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"Un chelín para velas" de Josephine Tey


Oh, Josephine Tey !!! Qué gran descubrimiento...Por mucho que creas que es imposible encontrar otra voz que te empuje al hallazgo de alguien diferente y que no tiene parecidos sino venturosos ejemplos, siempre aparece quien te desbarata esta teoría. A Josephine Tey la descubrí hace algún tiempo y prueba de ello son las entradas que he dedicado a otros de sus libros: "El caso de Betty Kane", "La señorita Pym dispone" , "Patrick ha vuelto".  Todos ellos han sido publicados en español por la editorial Hoja de Lata. Y merece la pena haber sacado a esta escritora del olvido en el que estaba, o mejor, del desconocimiento. Porque es encantadora. Y su narración es, precisamente eso, un mantel con unas flores bordadas colocado con esmero en una mesa de caoba. 

Tey, en la mejor tradición de las novelistas inglesas del género policíaco, inventó un investigador. Es el inspector Alan Grant de Scotland Yard. Se trata de un tipo risueño, elegante, con unos modales exquisitos. Ya sabemos que en el mundo de los detectives hay de todo y Josephine Tey se decidió por un tipo que nos gustaría a todas. En este caso, de título tan original, el ámbito de la historia es el de las celebrities. Hoy día habría un amplísimo campo para desarrollar novelas en el mundo del famoseo, aunque con una considerable pérdida de glamour, todo hay que decirlo. Pero la víctima de no se sabe quién es aquí nada menos que una famosa estrella de La Meca del Cine, y, alrededor de ella, toda una galería de personajes a cual más atrabiliario. Claro que Grant no estará solo en sus pesquisas ("pesquisa", qué excelente palabra esta, tengo que usarla más), sino que Erica Burgoyne, a la sazón hija del comisario local de Westover, saldrá en su ayuda. El libro se adaptó al cine. Lo tomó Hitchcock en su primera época y lo tituló "Inocencia y juventud", un nombre la mar de austeniano. 

Los inicios de los libros de Tey suelen ser tan anodinos que despiertan la curiosidad del lector inmediatamente. "Eran algo más de las siete de una mañana de verano y William Potticary estaba dando su paseo habitual por la pradera de los acantilados". Ea. Con esto ya tenemos preguntas para rato. Quién es Potticary, a qué se dedica, cuántos años tiene, está o no casado...Qué sitio es este. De qué acantilados hablamos. Y, sobre todo, qué hace Potticary paseando a una hora tan temprana...De momento ya tenemos la tentación de enterarnos de todo y, además, suponemos que ese paseo no será baldío, que algo ocurrirá durante el paseo o algo "encontrará" durante el mismo. 

No contaré más. El spoiler está a la vuelta de la esquina y haría un flaco favor a los lectores. La señorita Josephine Tey, cuyo nombre real era Elizabeth Mackintosh, era escocesa y además de las novelas dedicadas a su detective Grant, cinco en total, escribió otras que he mencionado más arriba. En sus libros usa la deliciosa palabra "dama" para referirse a una señora. Todavía hay gente que la usa, puedo dar fe de ello. Es curioso como los camareros y los dependientes de las tiendas de marca siguen refiriéndose a ellos como "caballeros", ya nadie nos llama "damas", sino "señoras" que no es lo mismo ni se le parece. Las damas de Josephine Tey son el trasunto de unas historias llenas de matices psicológicos que bucean en el interior de las almas atormentadas y de las nada atormentadas y que se mueven por los intereses de toda la vida. Ya sabemos, el dinero contante y sonante. Es así. 

Un chelín para velas. Josephine Tey. Traducción de Pablo González-Nuevo. Editorial Hoja de Lata. 2019. 

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