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Los libros de tu vida



Esta es una cuestión recurrente en las redes sociales. ¿De qué vida?, me pregunto. ¿A qué vida pertenecen esos libros a los que tengo que hacer mención? ¿Los libros que acabo de descubrir? ¿Los que leía de pequeña? ¿Los que me regalaron mis amantes? ¿Los de la biblioteca de mi madre? ¿Los que me traía mi padre de la imprenta? ¿Los que descubrí andando por las estaciones de tren? ¿Los que me recomendó mi primer pretendiente? ¿Los que encuentro husmeando por las librerías? ¿Los que sacan en portada las editoriales de mi confianza? ¿Los que tuve que leer en el instituto? ¿Los que descubrí en la Universidad a fuerza de insistir? ¿Los que lee el hombre que me gusta en cada momento? ¿Los que hay que leer porque lo dice todo el mundo? ¿Los que tienen una portada preciosa y te atraen? ¿Los que empiezas y dejas de lado porque te horrorizas? ¿Los que te cansan pero no lo dices? ¿Los que encuentras rebuscando en armarios? ¿Los que te regalan aquellos que no te conocen? ¿Los que te dieron en la fiesta del Día del Libro cuando eras la mejor estudiante? ¿Los prohibidos, los que escondías dentro del libro de Física? ¿Los que anuncian en la tele? ¿Los que escriben autores a los que adoras? ¿Los que son historias de película? ¿Los que leen tus hermanos y te recomiendan ansiosamente? ¿Los que se ponen de moda? ¿Los de autoficción, que te hacen llorar? ¿Los de poemas que canta Serrat? ¿Los de miedo, que dejaste a medias? ¿Los best-sellers? ¿Los premiados por Planeta que van todos encuadernados igual? ¿Los del mueble bar de la casa de tu tía? ¿Los que escriben autores de nombre impronunciable? ¿Los que forman la lista de los más vendidos? ¿Los come il faut? ...

O quizá, si no te importa ir contracorriente, los que te emocionaron, los que te preguntaron, los que traían historias para perderte, los de autores (autoras) desconocidos de los que nadie había oído hablar, los de editoriales sin nombre, los ocultos, los perdidos, los extraños, los difíciles, los amorosos, los increíbles, los envueltos en un aroma indescifrable... ¿qué libros, de qué vida?

Siempre que intento responder a esta pregunta que hacen por ahí, más que nada por jugar, acabo con la sensación de que no he leído nada, de que lo que he leído ha debido ser un bluff y de que soy como las pretendidamente elegantes que se visten de Zara y no de Alexander McQueen. Quisiera ser Carolina Herrera y soy, o eso parece, de H&M. Un desastre. 






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"Tú eres buena, tú eres lista, tú eres importante"

(Aibileen Clark con la niña a la que cuida, Mae Mobley Leefolt en Criadas y señoras, 2011) Una frase puede valer tanto como un tratado. La mayoría de los que escriben darían oro por una buena frase. Las frases son como las ideas: lo más difícil de hallar, lo más fácil de plagiar y lo más duradero. Una buena frase representa un logro para el que la escribe o pronuncia. Detrás de una buena frase siempre hay una idea valiosa. Y, además, una buena frase te hace pensar en cuestiones que merecen la pena.  La película Criadas y señoras (The Help, 2011, de Tate Taylor) incluye esta frase en boca de la criada negra de la niñita blanca: "Tú eres buena, tú eres lista, tú eres importante" . La criada negra no ha estudiado psicología pero ha criado ella sola a diecisiete niños. Todos ajenos. Todos blancos. Resulta incongruente cómo en esta película ( y supongo que también en la realidad que retrata) las mujeres blancas dejan a sus preciosos hijos blancos en manos de criadas

"El placer de vivir sola" de Marjorie Hillis

Para quienes piensen que este es un libro más de esos de autoayuda que nos tienen cercados hace tiempo basta fijarse en el año de su publicación original, 1936. Marjorie Hillis (1889-1971) es una pionera en todos los sentidos. Su trabajo en la revista Vogue la puso en contacto con mujeres que, como ella, llevaban las riendas de su vida. La publicación del libro obtuvo un enorme éxito. Es verdad que ella terminó saliendo del círculo de solteras independientes a las que iba dedicado: se casó en 1939. Pero eso no significa nada, salvo que esperó a casarse el momento en que encontró al hombre adecuado. Este resultó ser Thomas Henry Roulston, viudo y propietario de algunas tiendas en Brooklyn. El matrimonio duró diez años pues su marido murió en 1949.  Hillis, que llegó a ser editora asistente de Vogue, era hija de un pastor congregacional y estudió en un colegio para señoritas en New Jersey. Después del éxito de este libro escribió otro dedicado a los negocios que podía emprend

Hombres solos, hombres solitarios

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