Esperándote


Yo te quería tanto, tantísimo, era un amor tan grande, como grande fue el desengaño ante una traición que quizá no entendiste como tal, pero que lo era. Yo te quería tantísimo que esperaba continuamente algún milagro, algo que encajara, que volvieras, que estuvieras, que fueras. Y, al principio, fue así. O quizá siempre fue así y yo no supe verlo. No se deberían tener veinte años y tirar por la borda el amor simplemente porque alguien te susurra al oído una confidencia que debió haberse callado. Tiempo después, lo recuerdo, volvimos a encontrarnos y tú conservabas exactamente la misma extraordinaria mirada color verde, y esa sonrisa blanca, con una boca que debería ser besada sin parar. Estabas allí, nos miramos y no hubo forma de desatar el nudo, porque ninguno de los dos, yo menos que nada, entendimos que había que luchar, que todo no vendría dado. Fui yo la que desaté la cinta que nos unía junto a aquel mar de ensueño, fui yo y lo recuerdo sin perdón. Te he perdonado a ti, qué duda cabe. Pero nunca a mí misma. 

(Foto: Cecilio Lobato. La Carolina. Jaén)

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