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La venganza es una obra de teatro


Annette Bening tiene una asombrosa risa cristalina. Como si se riera dentro de un juego de espejos. En esta película se ríe, sobre todo, cuando se enamora o cuando cree enamorarse. Necesita emociones fuertes, hubiera sido una buena espía. 1938 y Londres vive el teatro, la noche, los cabarets y la fiesta como si solo eso importara. Annette es Julia Lambert una cotizadísima actriz de teatro, una estrella, que llena los teatros y que tiene un matrimonio muy conveniente con Jeremy Irons, que aquí se llama Michael. Su hijo, Roger, está en ese tránsito de la adolescencia a la juventud que todas las madres temen, pero aquí no debería haber preocupación. Roger es el personaje más juicioso de todos. Y el más observador. También le va a la par Lord Charles, un atractivo Bruce Greenwood que tiene toda la cara del presidente Kennedy. 

En "Conociendo a Julia", los secundarios no son tales, sino fuentes de sabiduría, la sal de la película, el aliño imprescindible. Desde el maître del restaurante, tan elegante y educado, hasta la criada de confianza, la dueña del teatro o el autor, este un poco loco, es verdad, quizá trasunto de quien escribió la novela, el auténtico Somerset Maugham. Imposible que las cosas no salgan bien con este elenco. 



Cuando Tom, el muchacho americano con aspecto inocente, aparece en la vida de todos ellos, Julia sentirá que está viviendo de nuevo una adolescencia que ya se escapó. Y él sabrá tocar los resortes más seguros y obvios para que una mujer madura se enamore de un jovencito aparentemente entregado. Sin embargo, todos sabemos que la vida real ofrece pocos ejemplos de entrega como este y el joven tendrá que pedirle dinero para sobrevivir y aceptará regalos que le suban la autoestima. Julia debió darse cuenta entonces, pero no es fácil renunciar a la aventura. 


Todos observan el juego desde fuera pero pocos se atreverán a decirle la verdad. Quizá Lord Charles, un buen amigo que la adora, aunque juega en otra liga. Quizá Roger y, sobre todo, su mentor, su corifeo, aquel que la convirtió en lo que es. Y entonces entra Michael Lambon, deja de ser el padre de Emma y se aparece cuando conviene para darle sabios consejos. La venganza de Julia ante el engaño triple no podrá ser de otro modo que en el escenario. Porque ese es el terreno en el que siempre llevará ventaja y la ventaja ha de aprovecharse. Será consciente, no obstante, de que la vida tiene muchos tramos y que ser una perpetua adolescente no convence a nadie. Ni siquiera a ella misma, sobre todo. 



Un providencial viaje a las Islas del Canal, una vuelta a su infancia, a su madre, a su tía, a la humedad del clima, a los jerseys, a los desayunos copiosos y a ese paisaje que fue su vida antes de subirse al escenario, convierten el dolor en sabiduría y, de ese modo, todos podemos disfrutar con ella del rapapolvo que le da a la emergente señorita rubia, con lo fácil que es ser rubia para cualquiera, y a los dos hombres que han intentado jugar a la ruleta con ella. No, amigos, esto es teatro, pero la vida enseña que también la venganza lo es. 

Conociendo a Julia es una película de 2004 dirigida por  István Szabó. 

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