Ir al contenido principal

Algunos adjetivos


     Apenas te conozco. Si conocer puede llamarse a ese acto íntimo de oír tu voz entre los instrumentos. O la sonrisa esquiva y tímida en un vídeo de Youtube. Apenas te conozco pero esta es la mañana gris y lluviosa en que pongo tu voz para que acune las palabras que escribo. No hay nada más perro que el amor, dices mientras tecleo con decisión en este ordenador, después de haber dejado a un lado un libro que me ha hecho atrapar las palabras en el aire. 

         Los dos, el libro y tu música, sois los magos de un día que ha empezado lleno de convicción. Sí, debo hacerlo, lo haré, porque merezco hacerlo, porque no quiero ser cobarde. Porque odio el victimismo y la autocompasión. Esas dos palabras las usa ella, la mujer del libro. Me resuenan en la cabeza y me salen a las manos. Los ojos me lagrimean porque la alergia primaveral está haciendo de las suyas y quizá porque abuso de la lectura en estos días. Qué podía hacer, si no. Dónde podía encontrar consuelo, si no es en las palabras que otros escribieron o en la música que canta gente como tú.

      Mi dulce flor de enero, dices, y con esa expresión lo dices todo. Rebusco en mis recuerdos algunas palabras amables, algunos adjetivos bellos, por ver si los encuentro, pero se escapan, se escapan con demasiada rapidez y lo que veo en su lugar es una imagen que no me pertenece: veo a un hombre ataviado con un abrigo oscuro, tocado con sombrero, del brazo de una mujer a la que protege en medio de la lluvia, una mujer rubia que camina ostensiblemente orgullosa de ser ella la elegida esta vez. 

        Entre los dos no estoy, ni se me espera, ni nunca tendré sitio. Es esa imagen la que permanece hoy, la que se ha levantado conmigo esta mañana, porque estaba ahí escondida y la lectura de ese libro la ha destapado, como si fuera un espíritu que apareciera cuando le viene en gana. No arrojo esa imagen a las tinieblas del olvido porque quiero recordar que, estos días pasados, cuando la ciudad en la que vivo hervía de fiesta, un hombre de abrigo oscuro, tocado con sombrero, la recorría agarrado al brazo de una mujer rubia, mientras mis ojos leían frases, buscaban líneas, abrían libros, que contuvieran algún antídoto al dolor. Sin hallarlo.


(Pinturas: Angelo Morbelli)

Comentarios

Entradas populares de este blog

"Tú eres buena, tú eres lista, tú eres importante"

(Aibileen Clark con la niña a la que cuida, Mae Mobley Leefolt en Criadas y señoras, 2011) Una frase puede valer tanto como un tratado. La mayoría de los que escriben darían oro por una buena frase. Las frases son como las ideas: lo más difícil de hallar, lo más fácil de plagiar y lo más duradero. Una buena frase representa un logro para el que la escribe o pronuncia. Detrás de una buena frase siempre hay una idea valiosa. Y, además, una buena frase te hace pensar en cuestiones que merecen la pena.  La película Criadas y señoras (The Help, 2011, de Tate Taylor) incluye esta frase en boca de la criada negra de la niñita blanca: "Tú eres buena, tú eres lista, tú eres importante" . La criada negra no ha estudiado psicología pero ha criado ella sola a diecisiete niños. Todos ajenos. Todos blancos. Resulta incongruente cómo en esta película ( y supongo que también en la realidad que retrata) las mujeres blancas dejan a sus preciosos hijos blancos en manos de criadas

Hombres solos, hombres solitarios

Presumes que eres la ciencia y yo no lo entiendo así porque siendo tú la ciencia no me has comprendido a mí. (Soleares. Juanito Mojama) ✿✿ En los tiempos del Oeste americano, que tanta literatura ha creado y, sobre todo, tanto cine, los hombres cargaban sobre sus hombres el peso de la valentía. Ser cobarde era un oprobio. Ningún cobarde podía sacar adelante a su familia, ni mantener sus tierras, ni vivir con dignidad. Pareciera que la valentía era la moneda de curso legal. Y, sin embargo, el cine nos cuenta que los valientes o los dignos eran la excepción. Más bien hombres solos, a veces también solitarios, que, llegada la hora de la verdad, se encontraban en la más estricta y descarnada soledad. Los guionistas de los westerns eran, como se ve, grandes conocedores de la naturaleza humana, bastante más que la propia señorita Marple que decía siempre, comparando a la gente que conocía con la de su pueblo natal Saint Mary Mead, que "es la misma en todas partes

"Recado original" de María Sanz

  María Sanz (Sevilla, 1956) acaba de publicar un nuevo libro de poemas. Viene de la mano de Lastura Ediciones, que ha cuidado el envoltorio tanto como María ha cuidado el contenido. Una preciosa portada y su correspondiente marcapáginas, son la carta de presentación de un libro que ha sido trabajado delicadamente y que incluye poemas memorables. Para leer en noviembre, el mes de la poesía, el de las ausencias, las melancolías, las búsquedas.  Los libros de poesía se leen rápidamente y también muy despacio. Después de esa primera lectura transversal que pone sobre la mesa los asuntos, entra el deseo de ahondar, de sentir el ritmo tal y como se ha expresado, de conocer la música de los poemas, de adentrarse en los primeros versos, tan definitivos y en los últimos versos, tan ciertos. Así la intención está en la cita que abre el libro, Machado, sobriedad y lejanía de lo leve. Y en el primero de los poemas, numerados, sin títulos, está ya el verso que anuncia el conjunto: "Ahora sólo