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Mostrando entradas de agosto, 2019

Épica para unos ojos verdes

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No es porque las películas históricas me pongan, ni porque necesite de héroes legendarios, ni siquiera porque encuentre en la lucha algún divertimento. No. Es por esa tristeza oculta, ese aire abandonado, esa marginación sin culpa alguna, ese fuego en los ojos, en las manos. Así descubrí al Cid en la pantalla, como un hombre perdido y acosado, un hombre que podía tenerlo todo y todo lo perdía sin recobrarlo.  Y El Cid tenía el rostro de Charlton Heston.  Si tuviera que contaros qué escenas me llenaron de asombro o de interés o de esa felicidad que el cine proporciona, entonces tendría que irme al establo, a ese lugar perdido en la Castilla de los romances viejos, recóndito escondite, camino de Valencia, en el que El Cid y su mujer se hallan esperando el destino y, mientras tanto, cultivando el amor, que tanto cultivo precisa. El escalofrío certero de la pasión, la búsqueda del cuerpo, los ojos en los ojos, las manos en las manos, todo aparecía en esos escasos momentos en l

“El diario de Bridget Jones”, 2001. Sharon Maguire

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El crítico de El País, Miguel Ángel Palomo, la definió así: “Sólo una comedia, a ratos divertida, a ratos irritante”. Es la única crítica negativa que le he encontrado. Aunque quizá no sea algo malo ser “sólo una comedia”. Con o sin tilde diacrítica, que la RAE ha modificado la cosa hace poco tiempo.  Es una comedia, cierto. Una comedia romántica y, como tal, graciosa, tierna, a ratos exagerada, llena de tics y con sus homenajes incluidos. A Jane Austen, por ejemplo, con ese protagonista, Mark Darcy (Colin Firth), el hombre perfecto. El que era en Orgullo y prejuicio un caballero dueño de Pemberley , es aquí un abogado especializado en derechos humanos. No está mal el cambio de roles. También está el vividor, el aprovechado, el Wickham de marras, llamado Daniel Cleaver, a la sazón el jefe de Bridget en la editorial en la que esta trabaja. El mosaico de amigos fieles tiene su guasa y los padres de Bridget son de colección, con un padre escaso de fuste y decisión y una madr

“La gran apuesta” de Adam McKay, 2015

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A partir de un voluminoso libro de gran éxito escrito por Michael Lewis “Big Short. Inside the Doomsday Machine”, el director de cine Adam McKay realiza esta película, de título original “The Big Short”, en español “La gran apuesta”, rodada en 2015.  El sarcasmo, la ironía, la distancia inteligente son los aditivos principales de esta película que trata de un tema tan actual que nos resulta incomprensible que no nos hayamos enterado antes de nada. Y lo hace desde el punto de vista de unos tipos listos que estaban al loro de todo y que, gracias a su intuición, su falta de escrúpulos e incluso su atrevimiento, estaban en el sitio adecuado y en el momento adecuado. Hablamos del estallido de la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos, en el año 2008, inicio de esa gran crisis económica mundial que todavía persiste.  Habrá quien piense que una película tan densa de diálogos y con tanta carga de conceptos técnicos puede convertirse en algo plúmbeo o cansino. Nada más lejos de l

La escritora que inspiró a Jane Austen

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Retrato de la escritora Frances Burney (Remember: if to pride and prejudice you owe your miseries, so wonderfully is good and evil balanced, that to pride and prejudice you will also owe their termination) Esta frase, extraída del libro "Camilla" de Frances Burney, dio origen al título del libro "Pride and Prejudice" originariamente titulado "First Impressions". Frances Burney fue contemporánea de Jane Austen, aunque nació más de veinte años antes y murió más de veinte años después. Austen conocía bien sus novelas, como también las de otros escritores de la generación inmediatamente anterior porque en casa de los Austen se leía mucha novela. Defoe, Fielding, Richardson, Swift y Sterne andaban por la biblioteca de Steventon, la rectoría donde la autora nació y vivió sus primeros veinticinco años. Y también estarían en esos anaqueles las menos conocidas Elizabeth Fowler, Hannah More, María Egerton y por supuesto, Burney. ¿Quizá la primera escritora

La Provenza y unas violetas

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Si algún día fuera posible que tú y yo recorriéramos el mundo, la primera parada sería Uzés, el pueblo de la Provenza en el que viví algunas de esas horas que se guardan en un arca secreta de la memoria. El olor a violetas cruzaba sus calles y los campos de lavanda las rodeaban imprecisos. En las horas tórridas de la primavera, todo se convertía en una sinfonía de lilas imposibles de apartar de la imaginación. Y en septiembre, la uva y sus tonos dorados eran un reclamo seguro para la vista. Todos los aromas se concitan en la Provenza para acuciar nuestros sentidos. El pueblo se estiraba como si fuera un viejo animal ronroneante que buscara el amparo de alguien que le pusiera suavemente la mano sobre el lomo. Las gigantescas puertas que cercaban algunos de los arcos de sus murallas eran como enormes manos que quisieran proteger el interior. En los soportales de la plaza cuadrada estaban los artesanos con sus madejas de hilo de colores, sus lanas teñidas manualmente y un sinfín de c

Tesoros escondidos

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En la calle, bulliciosa de por sí, se formó un jaleo de campeonato. La puerta del número 39 se había abierto estrepitosamente y dos de los hijos de la familia aparecieron en ella, con cara de pocos amigos, portando a rastras unas cajas de gastada madera que no tenían cubierta. Nadie podía ver lo que contenían porque los espectadores espontáneos que llegaban atraídos por el ruido, no tenían suficiente ángulo de visión. Pero la niña de la casa de enfrente saltó por encima de los pies de los otros y se plantó delante y asomó la cabeza y metió la nariz y descubrió los libros.  ¡Son libros, son libros! gritó. Y el grupo de mirones se fue dispersando. A buenas horas iban a pararse en libros a la hora de la siesta porque a aquellos imberbes se les hubiera ocurrido hacer limpieza de buhardillas….Pero la niña entonces se sentó en medio de la calzada, que era de piedra, dura, gris y a veces transparente cuando la lluvia la regaba, y empezó a rebuscar con cierto gesto compulsivo, sac

Una mirada atrás (III)

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Despedirse sin despedidas es muy difícil. Toda mi vida ha sido así. Así me despedí de algunos amores. Así me despedí de mis padres. Así me despedí de ti. Así me despedí de mi casa. Despedirse de una casa sin el rito de la despedida te condena a no olvidarla. En tus sueños siempre estará esa casa. La verás con toda clase de detalles y no distinguirás si es realidad o fantasía. Cuando despiertes, buscarás en algún lado de la habitación un detalle familiar, pero no lograrás encontrarlo. Será el vacío lo que encuentres y entonces habrá alguna lágrima.  Ahí está el portón de entrada pintado de rojo inglés. Es muy grande y tiene a su lado la puerta del garaje, del mismo color. Ella eligió el color porque leía mucho a Agatha Christie y le parecía que el rojo inglés merecía la pena tenerlo cerca. Entre las dos puertas hay un buzón hecho de cerámica amarilla y azul. La casa está encalada en la parte superior y la inferior lleva un zócalo de piedra ostiones y un remate arriba en color al

Una mirada atrás (II)

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El segundo tramo de la calle estaba plagado de tiendas. Si tuviera que enumerarlas todas no podría pero tengo clara la imagen de algunas de ellas. La más pequeña era una tienda de juguetes. El centro de atracción de todos los niños, porque estaba pintada de azul y tenía una puerta con móviles de colores que se ponían a bailar al abrirla. También sonaba una música de algo clásico que yo no sabía reconocer. La tienda de Celestino era la de los ultramarinos y allí se vendía de todo lo que hacía falta en una casa para alimentar una familia. A ella solo acudían las mujeres y estaba siempre muy concurrida. Había luego un refino con una señora muy compuesta sentada en una mesa de camilla que era muy lenta en despachar y que desesperaba a todo el mundo. Ibas a por seis botones de camisa y te pasabas allí la mañana. A veces te ibas sin el encargo, porque la señora miraba a los niños con bastante desprecio y atendía siempre primero a los mayores. Casi al lado, un bar pequeñito en el que des

Una mirada atrás

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La calle era un muestrario de seres humanos. Un enorme escaparate con caracteres, apariencias y sentimientos distintos. El paso del tiempo ha enturbiado los recuerdos pero, si hago un esfuerzo de memoria, puedo volver a revivir mucho más de lo que creía. Anoche soñé que volvía a Manderley...El universo era la calle. El barrio existía levemente y la ciudad era invisible. Hasta los diez años no hubo más espacio vital que ese y luego siguió siendo la reserva de los afectos. Cuando dejé atrás la calle para no regresar, el pueblo se desdibujó. Perder la casa de la infancia es un camino sin retorno. Un hueco mortal. Era una calle muy larga y ancha. Al menos así es como permanece en mi memoria. Si hoy volviera, quizá me llevaba la gran sorpresa: ni era demasiado ancha, ni demasiado larga. Por contra, yo era demasiado pequeña. Entonces tenía tres tramos diferentes que comenzaban en una plazoleta y terminaban en un cruce de caminos. Los caminos conducían a lugares que yo apenas pisaba

Las flores desnudas de Imogen Cunninghan

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Junto a Gertrude Käsebier, Imogen Cunninghan (1883-1976) es la más eminente de las fotógrafas americanas de fotografía artística. Sus conocimientos fotográficos no eran solo prácticos sino que su tesis doctoral se dedicó al tema demostrando así una preocupación más allá de la realización de fotos. Su principal antecedente está en otra fotógrafa, la inglesa Anna Atkins (1799-1871), que publicó un libro científico, dedicado a la botánica e ilustrado con métodos fotográficos. Se trata de "British Algae: Cyanotype Impressions", de 1843. Para ambas, la naturaleza era un motivo de investigación y también una forma de belleza.  A pesar de pertenecer a una familia numerosa y modesta, los padres de Imogen, al ver sus cualidades, la apoyaron para que estudiara arte y fotografía. Más tarde, ella misma se sufragó trabajando los estudios universitarios de Química en Seattle. Estudiando fue cuando conoció la obra fotográfica de Gertrude Käsebier, lo que determinaría su vocación. Su

Genevieve Naylor: el triunfo del color

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La fotógrafa y fotoperiodista Genevieve Naylor (1915-1989) tiene múltiples facetas a lo largo de cuarenta años de profesión. Después de estudiar pintura, decidió dedicarse a la fotografía, sobre todo por la influencia de su amiga Berenice Abbot, también fotógrafa. Su matrimonio con el artista de origen ruso Misha Reznikoff (1905-1971), un amante del jazz, la llevó a los ambientes bohemios del Village, donde instalaron ambos su estudio. Una misión encargada por el departamento de Estado los llevó a Brasil en el año 1940, en el marco de la política de buena vecindad que pretendía dar a conocer la riqueza cultural de este país. Allí, Naylor hizo más de mil fotografías no solo de aspectos monumentales o históricos sino, y sobre todo, de la vida cotidiana de la gente, los tranvías, las calles, las escuelas, los niños...Este trabajo alcanzó un gran reconocimiento y a partir de ahí recibió ofertas de trabajo de las revistas más prestigiosas del momento. Así trabajó para Vogue, Cosmopol