la edad y la falta de compañía pero a veces esas cosas no se pueden elegir. 

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