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"Kathleen" de Christopher Morley

Conocía a Christopher Morley por la lectura de dos de sus libros, que andan reseñados en este blog: La librería ambulante, de 1917 y La librería encantada, de 1919. Libros encantadores, tiernos y que giran en torno a la literatura desde dentro, como si fuera un libro dentro de otro.

Roger Mifflin, el librero, y la señorita Helen McGill, son los protagonistas de esta historia, un clásico de la literatura norteamericana que vio la luz por vez primera en 1917. Personajes tiernos, entrañables, dotados de ingenio y de una ligereza que no es simpleza sino aguda observación y un sentido práctico de la vida que los lleva a encontrar en los libros todo aquello que la cotidianeidad a veces oculta. Hondas reflexiones, ironía, gracia muy especial, movimientos pendulares de razonamientos que te hacen reír sin más, espectaculares diálogos y el poso hondo de la literatura en su relación con lo mejor de los hombres. Todo esto aparece en "La librería ambulante" y en la obra de su autor. 

Eso mismo ocurre con Kathleen, indudablemente inspirado en su propia experiencia como estudiante en la universidad de Oxford, donde cursó Historia Moderna antes de volver a los Estados Unidos para convertirse en un prestigioso columnista de prensa. 

Morley había nacido en Haverford (Pensilvania). Era un americano refinado y educado en Europa. Sus obras son, en realidad, alta comedia, de igual modo que lo son las de Noel Coward con el que tiene muchos paralelismos.  Fue durante años un prestigioso periodista, columnista y reportero, un todoterreno de la información en unos tiempos en los que la prensa estaba adquiriendo un prestigio inusual hasta entonces, al hilo de la labor desempeñada durante la primera guerra mundial. Forma parte de ese grupo de escritores-periodistas que dominaban tanto el oficio de informar como el arte de crear.

De su formación inglesa le quedó un amor evidente por la obra de Shakespeare y, como él mismo afirmaba, una admiración clara por A. Conan Doyle, combinando sin problemas ambos afectos. No obstante, su fuente más directa de inspiración estuvo, a la par que en su propia vida y experiencias, en las lecturas de Walt Whitman y de Mark Twain, el gran pícaro americano. Si no has leído a Twain te resultará complicado entender algunos registros de escritores norteamericanos. Por su parte, Morley se considera como un maestro de escritores tan diversos como Kinsley Amis o Tom Wolfe. De este último os diré que, después de un tiempo en el que empeñaba en escaparse de mi alcance, mientras yo perseguía afanosamente meterme dentro de su "Hoguera", a día de hoy se ha producido el milagro de que mi voluntarioso afán se vea compensado con la alegría de leerla y de disfrutarla. Oh, Dios, no os lo podéis imaginar...o quizá sí....

Además de las obras citadas también publicó en 1939 Kitty Foyle, que fue llevada al cine protagonizada por la gran Ginger Rogers, lo que da muestras de la popularidad que alcanzó el libro. 

Las historias de Morley tienen un punto de ironía, de acidez, que se contrarresta con una buena dosis de ternura y una mirada comprensiva y, sobre todo, llena de risas y divertimento. En Kathleen, el propio argumento da pie a situaciones cómicas que se generan en torno al grupo de Los Escorpiones, estudiantes de Oxford, todos británicos y un americano (¿quién sería?) que forman un club literario y deciden escribir una novela. Para ello toman como protagonistas a dos personajes reales, Kahtleen y Joe. Tras ese primer paso el segundo era pan comido y consistía en buscar a la verdadera Kathleen, momento en el que la historia se enreda en equívocos y situaciones de vodevil que arrancan la sonrisa y genera en los lectores las endorfinas literarias propias de las novelas más felices. 

Morley murió en Nueva York en 1957. La editorial Periférica ha rescatado del olvido su nombre, como sucede con otros muchos escritores que no han sido traducidos o divulgados con anterioridad, a partir de La librería ambulante. La traducción de Kathleen, publicada en español en 2019, ha corrido a cargo de Ángeles de los Santos. 


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