"¿Qué fue de los Mulvaney?" de Joyce Carol Oates



La granja es el síntoma de la estabilidad de la familia Mulvaney y su pérdida la nota del derrumbe. Esto exactamente cuenta Joyce Carol Oates en este libro. Cómo una desgracia puede acechar la vida de una familia normal y hasta feliz, para convertirla en un pozo de humillaciones y de tristezas. Cómo no está escrito nada hasta que la vida transcurre. El sueño de los padres, ver a sus hijos convertidos en personas adultas, responsables, sanas y prósperas, puede volar por los aires ante una circunstancia fortuita y feroz. En este sentido, es una especie de tragedia griega, de espacio intermedio entre la fatalidad y la felicidad, de momento cumbre que arrebata a unas personas su forma de vida y su futuro. Así traza Joyce Carol Oates muchas de las historias que escribe. Partiendo de la normalidad, del anonimato, convierte a sus personajes en seres indefensos, en seres perdidos, en seres desesperanzados. Es la esperanza el último eslabón que se les escapa y en esta pérdida hay toda una crítica al sistema de vida, a la sociedad en la que viven y a todo aquello que arroja una nube de bienestar ficticio o, al menos, voluble. Su narrativa tiene mucho de destrucción de lo cotidiano y mucho de enseñanza moral. 

Por eso he elegido las granjas de Edward Hopper para representar el libro. Poseer una granja es estar en el mundo, tener un papel activo en la sociedad, estar inmerso en las operaciones comerciales, en el intercambio, en la posibilidad de ser alguien. Perderla es ingresar en esa legión de seres invisibles que, después de perderlo todo o no habiéndolo tenido nunca, no son nadie ni para los agentes de seguro, ni para los ganaderos o agricultores, ni para el Estado, todo lo más, un carga fastidiosa. Ese cambio de papeles es tanto más desagradable cuanto que se produce de cara al espacio pequeño en el que se ha vivido toda la vida. No se puede seguir formando parte de una sociedad cerrada si no tienes nada que ofrecer, nada que ser. Esta es la mirada que Joyce Carol Oates dirige a la vida en América, sobre todo en los entornos rurales en los que ser es parecer. Y es también la mirada de Hopper, que capta esa soledad de los edificios vacíos, de la ausencia de personajes, de los colores indecisos. Ambos se complementan a la perfección. 


La granja de los Mulvaney es High Point Farm, y está en las afueras de Mt. Ephraim, en el Estado de Nueva York. Allí vive Michael Mulvaney con su mujer Corinne, y sus hijos Mike, Patrick, Marianne y Jodd. Será este último el que narre la historia de su familia pasados los años. La desgracia llega a ese entorno casi idílico el día de San Valentín del año 1976, cuando Marianne asiste al baile de su instituto y termina siendo forzada por uno de los jóvenes asistentes. La búsqueda de la justicia, del castigo al culpable, se torna ardua. No vale de nada haber sido unos miembros aceptados en la sociedad ni tener una vida intachable. Las cosas no son tan fáciles. Y todo comienza a deslizarse por una dura pendiente que lleva a la familia a la bancarrota y la disgregación. Esta historia familiar es la que le sirve a la autora para sacar sus conclusiones y lanzarnos sus pensamientos. Quizá no era necesario, porque cada uno de nosotros tenemos la capacidad de hacerlo, pero ella quiere insistir en lo que le parece importante, no quiere dejar que su historia pierda ni una sola posibilidad de reflexión y de, quizá, cambio, si ello es lógico y si la vida que llevamos lo permite. 

La eterna candidata al Nobel de Literatura vuelve a demostrarnos que no necesita el premio para nada y que, lejos de honrarla a ella, la consecuencia de su otorgamiento sería justamente al revés. Pero esto es otra historia y, como diría Michael Ende en ese libro de dos colores, tendrá que ser contada en otra ocasión. 

¿Qué fue de los Mulvaney? de Joyce Carol Oates. Editorial Lumen. Traducción de Carmen Camps Monfá. Cita inicial de Walt Whitman. Pinturas de esta entrada de Edward Hopper. 

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