Ir al contenido principal

"Tus pasos en la escalera" de Antonio Muñoz Molina

A mí me cuesta horrores escribir algo negativo sobre un libro de Antonio Muñoz Molina. Primero porque es un extraordinario escritor. Segundo, porque le tengo aprecio especial, incluso cariño. He seguido su trayectoria y su compromiso ético es, para mí, tan importante como su obra literaria. Así que decir que este libro podía no haberse escrito y no se hubiera perdido nada, me produce cierta pena y cierto disgusto. 

Normalmente nunca hago reseñas de libros que no me han gustado. Aunque son pocos los libros que leo y que no me gustan, quizá porque mi intuición se ha ido perfeccionando con los años y con las lecturas y pocas veces hay ya que me equivoco. Sin embargo, hay escritores a los que, aunque tengan libros mediocres o faltos de interés, siempre continúo siguiendo, porque son ellos, porque les doy una oportunidad más. El anterior libro de AMM tampoco me pareció gran cosa. Era "Un andar solitario entre la gente" y para mí pasó sin pena ni gloria. 

En este "Tus pasos en la escalera" cae por la pendiente de la autoficción pero lo hace sin alma, sin emociones y sin interés. Es más, me da igual lo que le pase a la chica, si llega a Lisboa o no; me da igual cómo se sienta el protagonista y si esa incipiente otra relación le sirve o no de algo. Paso de la historia casi al principio y por mucho que me detalle su estado de ánimo estoy por decirle que se calle, por Dios, que ya vale. Esto no deja de ser una decepción literaria en grado sumo, porque hay mucha gente, muchísima, que, como yo, lee a AMM con devoción y con entrega. Pero incluso así no hay forma de salvar determinados libros y callarse o mentir no es cosa que tenga que ver con este blog, con mi manera de leer o con mi propio sentido de la verdad. Los pocos lectores que me sigan no merecen que les engañe. Y tampoco lo merece AMM que debería ser el primero que se preguntase a sí mismo qué está haciendo ahora. 

La editorial dice en la sinopsis que el libro es de "suspense psicológico" lo que parece remitirnos a Hitchcock o a cualquier otro genio similar. Pero no. Ni el suspense es tal ni la psicología va más allá de una repetitiva obsesión por una mujer y algunas pinceladas geosentimentales que van desde Nueva York a Lisboa, reproduciendo sospechosamente la propia ruta vital del autor. Me da en la nariz que esa presencia constante de su propia vida en los libros solo tiene verdadero interés cuando la vida es desgraciada o cuando los amores no son correspondidos. Pero estar enamorado de una mujer que te quiere y poder vivir a tu aire en las ciudades del mundo que más te inspiren tiene muy poca gracia literaria. No es la felicidad la que aporta las mejores historias y eso debería saberlo AMM. Lo mismo le ha venido ocurriendo a Elvira Lindo por las mismas razones, así que a lo mejor deberías colegir de todo esto que la dicha es inversamente proporcional a la buena literatura. Sobre todo si uno no mira por encima de sus gafas. 

Lo mejor del libro es la primera frase: "Me he instalado en esta ciudad para esperar en ella el fin del mundo". Una vez leída, puedes cerrarlo. El protagonista habla en primera persona de cómo está acondicionando un apartamento en Lisboa mientras espera que llegue Cecilia, la mujer de la que está enamorado. La perra Luria y el manitas Alexis están ocupando su tiempo. No resulta demasiado entretenido saber cuántas herramientas usa Alexis y qué es lo que hace con ellas. Salvo que esto sea un tratado de bricolage. Llega un momento en que te da igual que las cajas se abran o se cierren. Y llega otro momento en el que dices que te interesa poquísimo saber si Cecilia llega, se queda atrás o se marcha sin explicaciones. Eso es lo peor que te puede pasar cuando alguien escribe de sus sentimientos. Que no sientas el alma por ningún sitio.

"Un andar solitario entre la gente" me pareció decepcionante y aburrido. "Tus pasos en la escalera" me ha parecido aburrido y decepcionante, además de pobre en todos los sentidos. Si no hay más historias que escribir ni toda la promoción del mundo harán de una mala novela, una novela aceptable. 

Tus pasos en la escalera. Antonio Muñoz Molina. Seix Barral. Biblioteca Breve. 2019. 

Entradas populares de este blog

"Tú eres buena, tú eres lista, tú eres importante"

(Aibileen Clark con la niña a la que cuida, Mae Mobley Leefolt en Criadas y señoras, 2011) Una frase puede valer tanto como un tratado. La mayoría de los que escriben darían oro por una buena frase. Las frases son como las ideas: lo más difícil de hallar, lo más fácil de plagiar y lo más duradero. Una buena frase representa un logro para el que la escribe o pronuncia. Detrás de una buena frase siempre hay una idea valiosa. Y, además, una buena frase te hace pensar en cuestiones que merecen la pena.  La película Criadas y señoras (The Help, 2011, de Tate Taylor) incluye esta frase en boca de la criada negra de la niñita blanca: "Tú eres buena, tú eres lista, tú eres importante" . La criada negra no ha estudiado psicología pero ha criado ella sola a diecisiete niños. Todos ajenos. Todos blancos. Resulta incongruente cómo en esta película ( y supongo que también en la realidad que retrata) las mujeres blancas dejan a sus preciosos hijos blancos en manos de criadas

"El placer de vivir sola" de Marjorie Hillis

Para quienes piensen que este es un libro más de esos de autoayuda que nos tienen cercados hace tiempo basta fijarse en el año de su publicación original, 1936. Marjorie Hillis (1889-1971) es una pionera en todos los sentidos. Su trabajo en la revista Vogue la puso en contacto con mujeres que, como ella, llevaban las riendas de su vida. La publicación del libro obtuvo un enorme éxito. Es verdad que ella terminó saliendo del círculo de solteras independientes a las que iba dedicado: se casó en 1939. Pero eso no significa nada, salvo que esperó a casarse el momento en que encontró al hombre adecuado. Este resultó ser Thomas Henry Roulston, viudo y propietario de algunas tiendas en Brooklyn. El matrimonio duró diez años pues su marido murió en 1949.  Hillis, que llegó a ser editora asistente de Vogue, era hija de un pastor congregacional y estudió en un colegio para señoritas en New Jersey. Después del éxito de este libro escribió otro dedicado a los negocios que podía emprend

Hombres solos, hombres solitarios

Presumes que eres la ciencia y yo no lo entiendo así porque siendo tú la ciencia no me has comprendido a mí. (Soleares. Juanito Mojama) ✿✿ En los tiempos del Oeste americano, que tanta literatura ha creado y, sobre todo, tanto cine, los hombres cargaban sobre sus hombres el peso de la valentía. Ser cobarde era un oprobio. Ningún cobarde podía sacar adelante a su familia, ni mantener sus tierras, ni vivir con dignidad. Pareciera que la valentía era la moneda de curso legal. Y, sin embargo, el cine nos cuenta que los valientes o los dignos eran la excepción. Más bien hombres solos, a veces también solitarios, que, llegada la hora de la verdad, se encontraban en la más estricta y descarnada soledad. Los guionistas de los westerns eran, como se ve, grandes conocedores de la naturaleza humana, bastante más que la propia señorita Marple que decía siempre, comparando a la gente que conocía con la de su pueblo natal Saint Mary Mead, que "es la misma en todas partes