Saul Leiter: días de lluvia

 



Quizá porque procedo de una tierra de mar y vientos, no me gusta la lluvia, salvo la que es mansa y cae sin apenas notarse. Por eso cierro la ventana, echo las cortinas y entro en el ancho mundo de Internet cuando los días amanecen oscuros y la tormenta avanza. No entiendo esos paisajes deseados de chimenea y de frío, ni tampoco los senderos pegajosos de agua, ni los árboles desnudos de hojas. Mi horizonte es la calma, la brisa caliente del levante y las noches diáfanas del verano que traen buenos recuerdos. De modo que, en los días de lluvia, observo las imágenes de Saul Leiter, leo algunos poemas de Pessoa o de Borges, miro hacia el interior en lugar de hacia fuera, y saco conclusiones: nada mejor que julio con las piernas desnudas, nada mejor que agosto de besos sin medida. 

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