"Lady Ludlow" de Elizabeth Gaskell

 


Elizabeth Gaskell es una de tantas escritoras desconocidas hasta hace algunos años y que cuenta con una obra deliciosa. En este blog hay ya constancia de su escritura y de sus obras, así como del mundo que le tocó vivir, esa encrucijada de cambios que tan bien reflejó en sus novelas. Hija y esposa de pastores de la Iglesia Unitaria inglesa, Elizabeth Gaskell (Londres, 1810-Alton, 1865), es uno más de los casos de mujeres de vida retirada y plácida que, no teniendo aparentemente nada que contar forman parte de la historia de la Literatura, con una obra sólida y resistente al paso del tiempo, quizá porque, al margen del contexto, sus historias y personas son intemporales. De ellas se han realizado versiones en forma de películas y de series de televisión de gran éxito. Algunos de estos libros, como era usual en el siglo XIX, se publicaron por entregas en las ediciones y suplementos dominicales de los periódicos. 

Resultan maravillosos los ambientes que recrea, el estudio de la psicología de los personas y la descripción de situaciones y de sentimientos. Ningún libro de Gaskell te deja indiferente. La editorial Alba ha publicado algunos de sus títulos: 

Hijas y esposas
La prima Phillis
La vida de Charlotte Bronte
La casa del páramo
Cranford
Cuentos góticos

Una vez que descubres a Elizabeth Gaskell la adoras para siempre. Reconoces en ella a una escritora de pulso firme, a una mujer de convicciones y a una observadora de la vida, plena de matices y de pequeños detalles. Como otras mujeres de su generación (1810-1865), es una indomable, alguien que depositó en la escritura bastante más que una afición o un entretenimiento. 

Resulta muy curioso comprobar como sus libros no se paran, únicamente, en la clase a la que ella pertenecía, la más acomodada e instruida, sino que bucea en las contradicciones que la vida de los obreros y de la gente del campo presentaba en estos años mediados del siglo XIX. 

En su famoso libro Cranford, escrito durante su estancia en Manchester, plasma con toda sensatez la difícil vida de los trabajadores y la oscuridad de la misma. Otra obra de singular relevancia es Norte y Sur y, seguramente su obra maestra es Hijas y esposas, en la que la doble vertiente de la vida privada y de la vida social se unen de forma magistral para ofrecernos un cuadro inigualable. 

Una obra deliciosa es Los amores de Silvia, verdaderamente victoriana, con esa mezcla de firmeza y novelería que toda novela amorosa debe contener. Las confesiones del señor Harrison,  otra de sus obras se desarrolla en el imaginario pueblo de Duncombe, que identificamos con el Knutsford de su infancia. La rectoría, la oficina de correos, el pequeño pub, la casa del médico, las casas de las familias acomodadas, los campesinos y labriegos (en este condado hay una intensa dedicación a la ganadería de las granjas lecheras y a la agricultura, y, sobre todo, una naturaleza que funciona como telón de fondo y que marca el hilo de las relaciones y las horas del día. Harrison es un joven médico que llega al pueblo como ayudante del titular. Cuando llega allí descubre que hay muchas mujeres, sobre todo viudas y solteronas ricas, pero está también la muchacha en la que fija sus ojos de inmediato, la joven Sophy, hija del párroco. Las peripecias que acontecen al joven tienen mucho que ver con un modo de vida lento, tranquilo pero no exento de envidias, maldades y estratagemas, lo que quizá será demasiado para un joven acostumbrado a la vida en la ciudad y que desconoce los ritmos y los ritos de las sociedades rurales.

Elizabeth Gaskell es la escritora en lengua inglesa de carácter más social de todas las que vivieron en el siglo XIX que son muchas. Nació siete años antes de que muriera Jane Austen (1775-1817) y conoció en primera persona las tensiones provocadas por la Revolución Industrial ya que, al casarse, se fue a vivir a Manchester. El contraste entre la vida en esa ciudad y su infancia en el pueblecito de Knutsford, en el que vivió tras la muerte de su madre, es brutal. Por eso los aspectos sociales tienen en ella una fuerza especial, por eso no deja de lado la situación de clases desfavorecidas que se ven abocadas a dejar las campiñas para ir a trabajar a las grandes fábricas textiles en esos años de cambio económico. 

En Lady Ludlow se observa cómo las nuevas costumbres van cercando la vida de los aristócratas y forzándola a convertirse en otra cosa. Las escuelas dominicales darán instrucción a los niños pobres, algo que antes era imposible de pensar porque solo existía educación para los ricos. La industria se abrirá paso y creará otras clases sociales ya basadas en el dinero y no en la sangre o el título. Todo el mundo es un lugar convulso en el que es difícil encontrar su sitio. De modo que ese es el gran reto de Lady Ludlow y en ese reto encontrará personajes que tendrán sus propios matices y sus propias luchas. Nada de cartón piedra, vida pura y natural es lo que hay en estas historias que Gaskell cuenta como si las hubiera vivido en primera persona.