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Fernando Quiñones, vida y obra. Por Antonio Rincón Muñiz

 


(Fernando Quiñones en su boda)

Cuando se han cumplido 22 años de la desaparición del gran poeta y narrador gaditano Fernando Quiñones se hace necesario, y es de justicia, recordar quién fue y qué escribió este andaluz universal.

Nace Fernando en Chiclana en 1930 y muere en Cádiz en 1998. Siendo un niño pequeño va a vivir a casa de su abuela paterna, en Cádiz. Allí pasará infancia y juventud hasta que decide marchar a Madrid.

Su inquietud literaria le lleva a crear dos revistas del género: Parnaso Platero. Quiñones nunca se desconectó de Cádiz. Vivió a caballo entre esta ciudad y Madrid. Cádiz se convierte, en la escritura quiñonesca, en un personaje más de su obra. Toda ella está salpicada de referencias a la Perla Atlántica y a sus topónimos. La describe y enaltece como nadie lo hizo nunca si exceptuamos a otro gaditano universal: José María Pemán. En la capital de España empieza a publicar poemarios. Su voz se deja oír en medios como Triunfo, ABC, Diario de Cádiz, Pueblo, el bonaerense La Nación...Colabora durante muchos años en el Reader ́s Digest lo que le permite viajar por países como Francia, Portugal, Marruecos, Italia... En Italia conoce a Nadia Consolani (ceramista y poeta) con la que acaba casándose en1959.

En 1971 abandona definitivamente sus colaboraciones en Reader ́s Digest para dedicarse en cuerpo y alma a la literatura, su gran pasión. Por esos años cultiva el flamenco del que resulta ser un conocedor profundo en poco tiempo. Publica varios libros de flamenco y da conferencias sobre el tema en medio mundo.

En 1960 ocurre un hecho de vital importancia para nuestro escritor, que influirá sobremanera en su vida literaria futura y lo dará a conocer en el mundo entero, al ganar el premio literario de narraciones breves que organiza el periódico La Nación de Buenos Aires. La importancia de este premio estriba en que el presidente del jurado es ni más ni menos que Jorge Luis Borges al que acompañan Bioy Casares y otros famosos escritores argentinos. El libro de relatos con que Fernando acude al premio es Siete historias de toros y hombres que incluía Cinco historias del vino La gran temporada, sus dos mejores libros de cuentos. Borges justifica el premio con las siguientes palabras: Como Quevedo, éramos partidarios del toro y no de los toreros. Todos sentimos, sin embargo, que los temas son símbolos y adjetivos. El único tema es el hombre y en los cuentos de Quiñones estaba el hombre, su índole y su destino. Lo premiamos con unánime acuerdo porque advertimos en la obra de Quiñones a un gran escritor de la literatura hispánica de nuestro tiempo, o simplemente de la literatura.

Estas palabras laudatorias del gran escritor argentino pudieran, paradójicamente, resultar un lastre más que una ventaja para el futuro literario de Quiñones, como razona con dosis grandes de sensatez Hipólito G. Navarro, el prologuista de Tusitala que recoge los cuentos completos del gaditano. Dice Hipólito: Yo creo que ese texto elogioso de Borges, en un país como el nuestro, antes que beneficio en el fondo no ha logrado más que hacerle daño, porque no hay muchos más autores españoles piropeados de esa manera grande, generosa, —dice Umbral que Borges de entre todos los escritores patrios solo habló de Quiñones y de Rafael Cansinos— y eso no lo perdonan fácilmente los contemporáneos.

Se dice que también Hemingway leyó al narrador andaluz, pues cuentan que al morir el autor de Fiesta encontraron encima de su mesilla de noche un libro de Fernando —La gran temporada— con acotaciones del americano.

La de Fernando Quiñones es una voz propia y plural con preocupaciones universales, como no podía ser de otro modo: el erotismo, la muerte, el paso del tiempo... Grandes temas para un gran autor. Quiñones maneja un lenguaje clásico, preciso, coloquial, sencillo, original, comprometido e impregnado de gracia, como buen caletero, que da veracidad a sus personajes. Viaja mucho y adquiere por ello una experiencia vital que queda reflejada más tarde en sus obras.

Fernando Quiñones pertenece, por edad y por estilo, a esa generación que comprende a los nacidos en los años 20 y 30 y se hace notar a partir de los 50. Una pléyade de importantes literatos que tratan todos los géneros. Generación del medio siglo o niños de la guerra cuya narrativa y poética tienen un nexo común o afín, al menos: Temática humana, lenguaje y belleza, realismo social, preocupación existencial y ética y gusto por la estética.


(La Casa Briones, en Chiclana de la Frontera, sede de la Fundación Fernando Quiñones)

Su obra es, esencialmente, rica y variada:

Poesía:
Ascanio o Libro de las flores; Cercanía de la gracia; Las crónicas de Rosemont. Muro de hetairas.   
Relatos:
Cinco historias del vino
La gran temporada
La guerra, el mar y otros excesos
Historias de la Argentina
El viejo país
Nos han dejado solos
Viento Sur
Legionaria
El coro a dos voces
Tusitala. Relatos completos.
Novelas:
El amor de Soledad Acosta
Vueltas sin fecha
La visita (La última en vida. Metaliteraria. Clarín, Proust y él)
Los ojos del tiempo
El coro a dos voces. Una novela en relatos
Culpable o El ala de la sombra
Las mil noches de Hortensia Romero
La canción del pirata
Teatro:
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Andalucía en pie
El grito
Si yo les contara
Ensayos: A destacar los de índole flamenca:
El flamenco vida o muerte
De Cádiz y sus cantes
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Antonio Mairena. Su obra, su significado (Con citas y fotos de mi libro Raíces Flamencas de Mairena del Alcor que le cedí agradecido)

Televisión
Ayer y hoy del flamenco

Cine

En 1968 crea Alcances, el festival de cine de Cádiz.

Por si fuera poco, escribe letras para agrupaciones carnavalescas

gaditanas e, incluso, sería pregonero del carnaval en 1980. Lo hizo disfrazado de senador romano tocado con una original corona hecha de mojarras frescas.

Fernando Quiñones fue y es un creador andaluz excepcional que, sin embargo, no obtuvo en vida todo el reconocimiento que indudablemente merecía, más aun cuando su obra impresionó y arrancó los mejores elogios de Borges, Alberti, Dámaso Alonso, José Hierro, Luis Rosales, Muñoz Molina, Martín Gaite y Hemingway, entre otros.

Poco antes de morir —noviembre de 1998, de un cáncer peritoneal— Fernando Quiñones llevó a su mujer junto al mar, frente al Castillo de San Sebastián, mirando el Atlántico, y desde allí le dijo: «Nadia, quiero hacerte un regalo: te regalo Cádiz».

La ciudad le regalará a Fernando Quiñones justo en ese lugar, años después, el paseo que lleva su nombre. Y, en La Caleta, una estatua.

A. Rincón

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