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Todo al rojo


Hay gente bastante hija de puta que te hace llorar sin que sirva de nada. Remolonean alrededor de las horas, se muestran, desaparecen, siempre quieren llevar razón, son una estampa oscura de la vida. La cuestión estaría en esas lágrimas, en qué sentido tienen, en por qué. Si sabes que son una ambulante cuchillada, deberías arriesgarte y cortar el lazo azul o rojo que te ata. Si sabes que las tardes se convierten en feos anocheceres, deberías protegerte, deberías sentarte delante de ti misma y decir, ya basta, se acabó, he llegado hasta aquí, no es esto lo que quiero.

Pero te asusta el vértigo de perder lo que, en realidad, ni siquiera has tenido. Porque hay gente que nunca se conforma con estar sin clavar un agudo estilete cada vez que respiras. Pero te asusta el vacío que, en realidad, es mayor con ellos que sin ellos. Porque hay gente que nunca entiende las cosas que tú explicas y lo convierte todo en vil caricatura. 

(Foto: Guy Bourdin)

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"El placer de vivir sola" de Marjorie Hillis

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