Ir al contenido principal

Ford, Glenn Ford


Que Glenn Ford no ganara nunca un Oscar es una señal evidente de lo que son los premios. Dependen de tantas cosas y de tantas circunstancias que son fiables a medias. Hay por lo menos tres películas por las que Ford merecía un Oscar (y no cuento entre ellas a Gilda): Los sobornados, de Fritz Lang, en 1953; Deseos humanos, del mismo director y un año después; Chantaje contra una mujer, de Blake Edwards, 1962. Las tres se pueden encuadrar en lo que llamamos "cine negro" y lo mismo le ocurre a Gilda. En realidad, en esta famosísima película, el papel de Ford es mucho más interesante que el de ella, pero la fama tiene esas cosas. Los sobornados, es una de las mejores películas negras que se han rodado nunca. Su violencia expresada y elíptica la convierte en un film oscuro, en una muestra de la maldad humana y de cómo las personas llegan a ser capaces de lo peor. Por su parte, en Deseos humanos (donde vuelve a encontrarse con la gran Gloria Grahame, quizá su pareja cinematográfica perfecta), encarna otra vez a un hombre de una pieza, incorruptible e imposible de dominar. Algo así pasa también en Chantaje contra una mujer que es una película atípica en la filmografía de su director pero que tiene la evidente fuerza de las películas mayores. 


(Glenn Ford y Gloria Grahame en Los sobornados) 

Hay algo creíble en los personajes de Glenn Ford. Algo que, en un principio, puede pasarte desapercibido y que necesita una vuelta más. Pero, cuando lo percibes, entonces nunca más dejará de impresionarte. Tenía una forma de mirar que era capaz de lograr captar la verdad sin dobleces. Y, cuando en la lucha tiene algún momento amable, casi agradeces que sonría. Poseía la extraña cualidad de enternecer y de asombrar. A veces da la sensación de que el amor lo vence pero esto solo ocurre cuando no interfiere con una eterna búsqueda de cierta clase de justicia. No es fácil entender su personalidad y no debía serlo tampoco en la vida real. Quiso a muchas mujeres y fue adorado por ellas pero siempre se le escapó esa clase de serenidad que hay gente que nunca conoce. 


Con Rita Hayworth tuvo siempre una entrañable amistad que no decayó con el paso del tiempo. El hombre que llevaba gabardina en tantas películas policíacas, supo enfundarse el smoking y pasearse por salas de juego, por garitos, por lugares inmundos, pero algo nos dice que no se contaminó, que conservó esa especie de dura dignidad incorruptible. Cincuenta años de carrera no le bajaron los humos y siguió pensando en que era posible ser bueno y ser duro. También fue el amigo de siempre de William Holden, otra personalidad profunda y llena de aristas. En eso coincidían los dos. Lo mismo que en ser infravalorados por el mundo del cine, aunque el paso del tiempo ha dejado una obra que tiene una legión de seguidores. Aunque solo fuera por las películas que hizo con Fritz Lang, su estrella no se apagaría. 



También trabajó con Bette Davis y ella aparece en las fotos con una media melena y un flequillo corto que la distingue de otras bellezas de la época. En 1946 fue Vidas robadas y, años después, cuando las cosas eran menos propicias, Un gángster para un milagro, Capra del 61. La nómina de partenaires y de directoras es tan abultada que recoge por sí sola todo el cine clásico de la década de los cuarenta, cincuenta y aun de los sesenta. A partir de aquí, el cine cambió y todo cambió, pero el siguió trabajando, con esa sonrisa inconfundible, ese savoir faire y ese aire de hombre honesto al que nada puede corromper. Podía haber sido un intocable, y quizá lo fue. O un James Bond canadiense, lo más en el género, estoy segura. 


Estoy segura de que todas las mujeres que amó en el cine creyeron que, de verdad, las amaba. Eso es más de lo que puede decirse de algunos en la vida real. Por eso podías fiarte de él, subirte en su coche, dejar que te pusiera el abrigo por los hombros y perderte en una mirada única y en una sonrisa firme. Ford, Glenn Ford.

Entradas populares de este blog

"Tú eres buena, tú eres lista, tú eres importante"

(Aibileen Clark con la niña a la que cuida, Mae Mobley Leefolt en Criadas y señoras, 2011) Una frase puede valer tanto como un tratado. La mayoría de los que escriben darían oro por una buena frase. Las frases son como las ideas: lo más difícil de hallar, lo más fácil de plagiar y lo más duradero. Una buena frase representa un logro para el que la escribe o pronuncia. Detrás de una buena frase siempre hay una idea valiosa. Y, además, una buena frase te hace pensar en cuestiones que merecen la pena.  La película Criadas y señoras (The Help, 2011, de Tate Taylor) incluye esta frase en boca de la criada negra de la niñita blanca: "Tú eres buena, tú eres lista, tú eres importante" . La criada negra no ha estudiado psicología pero ha criado ella sola a diecisiete niños. Todos ajenos. Todos blancos. Resulta incongruente cómo en esta película ( y supongo que también en la realidad que retrata) las mujeres blancas dejan a sus preciosos hijos blancos en manos de criadas

"El placer de vivir sola" de Marjorie Hillis

Para quienes piensen que este es un libro más de esos de autoayuda que nos tienen cercados hace tiempo basta fijarse en el año de su publicación original, 1936. Marjorie Hillis (1889-1971) es una pionera en todos los sentidos. Su trabajo en la revista Vogue la puso en contacto con mujeres que, como ella, llevaban las riendas de su vida. La publicación del libro obtuvo un enorme éxito. Es verdad que ella terminó saliendo del círculo de solteras independientes a las que iba dedicado: se casó en 1939. Pero eso no significa nada, salvo que esperó a casarse el momento en que encontró al hombre adecuado. Este resultó ser Thomas Henry Roulston, viudo y propietario de algunas tiendas en Brooklyn. El matrimonio duró diez años pues su marido murió en 1949.  Hillis, que llegó a ser editora asistente de Vogue, era hija de un pastor congregacional y estudió en un colegio para señoritas en New Jersey. Después del éxito de este libro escribió otro dedicado a los negocios que podía emprend

Hombres solos, hombres solitarios

Presumes que eres la ciencia y yo no lo entiendo así porque siendo tú la ciencia no me has comprendido a mí. (Soleares. Juanito Mojama) ✿✿ En los tiempos del Oeste americano, que tanta literatura ha creado y, sobre todo, tanto cine, los hombres cargaban sobre sus hombres el peso de la valentía. Ser cobarde era un oprobio. Ningún cobarde podía sacar adelante a su familia, ni mantener sus tierras, ni vivir con dignidad. Pareciera que la valentía era la moneda de curso legal. Y, sin embargo, el cine nos cuenta que los valientes o los dignos eran la excepción. Más bien hombres solos, a veces también solitarios, que, llegada la hora de la verdad, se encontraban en la más estricta y descarnada soledad. Los guionistas de los westerns eran, como se ve, grandes conocedores de la naturaleza humana, bastante más que la propia señorita Marple que decía siempre, comparando a la gente que conocía con la de su pueblo natal Saint Mary Mead, que "es la misma en todas partes