Genevieve Naylor: el triunfo del color



La fotógrafa y fotoperiodista Genevieve Naylor (1915-1989) tiene múltiples facetas a lo largo de cuarenta años de profesión. Después de estudiar pintura, decidió dedicarse a la fotografía, sobre todo por la influencia de su amiga Berenice Abbot, también fotógrafa. Su matrimonio con el artista de origen ruso Misha Reznikoff (1905-1971), un amante del jazz, la llevó a los ambientes bohemios del Village, donde instalaron ambos su estudio. Una misión encargada por el departamento de Estado los llevó a Brasil en el año 1940, en el marco de la política de buena vecindad que pretendía dar a conocer la riqueza cultural de este país. Allí, Naylor hizo más de mil fotografías no solo de aspectos monumentales o históricos sino, y sobre todo, de la vida cotidiana de la gente, los tranvías, las calles, las escuelas, los niños...Este trabajo alcanzó un gran reconocimiento y a partir de ahí recibió ofertas de trabajo de las revistas más prestigiosas del momento. Así trabajó para Vogue, Cosmopolitan y Harper`s Bazaar realizando una tarea muy original dentro de la fotografía de moda, a la que dotó de una nueva perspectiva, un color personal y unos encuadres diferentes a los usados en el momento. 

Dentro de la fotografía de moda tienen un sitio muy particular por su técnica y su visión. Naylor encuadra a las modelos dentro de unos ambientes urbanos, modernos pero neutros, con el fin de destacar tanto el vestuario como a las mujeres que retrata. Son espacios indefinidos, amorfos, neutrales, que sirven para resaltar la figura humana. La luz tiene un papel especial en esta obra y es un elemento más con el que juega la fotógrafa para producir efectos y para potenciar movimientos y posturas. Son gestos elegantes y reposados, miradas tranquilas y todo ello situado en contextos físicos rompedores. 




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