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Clarice Lispector. La razón del silencio


Clarice era Chaya cuando vivía en Ucrania y antes de cambiarse el nombre, como hizo toda su familia. Hace poco conocí a una niña ucraniana a quien habían evacuado de allí por motivos bélicos. Todavía hay motivos bélicos para salir de Ucrania. La niña ucraniana es muy rubia y no habla. No le interesa lo que decimos ni quiere contarnos su vida. Todo se lo guarda para ella sola. Quizá Lispector era así al principio de todo, callada y con razón. 

Como ocurre con muchos escritores ha llegado el momento en que todos los críticos alaban su obra, recomiendan su narrativa y ha obtenido un reconocimiento más allá de lo que ella misma esperaba. En realidad desconocemos si esperaba algo, algo más que vivir y que expresarse del modo en que sabía: plasmando en palabras emociones, sensaciones, sentimientos. Sus cuentos y sus novelas tienen un aura sensorial aplastante. Las frases cortas no se andan con rodeos. Pero no se queda en la superficie a pesar de que es fácil reconocer detalles concretos que han supuesto un aldabonazo, un aviso. Va más allá y por eso son historias en la que los argumentos tienen un papel secundario, son el telón de fondo de lo que los personajes han sentido y ellos parecen representar a la escritora, más allá de sí misma, siempre. 


La editorial Siruela, que ha publicado diversas obras de la autora, ha recogido todos sus cuentos y estos son, seguramente, la mejor expresión de su escritura. Los cuentos, esa literatura considerada menor en ocasiones, llevan viniendo a mí desde hace algún tiempo y convirtiéndose en la mejor forma de adentrarme en el territorio de algunos escritores. En el caso de Clarice Lispector son una ola que avisa, un movimiento pendular, una exhalación, como si no pudieran detenerse porque quisieran recorrer un espacio mucho mayor de lo que aparentan. Escribía desde siempre, desde que era una adolescente que estudiaba en Brasil, después de esa peregrinación familiar y después de la pérdida temprana de su madre. Esos escritos primeros no ofrecen rasgos de inocencia o juventud sino que tienen ya muestras de lo que será su estilo: concisión, introspección, búsqueda del yo, expresión de lo hondo de los seres humanos, conflicto, duda. 

"Todos los cuentos" tiene ocho partes con un número variable de cuentos cada una, comenzando por los más antiguos, antecedidas de un prólogo a cargo de Benjamín Moser (Glamur y gramática) y seguidas de un apéndice (La explicación inútil) y una importante referencia bibliográfica. Se trata de una obra que permite conocer a fondo la narrativa de Lispector, su evolución como escritora y su pensamiento personal, plasmado en sus propias palabras. Una evolución que resulta muy original, aunque sus influencias, variadas, pueden observarse y han sido señaladas por los críticos. Prima sobre todo ello la propia luz que desprendía Lispector en todo lo que hacía y sus frases se consideran, en cierta medida, una especie de guía filosófica para quienes la siguen y la aprecian. ¿Qué somos las mujeres? parece preguntarse. Cada una de nosotras hallará una respuesta a su propia interrogante. 

Clarice Lispector tuvo una vida agitada, movida, con viajes y estancias en diversos países. Sus trabajos giraban en torno a la escritura, el periodismo, la narrativa. Se casó y tuvo hijos. Sufrió algunas circunstancias que la obligaron a mirar hacia dentro y quiso volver a sus orígenes para reconocerse, algo normal en alguien que tiene que abandonar su tierra y hasta su nombre. No es fácil ser toda la vida otra persona distinta a la que eres. Desde Ucrania a Brasil hay varios continentes y océanos.

Todos los cuentos. Clarice Lispector. Editorial Siruela. Traducciones del portugués de Cristina Peri Rossi, Elena Losada, Juan García Gayó, Marcelo Cohen y Mario Morales. Primera edición 2019. 

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