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Canta Yeats la olvidada belleza


"La vida es una larga preparación para algo que nunca sucede" dice Yeats y yo tomo la frase y la traduzco a la vida: tanto tiempo esperando el mañana y cuando llega, es un hoy irremediable, que nada modifica. Los trece años fueron muy largos. Yo quería que llegara el catorce a toda costa. Los trece eran inmensos, aburridos y no tenían emociones, nada que contar ni que decir. No recuerdo el motivo solo que siempre eran trece y los trece no se marchaban para dar paso a un número sensato, el catorce, que tantas puertas debería haber abierto. No sé si las abrió. Ahora lo dudo todo. Pero esa sensación de esperar algo que no está en sazón, de desear que pasen los días para que ocurra algo, buenísimo por cierto, algo espectacular, algo que cambie todo, que lime la monotonía, que agite los pensamientos, que avente las razones, algo nuevo, esa sensación, digo, es exactamente la misma en todos los años, en todas las cosas. Por eso la frase de Yeats te consuela. Nadie mejor que alguien que escribe versos para explicar lo que no es posible entender desde la prosa.  Nunca ocurre aquello para lo que nos hemos preparado, te dices a ti misma. Y, al contrario, la vida se empeña en presentarnos lo que no estaba previsto, lo que no deseamos, lo que no nos importa, lo que no se ha estudiado ni previsto. La vida nos obliga a ser actores que improvisan de manera constante. No vale aprenderse un papel, ni saberse de memoria las entradas y salidas, los mutis o las apariciones, los saludos, no vale porque el guión se cambiará sin previo aviso y tendrás que inventarte un personaje, una frase o un texto completo. Ese largo, larguísimo preludio, ese prólogo constante que es la vida, puede llevarte al epílogo sin que el argumento se haya desarrollado como tú pretendías. 


Hay gente que vive de puntillas las ausencias. Espera (esperar, siempre es el verbo) que terminen, que se aplaquen, que desciendan, incluso que sean leves, ligeras, matizadas por la voz en el teléfono, por el mensaje y los emoticonos. Las ausencias que pueden paliarse con un gesto sencillo, con un movimiento frágil y sin importancia, son esas que cultivas saltando de una a otra. Estar lejos es ahora lo más fácil, la mayoría está lejos, todos estamos lejos, la lejanía es la forma en que tenemos de no olvidar lo difícil que es todo. Hay gente que pasa las horas deseando que terminen, que avistan el horizonte de una fecha y a ella se dirigen sin pararse a pensar que el transcurso también es esencia, etapa, momento o circunstancia. Tantas veces quise que llegara lo nuevo, lo verdadero, lo esencial, lo cambiante, lo firme...Tantas veces y tantas se quedó en el camino todo lo que podía convertir esa espera en un exacto fuego de artificio que terminara prendiendo las ramas en la hoguera...Así que Yeats tenía razón y lo escribió porque todos lo somos: seres con esperanza pero sin realidades, viviendo más en lo que puede ser que en lo que existe. Al fin y al cabo, nada sumándose a otra nada que termina pasando las páginas del libro.

(Fotografías de Nina Leen) 

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