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Gente en sombras



(Foto Archivo C. L. B. )

No eres la única persona que, en ocasiones, sientes como un globo de luz se instala en tu garganta y te pide salir al exterior. Ese globo son las palabras, las quejas, los duelos, los sueños, las penas, las esperanzas. Todo lo que forma parte de lo que sentimos. Si eres una adolescente, ocultarás a tus padres esas sensaciones y te callarás casi todo. Entrarás en la era del silencio que terminará pasados unos años. Mientras tanto serán los amigos los que recojan esas emociones, los que hagan de contenedor de tus miles de problemas, reales o ficticios. Si eres una persona adulta, tendrás suerte si has logrado crear en torno a ti una red de afectos que escuchen siempre que lo necesites. Es verdad que existen personas que no tienen ninguna necesidad de contar su interior. Pero también puede ocurrir es que estas personas tengan poco que contar. O que procesen sus historias de una manera difícil de entender para aquellos que, como yo, creemos que la comunicación es la base del afecto. 

Joven o viejo, qué más da. Ese tropel de sensaciones que los seres humanos van atesorando, como la muestra palpable de que viven, puede retenerse inútilmente o puede convertirse en algo vivificador, en algo que allane los caminos. Hay creadores que utilizan esa energía precisamente para eso, para ofrecer a los demás obras que generen esperanza. Y hay quien lo plasma en su día a día, en esa vitalidad constante y necesaria que sale a la luz sin más remedio. Escojas la opción que quieras no deberías avergonzarte de formar parte de los ejércitos de la palabra, del apretón de manos, del abrazo o los besos. Mucho mejor esto que sentir la frialdad de quien no tiene nada que ofrecer, aunque nada pida. 

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"Tú eres buena, tú eres lista, tú eres importante"

(Aibileen Clark con la niña a la que cuida, Mae Mobley Leefolt en Criadas y señoras, 2011) Una frase puede valer tanto como un tratado. La mayoría de los que escriben darían oro por una buena frase. Las frases son como las ideas: lo más difícil de hallar, lo más fácil de plagiar y lo más duradero. Una buena frase representa un logro para el que la escribe o pronuncia. Detrás de una buena frase siempre hay una idea valiosa. Y, además, una buena frase te hace pensar en cuestiones que merecen la pena.  La película Criadas y señoras (The Help, 2011, de Tate Taylor) incluye esta frase en boca de la criada negra de la niñita blanca: "Tú eres buena, tú eres lista, tú eres importante" . La criada negra no ha estudiado psicología pero ha criado ella sola a diecisiete niños. Todos ajenos. Todos blancos. Resulta incongruente cómo en esta película ( y supongo que también en la realidad que retrata) las mujeres blancas dejan a sus preciosos hijos blancos en manos de criadas

"El placer de vivir sola" de Marjorie Hillis

Para quienes piensen que este es un libro más de esos de autoayuda que nos tienen cercados hace tiempo basta fijarse en el año de su publicación original, 1936. Marjorie Hillis (1889-1971) es una pionera en todos los sentidos. Su trabajo en la revista Vogue la puso en contacto con mujeres que, como ella, llevaban las riendas de su vida. La publicación del libro obtuvo un enorme éxito. Es verdad que ella terminó saliendo del círculo de solteras independientes a las que iba dedicado: se casó en 1939. Pero eso no significa nada, salvo que esperó a casarse el momento en que encontró al hombre adecuado. Este resultó ser Thomas Henry Roulston, viudo y propietario de algunas tiendas en Brooklyn. El matrimonio duró diez años pues su marido murió en 1949.  Hillis, que llegó a ser editora asistente de Vogue, era hija de un pastor congregacional y estudió en un colegio para señoritas en New Jersey. Después del éxito de este libro escribió otro dedicado a los negocios que podía emprend

Hombres solos, hombres solitarios

Presumes que eres la ciencia y yo no lo entiendo así porque siendo tú la ciencia no me has comprendido a mí. (Soleares. Juanito Mojama) ✿✿ En los tiempos del Oeste americano, que tanta literatura ha creado y, sobre todo, tanto cine, los hombres cargaban sobre sus hombres el peso de la valentía. Ser cobarde era un oprobio. Ningún cobarde podía sacar adelante a su familia, ni mantener sus tierras, ni vivir con dignidad. Pareciera que la valentía era la moneda de curso legal. Y, sin embargo, el cine nos cuenta que los valientes o los dignos eran la excepción. Más bien hombres solos, a veces también solitarios, que, llegada la hora de la verdad, se encontraban en la más estricta y descarnada soledad. Los guionistas de los westerns eran, como se ve, grandes conocedores de la naturaleza humana, bastante más que la propia señorita Marple que decía siempre, comparando a la gente que conocía con la de su pueblo natal Saint Mary Mead, que "es la misma en todas partes