Aquellos ojos verdes


No diré su nombre por prudencia y porque los nombres, al fin y al cabo, importan poco. La esencia, las horas, los sonidos y las voces, todas esas cosas que no admiten reserva, están depositadas allá donde la memoria no puede hallar batalla. Días gloriosos que tenían siempre una explicación. Los tiempos en los que el verano iba abriéndose paso entre el gozo y la duda, siempre ardiente, siempre insatisfecha, siempre en brazos del amor que no acababa nunca. Si la vida se viviera del revés hubiera sabido entonces que era él, él quien habría de llegar para quedarse. Pero la juventud tiene la mala costumbre de convertir una tontería en categoría, y un desliz en causa común. Ahí, en ese momento, sin embargo, falda de rayas celestes, camiseta a juego, sandalias de piel y ese bolso azul inseparable, ahí, en ese momento, todavía el sueño era posible, todavía aquellos ojos verdes convertían el objetivo de la cámara en una canción que hablaba de deseo, de enorme deseo satisfecho y por venir. Era él, aquellos ojos verdes. 

(Fotos: Juan Antonio Sánchez. Vilches (Jaén)

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