Nuestro


(Fotografía: Saúl Leiter)

Nuestro. Esa es la palabra. Una palabra solo. Solo una. Nuestro. Un título adecuado para un relato de cuatro folios. Una apelación a algo que no puede escaparse sin dolor. Nuestro. Esa forma de decir que nos pertenece, que somos de ella, de la palabra, de algo. Hay un hilo invisible que se llama Nuestro. Y lo atamos a veces. Otras veces, se deshilacha y desaparece. En más ocasiones permanece terso, firme, inamovible. Está ahí. Al menos, de momento. Es una forma de llamarnos. Nuestro. Es Nuestro. Una invocación, una llamada, una esperanza tal vez. Fuerza. Y fe. La inmensa fe de que se haga posible lo que en la noche, cuando todas las luces han decidido esperar al alba, se manifiesta sin que el ruido del sueño lo distraiga. Nuestro. No de nadie, ni de otros, ni de ellas, ni mío solo. Nuestro. No tuyo, ni de esos, ni de ayer, ni del futuro. De hoy. Nuestro. Esta palabra encierra tantas cosas que estoy por escribirla en letras indelebles. Nuestro. Tuyo y mío solamente.

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