La historia de Fay Langdon

 


Fay es la hija única y querida de un matrimonio sencillo. En su juventud fue muy famosa porque cantaba en la radio las canciones románticas y tristes de la época. Esas canciones le recuerdan su infancia y su vida pasada y por eso, quizá, al crecer nunca ha querido volver a oírlas. Su boda con Owen Langton fue una verdadera suerte porque él era atractivo, atento y trabajador. Demasiado trabajador, según Fay, porque pasaba mucho tiempo fuera de casa y porque no parecía tener la suficiente alma como para entenderla. Las mujeres, piensa ella, son siempre complicadas de entender para los hombres de mente sencilla y crearles problemas no sirve de nada, te considerarían entonces un verdadero estorbo. La casa en la que Owen y Fay viven es horrorosa, porque la decoró Hermione, la primera mujer de Owen, que tenía mal estilo y mal gusto. Esos extremos en los colores y esos detalles horribles en la decoración perdurarán en la casa durante todo el matrimonio, que se romperá cuando él muera en un accidente de tráfico en la costa azul, en uno de sus viajes de negocio. 

Entonces Fay pasa a ser una viuda. Primero fue una hija querida, una chica con éxito, una esposa complaciente y después una viuda. Aunque aún no tiene ni cincuenta años el ser viuda le da un plus de honorabilidad y de aburrimiento que ella no está dispuesta a comprender. Todo el tiempo Fay se hace miles de preguntas e interroga a la vida tanto como a la gente que la rodea, aunque a esta siempre lo hace de modo interior, sin dejar traslucir nada. Es una muchacha de clase inferior en un mundo de personas superiores. Eso deja huella toda la vida, piensa Fay, y así es. Desde que se casó con Owen entra en su ámbito vital una mujer egoísta y hasta perversa, Julia, alta sociedad venida a más o a menos, según se mire. Julia es de esa gente que te hace sentir inferior, más inferior aún, que nunca agradecen nada, que no te inspiran ni amor ni confianza, que hurga en lo peor de ti y que parece disfrutar cuando los otros se sienten incómodos o perdidos. Es la persona que nadie querría encontrar cerca de ella. Existen muchas "Julias" y todos hemos conocido a alguna. 


La vida de Fay tiene los altibajos de quién se va haciendo mayor en soledad. La soledad de no tener compañía y para quien el recuerdo del pasado ya no es suficiente. Irá buscando la forma de paliarla y de seguir sintiéndose una mujer en todos los sentidos. El paso a la ancianidad será otro escalón que deberá sortear de la mejor manera y se planteará todos los conflictos que tienen que ver con la pérdida de la ilusión o con la aceptación de un destino invisible para los demás. Así transcurre el libro, con la evidencia de que lo que cuenta la autora no es mera ficción, aunque lo sea. Y con la seguridad de que no puede ofrecer nada más que dudas y algún rayo de luz, debido a la experiencia y, sobre todo, a la aceptación de lo que se posee. Fay es un mujer cuyo cuerpo envejece más rápido que su mente o su corazón. Y ese desequilibrio es fatal para ella porque nunca irá acompasada en el ritmo de su vida o en sus deseos. La desaparición de los deseos es algo que debería ser automático, piensa, porque de ese modo no habrá sufrimiento. Pero en su caso, como en tantos otros, no es así, porque palpita de una forma que nadie podría entender salvo un alma gemela que no existe. Lo lógico a su edad (termina la novela con casi setenta años) es que sea egoísta y busque solo la comodidad material, el hacer lo que se le antoje en cada momento. Pero no es eso lo que a ella le hace feliz. Y ser feliz es una búsqueda tan cansada para alguien que se hace mayor que termina por derrotarte. 

Vidas breves. Anita Brookner. Editorial Libros del Asteroide. Traducción de Catalina Martínez Muñoz. Escrito por la autora en 1990, publicado en 2020. 

Anita Brookner tiene una biografía excepcional, aunque sus libros han sido escasamente traducidos en España. Solo algunos en la editorial Tusquets, que ahora no pueden encontrarse, otro que publicó Ediciones B hace años y dos que ha traducido Libros del Asteroide, Un debut en la vida y este otro, Vidas breves. No es casual que la palabra "vida" aparezca en los dos títulos. Ella vivió en Londres toda su vida, con la excepción de estancias en París, ya que es una especialista en pintura francesa, tema que estudió y sobre el que publicó diversos trabajos. 

Brookner fue una especialista en historia del arte que había publicado muchos ensayos de tipo artístico cuando, a los 53 años, saltó al mercado editorial con su primera novela, precisamente Un debut en la vida (1981). Desde entonces ha ido publicando una novela al año, sumando 24, hasta su muerte en 2016, cuando contaba 88 años. Son libros intensos pero que reflejan de forma exacta y detallada las vicisitudes emocionales de las mujeres del siglo XX, con sus deseos insatisfechos, sus miedos, sus búsquedas y esa permanente necesidad de ser feliz, a modo de lujo para sus vidas. 

Las fotografías de esta entrada son de William Eggleston (1939).