Aquella mar de Cádiz...



Había una terraza tendida al mar y en ella se mostraban todos los amaneceres. Te levantabas temprano y te sentabas allí, hermosamente absorto en el agua que brillaba a lo lejos, o en las flores del suelo o en las nubes. Si llovía, por muy raro que parezca, caía sobre ti esa humedad a modo de recuerdo, porque en tu infancia fuiste niño de lluvia, de olivos, de rumores de campo y de voces del pueblo. Todos los veranos que estuvimos juntos, demasiado pocos, ahora lo sé, seguías el mismo rito con la misma certeza. El mar era la mar por adopción y hallaste su secreto como si hubieras nacido allí, aunque eras de tierra extraña, de tierra adentro, de otra tierra. Tu mar era tan verde...

No debiste marcharte. Aquella casa se perdió ese mismo verano en que, sin avisar y por la espalda, nos dejaste desnudos de tus manos sin poder retenerte. No debiste marcharte y cerrar con tu marcha el capítulo de todos los abrazos, de todas las nostalgias. Eras tan de verdad que resulta imposible añadir tonterías como cuenta la gente cuando se van sus muertos. Eras tan de verdad que es imposible hallar alguien tan hondo. La mar, tan como tú, lo sabe y lo recuerda a través de las fotos, porque ha resultado inútil abrir otro capítulo. Ahora la echo de menos pero allí lloraría. Y no existe quien pueda enseñarme con ella que hay flores más allá del ocaso.

#misfotos  (03-08-2019)

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