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Mostrando entradas de abril, 2019

Versos, cobardía y lágrimas amargas

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Me he resistido a escribir de esta película. La historia del cine no se ha puesto de acuerdo sobre ella. Hay quien considera que “Esplendor en la hierba” es un drama mediocre con un puñado de magníficos versos. Otros la estiman porque supuso un repulsivo contra la estereotipada visión de los jóvenes que ofrecía el cine en esos años. Es una película de adolescentes que no deja un poso de suave inconsciencia, sino la seguridad del fracaso. De ahí su aire de tragedia. Sabes que todo eso va a terminar mal desde el minuto uno.  Aún hoy me parece cercano el estremecimiento que sentí en la última escena. El conformismo del adiós resulta tan triste…Dos seres abocados a vivir alejados, aunque sus corazones suspiran el uno por el otro. La primera vez que la vi fue en uno de esos pases televisivos que conseguía arrancar a la cerrazón de las películas para mayores de mi casa. Aquella película era tabú y no te dejaban verla. Así que la vi con un aire de transgresión que siempre me acompañ

Ópera para mafiosos

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(Patricia Clarkson es la esposa de Eliot Ness) Coger las manzanas del árbol y no del cesto. Esa es la receta que el policía Malone le ofrece al agente del Tesoro Eliot Ness para impedir que, en su equipo, haya traidores. La épica de la lucha contra el crimen organizado en estado puro. Ness , juramentado hasta el final para conseguir llevar ante la justicia a Al Capone y los suyos. Experimentos fallidos, actuaciones fracasadas, momentos de desánimo, todo parece que va a ir mejor con esa cuadrilla de Intocables que además de a Malone y a Ness incluye al joven y experto tirador George Stone y al contable Wallace . Los cuatro son la reserva ética del Estado contra quienes en los años 30 anegaban de sangre las calles de Chicago a cambio de hacer suculentos negocios.  Esta es una película en la que la grandeza de los buenos hace todavía más patente la villanía de los malos. El malo más repugnante es, sin duda, Frank Nitti , asesino a sueldo que exaspera a Ness con su comen

Solos

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El muchacho (unos quince años) me miró a los ojos por primera vez en toda la sesión y me confesó: tengo miedo de quedarme solo. Odiaba a sus padres (eso decía), se llevaba mal con ellos, quería independizarse, pero la soledad era una losa insoportable que le producía pesadillas. Soñaba con puertas cerradas que él no podía traspasar. Con enormes extensiones de arena en las que se encallaban sus pies desnudos. Soñaba con un mar inabarcable sobre el que él se movía sin defensa alguna. Tenía miedo de estar solo pero no podía vivir acompañado. Al menos, con esa compañía que pasaba el tiempo señalándole sus defectos, buscando gresca e impidiendo que oyera su voz interior. No había forma de convocar al silencio.  Yo también miré al muchacho a los ojos y le conté mi propia historia pero antes fui cruel, demasiado cruel para un muchacho que solo tenía quince años. Le dije, con la voz más segura que pude, que ya estaba solo, que la soledad era una gasa pegada a nuestra piel, que no podí

Es la inteligencia

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    (Romola Garai y Jonny Lee Miller hacen de Emma y del señor Knightley en la serie de la BBC de 2009)       Tengo para mí que “Emma”, de Jane Austen , es una novela que tiene en la inteligencia su principal adorno. No en la belleza, efímera. No en la riqueza, injusta. No en la suerte, arbitraria. Es la inteligencia, el ingenio, el don que aquí aparece tan magníficamente tratado y retratado, con pinceladas suaves a veces, como una foto en blanco y negro o con la espesa pasta pictórica de los impresionistas. En todo caso, la inteligencia fluye en los diálogos, en las descripciones y en las cabezas de aquellos personajes que disfrutan de ese regalo de la naturaleza que esta reparte con la displicencia de lo que es  únicamente suyo.     El capítulo XVIII es una muestra suprema de esto que digo. Porque en él se libra un combate singular entre dos mentes llamadas a entenderse, precisamente por mor de unas cabezas privilegiadas. Howard Gardner hablaría en este punto de la teo

"Voces humanas" de Penelope Fitzgerald

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Me fascina esta escritora. La conocí en 2010 cuando la editorial Impedimenta publicó "La librería". El libro caló en un cierto número de lectores pero su puesta de largo ha tenido lugar cuando Isabel Coixet rueda la película basada en la novela. De ese modo, la editorial sacó otra edición del texto, con un diseño tan bonito como el anterior. Luego he seguido su trayectoria a través del resto de publicaciones en español que ha ido sacando esta misma editorial. Desde ahí, como suele ocurrirme, he saltado a su vida, a ella misma. La peripecia humana me parece muy importante, porque complementa lo que leo, me hace mirar a los autores de una forma diferente. Puede decirse que Penelope Fitzgerald estaba destinada a desenvolverse en el mundo de la literatura. Su padre, Edmundo Knox, era el editor de "Punch"; es sobrina del teólogo y novelista Ronald Lnox, del criptógrafo Tilly Knox y del estudioso de la Biblia Wilfred Knox. Con semejante parentela no se me ocurre

Venganza con aguja e hilo

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La editorial Lumen publicó en 2016 el libro en el que se basa esta película,  “The Dressmaker” , “La modista”, escrito por Rosalie Ham . Una historia “femenina” que tiene el atractivo adicional de lo que se podría llamar el efecto “Cámbiame” , es decir, la conversión del aspecto físico de una persona a través de una ropa elegante y glamourosa. Ese cambio actúa de dos formas: una de ellas, sobre el propio sujeto, que se siente seguro de sí mismo y que modifica su manera de acercarse al mundo. La otra forma se refiere al mundo mismo: todos quedan asombrados, en el mejor sentido, al ver cómo un buen outfit es capaz de hacer milagros. Los libros sobre costura son encantadores. Tienen una clase de magia que es difícilmente imitable. Se trata de historias que dan mucho de sí. He leído recientemente algunas: El tiempo entre costuras , de María Dueñas, con espías incluidos, una sólida aventura, con un trasfondo argumental que es lo que sostienen el libro más allá del estilo, muy mejora

El librerito blanco

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(Los libros son objetos preciosos. Este de Penelope Fitzgerald que acaba de publicar Impedimenta tiene su sobrecubierta, su pequeño dossier y su marcapáginas. Una joya) Hay un momento en la que vida que marca el antes y el después de la existencia. El día en que aprendes a leer. El instante en que las palabras dejan de ser signos, en que las letras se unen para formarlas y en que la frase adquiere su sentido. Entonces cambiamos. Nunca más seremos la persona que antes fuimos. Nunca más estaremos perdidos lejos del lenguaje. Cuando los adultos aprenden a leer sienten que han adquirido algo largamente deseado y que les ha escatimado la vida. Cuando los niños pequeños se inician en la lectura, comienzan a caminar por una senda difícil de igualar. Es otro mundo, son otros mundos.  No recuerdo con exactitud el momento en que aprendí a leer, pero sé que fue muy precozmente y que, desde entonces, toda la vida ha girado en torno a la palabra. Cuando te dicen que la lectura es para

"El informe de Brodeck" de Philippe Claudel

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Alguien me recomendó que leyera este libro inquietante. Antes de eso no conocía a Philippe Claudel . Mi confianza estuvo puesta en quien hacía la recomendación, no en el autor, ni siquiera en el tema del libro, que conocí de pasada. Sin embargo, hay reticencias que terminan venciéndose y por eso reseño este libro, porque hay historias que tenemos que leer y sobre las que tenemos que reflexionar.  La dicotomía "los de aquí", "los de fuera", es persistente en la historia de la humanidad. Una línea roja separa en algunos lugares esos dos grupos de personas. Procedo de una tierra en la que esa división no existe y por eso me resulta más extraña, por eso me cuesta entenderla. Hay momentos históricos, además, que son especialmente sensibles, momentos delicados en los que a la convulsión sucede una calma tensa. Ambas cuestiones, la desconfianza ante el extranjero y el tiempo peligroso, se aúnan en esta novela que tiene un trasfondo histórico y que termina siendo,

"La nueva Magdalena" de Wilkie Collins

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Esta novela, escrita en plena época victoriana, es un verdadero thriller. El tema que trata no es novedoso y se repetirá luego en muchos contextos literarios: la suplantación. Pero las trazas de escritor de Collins y, sobre todo, el ambiente en el que se inserta le confieren un interés máximo. Para muchos, Wilkie Collins es el verdadero creador de la novela policíaca y eso lo demuestra el gran número de historias que escribió, largas y cortas, algunas en coautoría, todas publicadas por entregas como era habitual en la época. Había nacido en Londres en 1824 y murió en 1889. Su dedicación a la literatura, salvo un primer tiempo de comerciante, fue máxima y gracias a ella conoció a Charles Dickens , de quien fue amigo íntimo hasta la muerte de este. Incluso escribieron obras juntos y se ayudaron mutuamente a la hora de publicar. Collins era un tipo estrafalario en muchos aspectos, adicto al opio debido a una enfermedad reumática que le ocasionaba enormes dolores y con una vida p

El pretendiente

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Esa mirada melancólica, esos ojos grandes y tristes, esa sonrisa desvaída, esa timidez que se resuelve en silencio, esos movimientos gráciles como si pisaras un salón de baile, esas manos tibias que apenas se cambian de postura…Morris Towsend o Montgomery Clift o quizá Monty, el chico de Omaha que quería comerse el mundo. En Nueva York hace mucho frío. Sus calles se congelan en el invierno. Los carruajes cruzan los parques y se detienen sigilosos ante las puertas de las casas importantes para dejar a sus pasajeros, envueltos en capas oscuras o en pieles caras. No eres nadie si no vas en uno de esos carruajes, si no tienes cochero, si no te invita una de esas familias a una velada con música. El mundo de las familias ricas de Nueva York es el del teatro, el salón de baile y la tertulia animada. Pero fuera hay otro mundo, un mundo al que nadie como tú quiere pertenecer. El de los marginados, el de los outsider, el mundo que no existe a menos que te fijes detalladamente. 

"Una vez caminé sobre la suave hierba" de Carolina Schutti

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Hay recuerdos que se quedan enganchados y que no hay forma de dejar atrás. No sé por qué ocurre. Por qué unas cosas permanecen contigo a perpetuidad y otras muchas se olvidan. Algo debe haber en nuestra cabeza para quedarnos con esa selección de momentos y de imágenes, de palabras tal vez. Recuerdo, porque hay una foto, que una tarde de invierno mi madre y otra de mis hermanas paseamos por el parque y subimos las tres, al mismo paso, una escalera central que está al lado del estanque. No sé quién nos llevó hasta allí, ni por qué lo hicimos. Tampoco tengo idea de dónde se habían quedado los otros niños, los hermanos más pequeños. En la foto solo estamos las tres, mi madre en el centro, con una falda gruesa y una chaqueta y nosotras dos, las hijas mayores, con un vestido de cuadros, calcetines cortos y un abrigo que quizá tuviera tonos beiges.  Maja, la protagonista de esta historia, ha guardado en su memoria unos instantes en los que anduvo descalza por la hierba con su madre al

No

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Él le dijo: “Te quiero”, con su voz dulce y rotunda al tiempo. Ella lo escuchó con reverencia y tuvo miedo. Supo que, después de esa frase, corta y definitiva, ya nada sería igual. Ya no podría fingir indiferencia, no podría inventar risas, no podría dibujar palabras imposibles, no podría atesorar lágrimas sin que él lo supiera. No. Después de aquello no valdría nada, salvo enfrentarse a todo. Enfrentarse a su propio corazón y al suyo. Aunque él no lo sabía. No sabía la respuesta de ella e imaginaba que las cosas transcurrirían como otras veces. Juego, deseo, quizá un poco de amor pero no mucho, sexo, fuego que se va apagando, desamor, aburrimiento y lucha. Y el adiós. Ese laberinto de sus pasiones que se iba repitiendo una y otra vez. Esa acusación que todas le hacían de que jugaba con la vida. Ese cansancio de verse en una ruleta que ya nunca podría pararse.  Ella le contestó, mirándolo a los ojos: “No”. Y repitió despacio: “No”. “No, porque te quiero demasiado”. “No, porque