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Mostrando entradas de julio, 2020

"Roth desencadenado" de Claudia Roth Pierpont

Hay algo que me une a Philip Roth aunque él no lo sepa. Los dos adoramos "Las chicas de campo" de Edna O´Brien. Ella es mi apuesta firme para el Nobel de Literatura hace años y creo que él me daría la razón. Como ha comentado Martin Amis, Roth ya tiene su biografía y, como está vivo (el próximo 19 de marzo, Día del Padre, cumplirá 83 años) ha tenido ocasión de saber qué se piensa de él. O que piensa su biógrafa, Claudia Roth Pierpont que comparte nombre con él pero no lazos familiares. Son amigos y, como afirma Claudia, los amigos se dicen la verdad los unos a los otros. Presumo que lo mejor para cualquier mujer en relación a Roth es mantener un lazo de amistad sin interferencias. Por si acaso.  Sin censuras, porque el libro no lo leyó el escritor antes de terminarse, la autora nos cuenta la infancia en Newark y los datos de su familia: abuelos judíos rusos y polacos, padres americanos de primera generación, allá por New Jersey. Judaísmo pero menos.  Las mujeres

"El arcoiris" de D. H. Lawrence

Esta novela, que la editorial Alba, en su colección Clásica Maior acaba de publicar, es, en realidad, una precuela de "Mujeres enamoradas". Porque en ella se narra la historia anterior, la familia de la que proceden las hermanas Ursula y Gudrun, que son las protagonistas de "Mujeres...".  Es un recurso cinematográfico frecuente y una forma literaria que usa Lawrence para bucear en las raíces de esas mujeres que, cada una a su manera, busca el amor sin lograr saciar su necesidad de querer y ser queridas. La peripecia de "Mujeres enamoradas" organizada en torno a cuatro personajes, Gudrun, Ursula, Birkin y Gerald Crich, es más sencilla, aparentemente, que la historia que se teje en "El arcoiris". Aquí están los Brangwen, la familia que se muestra en tres generaciones que abarcan sesenta años.  D. H. Lawrence había nacido en Eastwood, en el condado de Nottingham, en 1885. Su padre era un minero analfabeto y borracho que no le aportó nad

En el cine, años cincuenta

El cine fue el gran milagro del ocio en el siglo XX. La alegría de las noches del sábado, la mejor forma de disfrutar si tenías pareja, si ibas en familia o con amigos. El cine cambió la forma de vivir la realidad y de soñar la vida. Todo se convertía en un vocabulario especial y nuevo. La cinefilia unió a las personas en un lenguaje común, en un encuentro que ningún otro arte ha logrado. Las películas imprimen carácter y sus personajes son parte de la existencia cotidiana. Las modas surgieron del cine y la historia personal de las estrellas fueron el espejo en el que mirarse. Sin el cine, la cotidianeidad hubiera sido más gris, más oscura, menos abierta y libre. Las colas para los grandes estrenos eran el símbolo del deseo de algo mejor. El cine fue la ventana abierta al exterior, la muestra de que la vida se podía escribir con otros renglones.  Los años cincuenta en España tienen un resto de sufrimiento añadido que es difícil olvidar. Las cosas estaban condicionadas por la es

Cien sabios y una muchacha

Cuando yo era muy joven e ignorante tropecé por casualidad con un sanedrín de flamencos sabios. Cada uno de ellos había recorrido una parte importante de su propia biografía y tenía un talento que mostrar al mundo. Todos eran, a la vez, conocedores de lo mucho y expertos en lo suyo. Una difícil constelación que no siempre se halla. Más bien lo contrario. Pienso en los chavales jóvenes que llegan con toda la ilusión del mundo a su primer trabajo y, en lugar de que los guíen, o los asesoren, ahí están los buitres para hacerles morder el polvo. Como si de una película del oeste se tratara, una película mala, sin Clint Eastwood y sin Morricone, los jóvenes que empiezan tienen que sortear los obstáculos en total soledad, sin mentores y sin ayudas, pisando charcos y llevándose la peor parte de casi todo. Ahora las empresas hablan de la gestión del talento pero, la mayoría de ellas, mienten. Gestionar el talento a su juicio es sacarles el jugo a los nuevos para que los antiguos se apunte

"Villa Vitoria" de D. E. Stevenson

D. E. Stevenson es Dorothy Emily Stevenson (Edimburgo, 1892- Dumfriesshire, 1973). Si te suena el apellido es con razón. Resulta ser la hija de un primo de Robert Louis Stevenson, que no necesita presentación y que está en nuestras estanterías desde que éramos adolescentes. Esta Dorothy es un personaje tan interesante como lo son los de sus novelas, sobre todo los femeninos. Si repasas un poco su peripecia biográfica puedes entenderla y entender qué escribe y por qué lo hace. Su padre era un ingeniero que diseñaba faros, es más, toda su familia era diseñadora de faros. La educó una institutriz y cuando la niña manifestó que quería ir a la universidad, el diseñador de faros que era su padre, se negó terminantemente, en su familia ninguna mujer había poseído nunca un título académico y así debía seguir siendo. Así que su carrera se redujo a casarse con un capitán y, por supuesto, a escribir muchas y divertidas novelas.  D. E. (también podemos llamarla así) luce una artística artim

Mavis Gallant: escritora en tránsito

     Mi último descubrimiento se llama Mavis Gallant . De vez en cuando me encuentro con un autor que me deslumbra, que me pregunta y responde, que me interesa. En este caso la publicación de la primera novela que escribió (de solo dos) en castellano, "Agua verde, cielo verde" (Impedimenta, mayo de 2018, con traducción de Miguel Ros González), ha sido el detonante. A partir de ahí he buceado en su obra y hallado una magnífica edición de sus historias cortas, "Los cuentos" , que Lumen editó en 2009 traducidos por Sergio Lledó. Desde la literatura se llega a la vida y al revés. La existencia de Mavis Gallant (1922-2014) es tan esclarecedora como sus historias, la forma en la que ella denominaba al numerosísimo arsenal de cuentos que escribió, cien de ellos en   The New Yorker.       Su triste infancia es el primer escalón de una vida llena de desarraigo e inseguridades. Nació en Montreal aunque su madre era estadounidense y su padre británico. Él murió c

Seis libros para leer junto a las buganvillas

(Fotografía de Nina Leen) Quizá tu verano esté poblado del tacto áspero de la buganvilla, de ese polvillo abrasador que sueltan sus hojas y del aire dorado que resulta, sin embargo, del violeta, del fucsia de su aspecto. Si es así, habrás probado la sensación única de sentarte en cualquier sitio incómodo, el suelo, una escalera, una butaca de pequeño tamaño, el alféizar de una ventana, un rincón de tu cuarto de verano, y abrir un libro cuajado de esperanza. La lectura en verano tiene el aire sosegado de un romance que un trovador cantara y lanzara hasta el aire esperando que su eco resuene más allá del silencio. Las páginas se posan y las manos discurren para encontrar la huella exacta que en ti quedará después de haberlo leído. En las noches, cuando el calor dispara su flecha y no se apaga. En los amaneceres. Junto al mar. En el sordo paraíso febril de la ciudad. En cualquier parte.  Aquí tienes seis libros para leer este verano que, ahora sí, avanza sin detenerse y emp

Hamlet, Heathcliff, Darcy, Max...Larry

Lo mismo que decía Spencer Tracy (y con él, toda la profesión), Laurence Olivier es el más grande actor de la historia del teatro, o lo que es lo mismo, de la historia de la interpretación. Y está entre los cuatro o cinco mejores del cine, ese arte que él despreciaba al principio (como ocurre con todos los actores de teatro) y que luego fue un trabajo que le dio fama y dinero y que le trajo también decepciones y dudas. No era un hombre perfecto, pero era el mejor actor del mundo. Siempre me produjo melancolía su vida personal (lo que sabemos de ella, que es la punta del iceberg, como ocurre siempre) y admiración profunda su trabajo. Y su imagen es el del hombre plagado de aristas. A la vez elegante, tierno, implacable, asustado, difícil, enamorado, exquisito, templado y azaroso. Una mirada indescifrable en una presencia imposible de clasificar.  Como él, otros actores ingleses sintieron la llamada del cine, que, en los años treinta y cuarenta significaba mudarse a Estados Unid

"La historia secreta de Jane Eyre" por John Pfordresher

Para extraer de este libro todo lo que encierra no hay otra solución que haber leído antes otros textos que se vierten en él y que arrojan luz sobre lo que dice. No es un libro de iniciación sino de ilustración. Arroja luz a lo que ya sabemos o intuimos sobre la obra de Charlotte Brontë, que es lo mismo que decir, sobre ella misma, pues ambas, vida y obra, lo que denominaba la escritora como Verdad e Imaginación, se dan la mano y no se sueltan ni en el libro ni en su existencia.  Es un libro profundo, en el sentido de que está bien documentado. Pero no sesudo, ni rígido, ni convencional, ni académico. Más bien se mueve con total libertad entre los dos parámetros que ha elegido el autor: la historia que se cuenta y la persona que cuenta la historia. Jane Eyre y Charlotte Brontë , sobre todo, aunque también otras heroínas de la propia Charlotte, en otras obras que se pueden considerar menores a la luz de la fama y el éxito de "Jane Eyre" pero que, de ningún modo, de

En Santa Rosa nunca pasa nada

Es la indecisa hora del anochecer en el tranquilo pueblo de Santa Rosa, en un lugar de California. Charlie, una chica guapa y dulce, sale de su casa corriendo y, sin mirar, cruza la calle antes de que el guardia le permita el paso. El guardia se enfada, desde luego, y Charlie tiene que esperar pacientemente a que la autoridad, después de recriminarle su gesto, la deje, por fin, continuar su camino. Todos los corazones laten al unísono. No se sabe si llegará a tiempo. Charlie no acude presurosa a una cita de amor, ni a un encuentro con amigas, no va de compras, ni al cine…Charlie sale de su casa y emprende una veloz carrera para acceder a la biblioteca pública. Porque Santa Rosa tiene biblioteca pública y, dentro de ella, una hemeroteca que Charlie quiere consultar a toda costa.  Esa biblioteca a punto de cerrar es el lugar en el que Charlie culminará el círculo de la duda. El sitio en el que perderá su inocencia. El motivo por el que, nunca, nunca, volverá a ser la misma ni a

Cachivaches

Sabía que esta era la ciudad del despertar. Que, al pasar los meses, ahí se daría el milagro de volver a mirarlo todo sin demasiada niebla, sin demasiadas lágrimas. Y así fue. No hubo error. El tren nos dejó en una estación atestada un puente de Mayo. Saltamos de él con alegría, cimbreamos nuestras maletas al tiempo que llegábamos, andando, al hotel. Estaba a un paso. Lo habíamos elegido a sabiendas. No queríamos metros, ni autobuses, ni taxis. Simplemente andar y andar por las calles. Y lo logramos. La habitación era muy blanca y tenía unas almohadas magníficas. Esa noche dormí bien por primera vez en varios años. Recuerdo la blandura de la almohada y recuerdo el despertar, sin fantasmas. Todo nos sabía a gloria. El desayuno, el camino hacia los museos, la gente que nos hablaba, ese tipo que quería ligar y que espantamos, el break al mediodía, la noche con las cenas y luego las copitas, la cerveza con la que brindamos, los regalos que compramos y la ropa que nos pusimos. Todo

Siempre he querido ser periodista

(Graham en el nuevo edificio del Post) Esta es Katharine Graham, la editora del The Washington Post y la autora del libro "Una historia personal" que contradice su título con el contenido. La historia que se cuenta aquí comienza con la vida de sus padres y hace un retrato detallado y exacto de cómo se cumple el sueño americano. La vida de Katharine Graham es tan interesante como la propia trayectoria del periódico o como los escándalos políticos que destaparon sus periodistas. Una vida larga, murió en 2001 con ochenta y cuatro años a consecuencia de una caída, y una vida fructífera, llena de claroscuros, como todas las vidas. Graham nació en 1917 por lo que puede decirse que su vida abarca todo el siglo XX. Su madre era hermosa, sofisticada, muy joven y conocía a pintores, escultoras y toda clase de artistas. Era una musa para muchos de ellos. También era muy egocéntrica y dejó la crianza de sus hijos en otras manos, porque ella necesitaba tiempo para sí misma. Si